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Disensos en la izquierda y en la derecha

Si nos viéramos abocados a unas nuevas Elecciones, los líderes que lo han sido hasta ahora deberán hacerse a un lado para que los nuevos negociadores alcancen los debidos acuerdos

Iglesias y Sánchez hablan por teléfono sin lograr ningún acercamiento

EFE

No es de recibo. El modo de comportarse de los políticos españoles resulta abominable. A pesar de mi militancia socialista bien creo que nadie (ni siquiera los “míos”) está cumpliendo con su obligación, hasta tal punto de que si nos viéramos abocados a unas nuevas Elecciones, los líderes que lo han sido hasta ahora deberán hacerse a un lado para que los nuevos negociadores alcancen los debidos acuerdos.

Imaginen, queridos lectores, que los votantes se muestren tan inexpugnables como se mostraron en las últimas elecciones generales, de modo que los resultados fueran idénticos, o similares al menos. ¿Qué pasaría si tal situación se produce? Pues que todo sería como ahora es: una derecha dividida en tres pedazos cuyos líderes se avergüenzan, unos de otros, y muestran con mucha mayor nitidez sus desavenencias que sus cercanías, y una izquierda dividida en dos o tres fracciones cuyos líderes no coinciden ni en el relato posterior a sus reuniones previas para acordar el futuro. Todo volverá a ser igual, salvo por el hecho de que las negligencias de los líderes y el hartazgo de los votantes conviertan la posible abstención en determinante de los resultados. Y si la abstención es demasiado importante, la Democracia se resiente, pone en entredicho a las ideologías y a los partidos, e invalida a los líderes.

La repetición de las elecciones no solo es un mal síntoma para la salud de nuestra Democracia, sino que es la constatación de que la Política actual no obra como la disposición para gobernar a los pueblos y a las sociedades, sino como la disculpa que usan los líderes y dirigentes políticos para subrayar sus “egos” inquebrantables y nefastos, al menos en Política. Ese tipo de “egos” parecen mucho más propios de otros tiempos y situaciones: de cuando los líderes ejercían sus tiranías pero, eso sí, arriesgándose a que otras tiranías más despiadadas desbancasen a las suyas.

A nadie debe extrañar que quien va a asumir la gran responsabilidad de ejercer el Gobierno deba ser el que ponga el que ponga sobre la mesa las condiciones

Discurriendo de mayor a menor: Pedro Sánchez, Rivera, Casado, Pablo Iglesias y Abascal están protagonizando un feo pasaje de nuestra Democracia. Es verdad que ha habido un vencedor indiscutible (Pedro Sánchez), pero insuficiente. El pertrecho detrás de una ideología y de un programa para el cual no tiene suficiente colaboración puede haber constituido un hándicap, pero a nadie debe extrañar que quien va a asumir la gran responsabilidad de ejercer el Gobierno deba ser el que ponga el que ponga sobre la mesa las condiciones. En nuestra España, tan descuajeringada territorial como socialmente, los líderes políticos, -tan jóvenes como vitalistas-, se han empeñado en borrar las huellas de los tiempos y líderes anteriores a ellos, pero sus estrategias generan bastantes dudas. Las más importantes son las derivadas del hecho de que la proliferación de nuevos líderes solo haya servido para enmarañar los discursos y convertir las negociaciones de los políticos en voceríos de subastadores de lonjas de pescado. Cualquier fracaso en cualquier negociación es aprovechado para vilipendiar a los negociadores, que es tanto como confundir la negociación política con los negocios y transacciones económicas.

Yo bien creo (estoy convencido)  que se evitará la celebración de unas nuevas Elecciones: saldrá un nuevo Gobierno que hará lo que buenamente pueda. Su Presidente, que no puede ser otro salvo Pedro Sánchez, se va a encontrar casi seguro con la intransigencia de todos los demás, aunque Podemos se avenga a mostrar alguna dosis de condescendencia. Y, curiosamente, va a resultar tan eficaz como imprescindible la colaboración de los nacionalismos y regionalismos periféricos. Pero del desenlace final han  de surgir interpretaciones y reacciones.

¿Imaginan ustedes que nos vemos obligados a repetir las Elecciones? ¿E imaginen que los cabezas de lista, los líderes, son los mismos que lo han sido en esta ocasión? ¿Se atreverá alguien a seguir descalificando a los líderes que les precedieron (Suárez, González, Fraga, Rajoy, Zapatero, etc…), capaces de formar Gobiernos, y dirigirlos, en situaciones mucho más complicadas que las actuales? ¡Cordura, Amigos, cordura!... Y tanta humildad como valentía. Ceder para acordar es, ahora mismo, una necesidad perentoria. Quien no lo entienda así es un cobarde, aunque parezca dotado por ciertos instrumentos que no sabe utilizar.

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