Lo que sabemos (hasta ahora) del año nuevo

Nochevieja en Sol.

Lo sé, es pronto. No llevamos ni dos días y aun no hemos agotado por completo las existencias de comentarios casposos y discursos pseudofeministas para resolver la trascendental cuestión de si estamos a favor o en contra de cómo retransmiten unos y otros las campanadas. Pero más vale ir adelantando faena, que el año promete movimiento.

De 2019 ya sabemos que la economía no empieza bien y no tiene pinta de ir a arreglarse antes del verano. Les dirán que la culpa la tienen los chinos y Donald Trump y, desde luego, no son inocentes. Pero puede que, también, tenga algo que ver que la única manera de mantener los súper-beneficios generados con la Gran Recesión pasa por un nuevo ciclo de bajadas de salarios y costes laborales, redistribución hacia arriba mediante rebajas fiscales selectivas a las rentas de capital y recorte masivo de gasto público en servicios sociales, expandiendo de paso mercados privados con negocios tan prometedores como la sanidad o las pensiones.

De 2019 ya sabemos también que pintan bastos para la cooperación en política internacional. Se impone con fuerza la diplomacia cipotuda y la soberanía se exhibe como una de esas colonias para machos que inundan las televisiones estos días. No existe problema mundial que no pueda arreglar o desafío global que no pueda conquistar la diplomacia cipotuda a base de tuits, noticias en wasap y ciudadanos convencidos de que la indignación les hace inocentes e irresponsables.

De 2019 ya sabemos también que algunas cosas que acabamos diciendo en 2018 no resultan del todo exactas. En un año lleno de elecciones como será el nuevo, comimos las uvas escuchando a unos y otros explicando los resultados andaluces y la irrupción de Vox culpando a Catalunya, porque todo es culpa de Catalunya, y a Pedro Sánchez, porque en caso de duda todo es culpa de Pedro Sánchez. Pero los datos que vamos conociendo por medio de postelectorales donde se le pregunta a la gente por qué votó como votó no acaban de encajar.

En el postelectoral de Sigma Dos para El Mundo, hecho con una muestra bastante decente, descubrimos que cuatro de cada diez andaluces votaron pensando en la mala gestión de Susana Díaz, quince puntos más de quienes lo hicieron con Catalunya en la cabeza; que ocho de cada diez votantes de Partido Popular y Ciudadanos respaldan los acuerdos con Vox para gobernar y que apenas al 8,8% -dos puntos menos de cuantos le votaron- le parece muy bien la entrada del partido ultra. O sea, las elecciones las pierde quien gobierna cuando lo hace mal, la derecha está de acuerdo en entenderse consigo misma para mandar y nuestra derecha extrema es un fenómeno tan inflado que no le gusta ni a todos cuantos la votan. Hay que cosas que nunca cambian, ni siquiera con el año nuevo.

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Publicado el
1 de enero de 2019 - 21:04 h

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