¿Cómo contribuye el reconocimiento de los derechos indígenas a luchar contra el cambio climático?

Internacionalista y experto en pueblos indígenas, derechos humanos y cooperación internacional. Fundador de Arquetipos | Gerente de proyectos en el ámbito de la educación para la ciudadanía global y colaboradora
Arquetipos

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La idea dominante de “progreso” nos ha llevado a un cuadro realmente crítico frente al entorno ambiental que nos da sustento. Cada vez son mucho más evidentes y lamentables las consecuencias climáticas que esto ha ocasionado. Mientras tanto las grandes corporaciones, junto a los estados-nación, deciden los destinos a seguir pensando únicamente en el mantenimiento de su status quo.

En los últimos tiempos, la cuestión indígena ha conseguido un pequeño espacio dentro del debate público, sobre todo por su relación con el cambio climático. Hay quienes han definido a los pueblos indígenas como “los grandes olvidados” de la lucha contra la crisis climática: sin duda alguna, no solo siguen siendo los grandes olvidados de la lucha contra el cambio climático, sino que también siguen marginados y discriminados en cuanto a la materialización de sus derechos. 

Desde siempre en una condición de exclusión, los pueblos indígenas tienen una expectativa de vida más baja que la población no indígena; la probabilidad de que vivan en una condición de pobreza extrema es más alta; tienen escaso acceso a los servicios básicos y sus derechos sobre los territorios que habitan se ven continuamente sacrificados en el altar del capital y de la neo-colonización. Esto evidencia la nula gestión de los gobiernos responsables de su participación en la vida colectiva. No sorprende, por lo tanto, que solo recientemente (y aún en pequeña medida) los pueblos indígenas han empezado a ser escuchados en el debate sobre el cambio climático, pese a que, ocupando solo un cuarto de la superficie terrestre, protegen hasta el 80% de la biodiversidad.

Estos pueblos han demostrado históricamente que, dentro de la diversidad existente en las más 5000 culturas que pueblan nuestro planeta, poseen un gran denominador común: el respeto al medioambiente. Y es que para los pueblos indígenas el entorno natural es considerado una fuente de vida, más que un recurso natural. Esta es una premisa fundamental a la hora de consolidar y preservar sus sistemas propios de gobernanza. Figuras de protección legal existentes, como la Jurisdicción Especial Indígena”, son referentes importantes de organización desde lo local y tradicional, donde se plantea una propuesta de gestión construida en el seno de las propias comunidades. La protección de la naturaleza es una demanda inherente a las reivindicaciones que plantean los pueblos indígenas a través del reconocimiento de sus derechos, los cuales están intrínsecamente vinculados al territorio donde hacen vida, al territorio que protegen y preservan. 

En los últimos 30 años la situación de los indígenas de América Latina ha representado un fenómeno relevante, ya que, por medio de sus luchas y resistencias, presionaron para ser tomados en cuenta dentro de los sistemas normativos de sus países. No obstante, en el ámbito internacional han venido evolucionando instrumentos de protección legal mediante la suscripción de convenios internacionales, como el Nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas (OIT), en 1989, y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, en el año 2007, entre otros. Sin embargo, a pesar de este marco regulatorio, no existe un acompañamiento por medio de políticas públicas interculturales que hagan efectivo el cumplimiento y la materialización del derecho. Por lo tanto, sus demandas siguen vigentes, y el derecho indígena continúa siendo hoy en día un asunto pendiente. 

La pandemia ha aparecido en un escenario complejo y ha demostrado la necesidad imperiosa de reconfigurar muchas de las cosas que creíamos estables e inmutables. En el caso de los pueblos indígenas, no se han implementado acciones efectivas para la gestión de la situación, ni se han utilizado protocolos especiales desde sus propios enfoques tradicionales y culturales. Las brechas sociales existentes han aumentado; también se han intensificado las actividades de extractivismo por medio de proyectos de megaminería como el del Arco Minero del Orinoco (AMO), denunciado ante la ONU, cuyos daños y perjuicios tanto culturales como ambientales son incalculables e irreparables para la Amazonía. Estas actividades a distintas escalas han proliferado sin ningún tipo de control, consumando un despiadado proyecto de despojo y devastación. 

