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Que hablen de mi IA, aunque sea bien

Imagen en la pantalla de un móvil de la aplicación ChatGPT. EFE/EPA/FILIP SINGER
10 de septiembre de 2026 21:57 h

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Ningún día sin noticias de la Inteligencia Artificial (IA). La IA nos va a matar a todos, dice un ex ingeniero de Anthropic. La IA resuelve uno de los “problemas del milenio”, anuncia OpenAI. Un fármaco desarrollado por IA consigue resultados milagrosos. Una IA se escapa de un entorno cerrado en una prueba y ataca sistemas. Una administración autonómica aplica la IA en sus trámites. Israel invierte en manipular la IA a su favor. La IA ayuda a los equipos de rescate en Nepal. El último vídeo de IA de Trump. Agricultores que mejoran sus cosechas con IA. Profesores que advierten del uso dañino de la IA. Sospechas sobre libros creados con IA. Gobiernos y parlamentos que quieren regular la IA. Advertencias de la ONU sobre la IA. Previsiones de cuántos empleos destruirá la IA. El último vaticinio apocalíptico sobre la IA. Manifiestos que piden pausar la IA. Gente que usa la IA como amigo, confidente, terapeuta, entrenador, profesor. Mil pequeñas noticias que incluyen mención a la IA. Innumerables artículos sobre la IA, como este.

No hay día que abras un periódico o veas un telediario sin encontrarte una noticia sobre la IA. Lo mismo noticias esperanzadoras que apocalípticas, lo mismo un éxito médico que un hackeo masivo, la última versión más potente, el enésimo pronóstico catastrofista, la anécdota del día. Qué fatiguita de IA, como cuando hace unos años todo era “cuántico”, o aquel tiempo lejano en que a cualquier memez le colocábamos el prefijo “ciber”. Pareciera que alguien quiere que hablemos a todas horas de la IA, para bien o para mal, que todo sea IA, IA, IA. 

No se me ocurre a quién le puede interesar, no caigo. Se lo voy a preguntar a la IA, a ver si me ayuda. Se lo pregunto a la única IA que uso (y además sin querer): la del buscador de Google. Y mira tú: escribo “¿a quién le interesa que hablemos tanto de la IA?” y, sorpresa, sorpresa, dice que “el interés en que la IA sea el tema central de conversación a nivel global proviene de varios sectores clave, ya que la atención pública y mediática se traduce directamente en beneficios económicos, políticos y estratégicos”. Interesante, cuéntame más: en primer lugar están “grandes empresas tecnológicas”, que buscan un “aumento de valor en bolsa” gracias sus promesas y desarrollos, “atracción de inversión” para que les sigan inyectando dinero los fondos, y “venta de infraestructuras” por parte de fabricantes de chips y centros de datos.

Fíjate, no se me había ocurrido pensar que las empresas que desarrollan IA tuviesen interés en que se hable tanto de la IA. Menos mal que una IA me lo ha descubierto. Ahora que caigo, a lo mejor la acumulación de noticias, tanto buenas como malas, protagonizadas por OpenAI y Anthropic, tienen que ver con la carrera que ambas protagonizan para salir a bolsa en los próximos meses (se espera que batan todos los récords de valoración), con su necesidad de recibir inversión a chorro para seguir quemando millones al ritmo actual (todo fiado a la promesa de dudosos beneficios futuros), y a su necesidad de cada vez más chips y más centros de datos, que ya veremos si se rentabilizan alguna vez. Por la posible burbuja, otro día le pregunto a la IA.

Es una posibilidad, ya digo. Que estemos todos haciéndoles gratis la promo para que los inversores acudan, y los gobiernos les den facilidades y les compren sus servicios. Que hablemos de sus productos, aunque sea mal, incluso en términos apocalípticos, pues el dinero no le hace ascos a nada, y las posibilidades de la IA para vigilar, hacer la guerra, generar desinformación y caos, o sustituir trabajadores, tal vez atraigan más inversores que los usos bondadosos. O como decía aquel, que hablen de ti aunque sea bien.

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