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Las botas de Rama Duwaji: lo asequible y lo barato

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, junto con su esposa, Rama Diwaji, durante su posesión, el 1 de enero..
3 de enero de 2026 18:23 h

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En una tradición del Año Nuevo neoyorquino, su primer alcalde musulmán y socialista tomó posesión de su cargo en los primeros segundos de 2026. En la estación de metro del Ayuntamiento, que no se usa desde la II Guerra Mundial, Zohran Mamdani juró sobre el Corán en presencia de su esposa, Rama Duwaji, y de la fiscal general del Estado de Nueva York, Letitia James. El jueves por la mañana se produjo la segunda parte de la toma de posesión, ya abierta al público, ante un Bernie Sanders henchido de felicidad.

Pero ese primer juramento cargado de simbolismo (el Corán, la estación de metro fantasma, el recién estrenado 2026) tuvo unas protagonistas secundarias inesperadas: las botas de Rama Duwaji, esposa de Mamdani e icono perfecto de la Gen-Z neoyorquina. Unas botas de 600 dólares de la marca Miista, fundada por la gallega Laura Villasenín, afincada en Londres y que fabrica en Alicante y Galicia. Las botas, de precio medio-alto (unas botas de marca de lujo cuestan 10 veces más) provocaron ese efecto universal, invento reaccionario y clasista, resumido en “muy de izquierdas no serás si te gustan las cosas buenas”.

El “botagate” de la Primera Dama de NYC tuvo su reflejo en España con la cena de Nochevieja de la vicepresidenta Yolanda Díaz en un hotel de 5 estrellas, porque los que estamos a favor de la justicia social, los servicios públicos y la redistribución de la riqueza no podemos comer ibéricos ni marisco, vestir con ropa que no hayamos sacado del contenedor o comprarnos una casa con jardín. La derecha espera que tengamos una vida franciscana, cuando en rigor deberían ser ellos, como defensores del cristianismo como inspirador del Estado, los que hicieran voto de pobreza.

Además del tramposo mantra que pretende vetar la vida buena a los progres y a los pobres, lo de las botas me hizo pensar en el programa que ha llevado a Mamdani a la alcaldía: la asequibilidad, y la disonancia que nos lleva a confundir lo asequible con lo barato. El calzado de Rama Duwaji es el ejemplo perfecto: la marca Miista, liderada por la española Laura Villasenín, fabrica en talleres independientes de Alicante, y ha abierto una fábrica en A Coruña en la que emplea a diseñadores y costureras españolas con sueldos y condiciones dignas. En consecuencia, la calidad y el precio son superiores a los de las marcas fast fashion que fabrican en India o China, cuyos trabajadores trabajan 14 horas diarias por menos de la mitad del salario mínimo en España.

El fenómeno de la ropa barata y rápida solo es posible a costa de estrujar a los proveedores, producir en países en desarrollo con condiciones laborales pésimas, plagiar las ideas de los creadores y desentenderse de los residuos, los millones de prendas que los consumidores de los países más ricos tiran a la basura y que acaban en basureros de Kenya. ¿No sería más progresista tener un par de botas fabricadas en procesos de producción justos y responsables que poseer 20 pares de Shein? ¿No debe ser la meta que todos podamos consumir de manera eficiente y sostenible?

La izquierda ha de fijarse en las condiciones de producción: qué producimos, quién lo produce, en qué condiciones, quién toma las decisiones en un mercado marcado por la especulación y los intereses de las grandes corporaciones. La capacidad productiva de nuestras sociedades nunca ha sido tan grande y hay que reorientarla a satisfacer las necesidades fundamentales de todos mediante procesos de producción justos, también, para todos. La revolución tecnológica, el declive de la organización de los trabajadores y de la afiliación sindical y el consumo desenfrenado de objetos y experiencias baratas son propias de la derecha depredadora y fundamentalista del mercado. En el acto de consumo también deben entrar las lógicas del cuidado y lo común, de lo socialmente justo. Eso es lo propio de la izquierda. Un ideal por el que se puede luchar calzando unas botas de 600 dólares.

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