Esta situación no es un eslabón suelto, distante y relativo sólo a las espesuras de la selva amazónica y sus moradores. La cotización del oro, considerado un refugio seguro ante la incertidumbre reinante en las economías a escala global, ha superado niveles históricos durante los meses del confinamiento: la demanda internacional de oro es uno de los componentes fundamentales para la perpetuación del extractivismo como sostén de un sistema acumulativo. 

El proyecto Arquetipos.

Arquetipos nace precisamente con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los pueblos indígenas poniéndolos en valor como un referente indispensable en la lucha contra el cambio climático, el desarrollo económico local y la preservación del entorno natural y de la sabiduría ancestral como herencia colectiva del planeta. Queremos visibilizar el importante rol que tienen como un actor no estatal dentro de un mundo globalizado, en temas vitales como el medioambiente y el autodesarrollo local. Nuestra actividad se fundamenta en el reconocimiento del principio de autodeterminación de los pueblos indígenas y de la estrecha vinculación que existe entre éstos y sus territorios, basada en un fundamento identitario, cultural y de cosmovisión. Tomar acciones que ayuden al reconocimiento y materialización de los derechos indígenas es una vía acertada para incorporar planteamientos verdaderamente sostenibles y garantizar la conservación y cuidado del planeta.  

Nuestra propuesta es dar soporte y acompañamiento a las comunidades indígenas dando a conocer instancias como la Jurisdicción Especial Indígena, mecanismo legal alrededor del cual se estructura la gestión, el control y la administración de la justicia en las comunidades, garantizando de esta manera la defensa y protección del territorio. Esta es una figura formalmente reconocida en varios Estados latinoamericanos y, sin embargo, no se han articulado medidas eficientes para que este dispositivo legal se pueda poner en práctica correctamente.

Con el objetivo de abogar por una efectiva aplicación de la Jurisdicción Especial Indígena, prestaremos asesoría técnica en la comunidad y ayudaremos a construir y publicar un instrumento de planificación comunitaria llamado “Plan de Vida”.  La información para elaborarlo se obtendrá por medio de talleres y mesas de trabajo y servirá para consolidar una estrategia de defensa de los derechos de la población indígena ante la legislación local, nacional e internacional (objetivo político). Al mismo tiempo, servirá para desarrollar una táctica de manejos de los recursos (objetivo económico) e impulsar acciones que contribuyan a mitigar el cambio climático (objetivo medioambiental).

Por último, pero no menos importante, incorporaremos el uso de una herramienta de geolocalización que permitirá identificar recursos, necesidades, modelos de gobernanza, potencialidades y modos de gestión de la comunidad. En buena síntesis, será la traducción digital del Plan de Vida. La herramienta de geolocalización aplicada a las comunidades indígenas constituye un planteamiento innovador que busca fortalecer la organización tradicional indígena desde la horizontalidad, favoreciendo el autodesarrollo y la acción política de las propias comunidades “desde abajo”.

Las actividades en terreno estarán enmarcadas en un trabajo de investigación que analizará la coherencia en la aplicación de políticas públicas en los territorios indígenas. Este trabajo tendrá por finalidad última dar insumos para ofrecer una alternativa a la cooperación internacional tradicional, que a menudo tiene un enfoque asistencialista. Con este proyecto queremos ofrecer un enfoque nuevo, basado en el total respeto de la comunidad y de su concepción de desarrollo, que apoye, visibilice y acompañe, en vez de imponer.

Estamos en los predios de realizar nuestro proyecto piloto que se llevará a cabo en Venezuela, en el territorio del Pueblo Huottoja, ubicado en el estado Amazonas, que contará con la participación de importantes especialistas en el área, como el Profesor Vladimir Aguilar Castro, quien forma parte de nuestro equipo de trabajo. Consideramos una fortaleza la estrecha vinculación que tenemos con la comunidad donde vamos a lanzar nuestro primer proyecto. Toda nuestra labor ha sido validada por los líderes de la comunidad, y muchos esfuerzos se han hecho para lograr un plan de trabajo eficaz y a la vez respetuoso de la autonomía de la comunidad.

En Arquetipos creemos que es posible ofrecer una nueva forma de hacer cooperación. Estamos convencidos de que una situación de tal dimensión, como el desajuste climático a escala global, y el consentimiento de un modelo que se sustenta en el extractivismo, reclama el diseño de nuevas maneras de entender el desarrollo y el progreso. Qué oportuna y cuan necesaria es hoy en día la resistencia de los grandes olvidados, que no olvidan que es la especie humana la que depende de la naturaleza para vivir, y no al revés.

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