Ante la sombra renovada del fascismo: ¡qué bello es resistir en 2020!

Ultras a las puertas de la concentración. Foto: Eduardo Santos (Podemos)

La emisión de una película sobre la historia de Tom Sawyer, a finales de los setenta, tuvo un enorme impacto entre muchos adolescentes por la escena en la que el travieso muchacho tiene la oportunidad de asistir a su propio funeral, como una afirmación de que la caverna son los otros y la única forma de salir de su mito sería contemplar nuestra existencia desde un punto de vista ajeno o poder observar el hueco que en ese caso dejaría nuestra ausencia.

Más tarde, la película ¡Qué bello es vivir!, que rendía un homenaje al libro de Mark Twain, nos mostraba la historia de un joven que renuncia a sus grandes sueños para hacerse cargo de una cooperativa de viviendas que salva a su ciudad de las fauces de Potter, un depredador económico, carente de escrúpulos, que trata de controlar toda la economía local.

Un accidente financiero hace que Geoge Balley, ese joven que soñó con ser arquitecto y edificar grandes puentes a lo largo y ancho del mundo, pueda entrar en la cárcel. Su desesperación, después de años de renuncias y sacrificios para mantener la cooperativa de viviendas, le lleva a asomarse a un puente pensando en poner fin a su vida, porque tiene una póliza de seguros que hace que "valga más muerto que vivo".

En ese momento su "ángel de la guarda" transforma el mundo para que pueda ver cómo sería la vida en su pequeña ciudad si él no hubiera existido. Lo primero que se encuentra es que la urbe se llamaría Pottersville y ese nombre es el anuncio de un municipio hecho a imagen y semejanza del gran usurero local, en el que las personas a las que él ayudó durante años llevan vidas miserables, en una ciudad deshumanizada y repleta de injusticias.

El viaje de George Balley al hueco que habría creado su inexistencia es como la asistencia de Tom Sawyer a su propio funeral; la posibilidad de contemplar la dimensión de la repercusión de quiénes hemos sido y qué hemos hecho con nuestras vidas. George Balley es incapaz de ser consciente de la repercusión de sus hechos, de cómo ha cambiado muchas vidas.

El mundo en el que vivimos está dominado por decenas de Potters, seres incapaces de empatizar con el sufrimiento de otras personas y tratan de crear un Potterworld, en el que sus cuentas de beneficios aplasten vidas, sueños y derechos. Por suerte, en nuestra sociedad hay miles de personas y colectivos que luchan cada día por ayudar a otras, por proteger a quienes están más expuestos a las apisonadoras del capitalismo salvaje. Muchas de ellas, día a día, hacen el esfuerzo por tender una mano, frenar una injusticia, facilitar algo a alguien o impedir derrotas personales.

Muchas de esas personas ven la escisión de las derechas y como el fascismo se hace patente parlamentariamente y tienden al desaliento, al pesimismo, al desánimo; como si se vieran superadas y pesarosas al contemplar cómo la sombra renovada del fascismo se extiende por las instituciones, contamina la agenda política y arrastra un modelo mediático incapaz de omitir las estupideces y barbaridades surgidas desde las filas del neocaudillismo.

En la película "La lengua de las mariposas", el maestro republicano que se jubila da un discurso de despedida para explicar cuál ha sido el sentido de su vida y qué está ocurriendo en la Segunda República". Y dice: "En primavera, el ánade salvaje vuelve a su tierra para las nupcias. Nada ni nadie lo podrá detener. Si le cortan las alas, irá a nado. Si le cortan las patas, se impulsará con su pico. Ese viaje es su razón de ser". En ese relato se concentra el viaje de los seres humanos hacia la dignidad, el afán por conquistar derechos, por terminar con las desigualdades y las injusticias sociales.

Con ese espíritu, miles de personas cosen de día lo que el capitalismo salvaje desgarra de noche. El ascenso de la extrema derecha en Europa podría cortarles las alas, pero seguirían nadando con las patas. Personas que hacen pequeñas cosas, que esparcen su generosidad y que no tienen oportunidad de ver cómo sería la sociedad si no hubiera existido su solidaridad, su defensa y cuidado de quienes desde la fragilidad asumen vidas terribles. Nadie les ha permitido ver su funeral, y quién y cómo les echaban de menos, ni observar su entorno social como si no hubieran existido, como si las heridas que han curado siguieran abiertas.

Decía El Principito que lo esencial es invisible a los ojos y hay realidades sociales que no podemos ver porque ya no están, porque alguien se preocupó de barrerlas, de erradicarlas, de que ya no sean. Miles de hombres y mujeres dedicando su tiempo y su esfuerzo a que todo sea mejor, a que nada sea peor. Si hacemos un ejercicio mental y tratamos de imaginar una sociedad concebida estrictamente por los principios del capitalismo salvaje, una especie de potter-realidad, sin la voluntad solidaria de una parte de la ciudadanía, sentiríamos una enorme angustia y el desamparo de quienes logran salir adelante porque alguien les tiende una mano. Esa es la razón por la que no podemos permitirnos el lujo del desánimo y debemos entender que ante los avances del fascismo hay que fortalecer la defensa de la dignidad y gritar hasta la extenuación ¡Qué bello es resistir!

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Publicado el
31 de diciembre de 2019 - 20:40 h

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