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No vives en una burbuja

Un manifestante en una protesta en Beverly Hills, en California, en 2021.

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Uno de los lugares comunes más repetidos de nuestro tiempo es que las sociedades están muy polarizadas -y politizadas- en todo el mundo y que la sociedad vive dividida en silos escuchando solo a voces partidistas en medios y cuentas de Twitter, páginas de Facebook y grupos de WhatsApp. 

Aún más: a menudo los europeos en particular creemos vivir en Estados Unidos y reproducimos torpemente los debates de un país enorme y complejo que a menudo no se corresponde con la caricatura cultural e intelectual que continuamente políticos, académicos y periodistas hacen de él en la distancia.  

Por mirar primero al país que marca estos debates, sin duda, es cierto que republicanos y demócratas viven en espacios físicos cada vez más segregados y tienen sus fuentes de información preferidas, pero la mayoría de las personas (ni siquiera en un país tan político y dividido en muchos debates) están tan interesadas en política y sólo una pequeñísima minoría está entregada a una burbuja donde recibe información sesgada y llena de falsedades peligrosas para la salud pública. Alrededor del 10% de los consumidores de noticias dependen sólo de fuentes partidistas en una dirección, y estamos hablando tal vez del país del mundo occidental donde hay más extremos, según una extensa revisión de los estudios de las cámaras de eco y las burbujas ideológicas del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford

Gran parte de la información más partidista y desinformada no proviene de las redes, aunque ayuden a amplificarla, sino de fuentes mucho más tradicionales. En Estados Unidos, siguen siendo los presentadores de programas de radio, que también se emiten en plataformas de vídeo, los que marcan el camino y difunden bulos, como ha vuelto a suceder en esta pandemia. 

“Mientras los progresistas discuten sobre el algoritmo de Facebook y consideran la influencia disruptiva de TikTok, la radio sigue siendo un coloso. Por cada hora de podcast que escucharon los americanos en 2021, escucharon seis horas y media de radio AM/FM, según Edison Research”, escribe el reportero Evan Osnos en su perfil en el New Yorker de Dan Bongino, un popular radiopredicador conservador. “La radio ha dado habitualmente pistas más fiables del futuro político de las que han dado los think-tanks y los políticos”. En el caso de Bongino, YouTube le acaba de suspender su cuenta por difundir falsedades sobre la pandemia.

Y Estados Unidos sigue siendo un caso especial. La mayoría de los países europeos están menos polarizados en cuanto a las fuentes informativas y sus disputas dependen más del nivel de agresividad de los políticos y de unos pocos medios más allá de las redes. En España, según el estudio citado por el Instituto Reuters, no hay evidencias de que  haya “cámaras de eco muy extendidas” y el análisis “observó que la mayoría de la gente accedía a ‘medios afines a sus ideas’ por lo menos a veces”. 

En realidad, las redes “llevan generalmente a un uso ligeramente más diverso de fuentes de noticias” en contra de la hipótesis de las burbujas en las que supuestamente viven los ciudadanos. La pequeña minoría que quiere sólo leer y escuchar contenido que reafirme sus puntos de vista se guía más a menudo por círculos muy pequeños de políticos y unas pocas personas que considera referentes, que están obsesionados con unos pocos temas a menudo no tan importantes ni relevantes para la población general y que pueden tener un interés partidista en atizar debates inexistentes. 

En estos tiempos de tantas tonterías partidistas no está mal recordar que la realidad es un poco mejor de lo que parece. La gran brecha, en realidad, no es que la marca la polarización, sino que es la que existe entre las personas algo informadas y las nada informadas, las que por recursos, educación o situación geográfica, apenas tienen acceso a información que a menudo puede ser vital. Esa es la burbuja que debería preocuparnos más.

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