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Sánchez le aguanta el pulso a Trump con la guerra de Irán
Los cuatro escenarios que puede dejar la guerra en Oriente Medio
Opinión - 'Cuando la guerra ya no necesita excusas', por Alberto Garzón

Si pagamos la cuenta, permítannos rechistar

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
4 de marzo de 2026 23:16 h

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La prudencia puede ser una virtud, la cobardía nunca lo es. En la vida llegan momentos en que los individuos y los pueblos, si se respetan a sí mismos, deben decir basta, hasta aquí hemos llegado, esta última gota ha desbordado el vaso de mi paciencia. En este terreno, creo, se ha situado el mensaje televisado de Pedro Sánchez en la mañana del 4 de febrero a propósito de la agresión a mano armada de Israel y su guardaespaldas Estados Unidos al Irán de los ayatolás.

Sánchez ha sido el portavoz sereno de un amplio sentido común español, el que se opone a cualquier guerra que no sea defensiva o esté avalada por Naciones Unidas. Un sentido común que es el del Derecho Internacional y la Unión Europea. No queremos que el mundo sea una jungla donde impere la ley del más fuerte. 

No se responde a una barbaridad con otra aún mayor. No se combate el terrorismo asesinando a decenas de niñas en una escuela. No se promueve la democracia bombardeando a un régimen tiránico y haciendo que su población y el resto del mundo paguen la factura en forma de dolor y muerte, de espanto, inseguridad y subidas de precios. Esta fórmula ya la hemos visto fracasar en Irak y Afganistán, de donde terminaron saliendo por piernas los soldados estadounidenses.

Gente que lloriqueaba cuando Estados Unidos dejó Afganistán al albur de los talibanes, que decía compadecerse por la suerte de sus mujeres, intenta ahora usar el manido comodín de la implantación de la democracia en Oriente Medio. Que no nos vengan con milongas. Un fin, por deseable que sea, no justifica el empleo de cualquier medio, la situación se agrava cuando estos medios son ilegales y brutales. Sucedió con Bush y sucederá con Netanyahu y Trump.

He ejercido muchas veces mi oficio de periodista en la República Islámica de Irán y ningún tertuliano me tiene que explicar desde un plató madrileño que es un sistema teocrático, liberticida y misógino, en las antípodas de mi forma de pensar y vivir. Pero también sé que los persas son una nación vieja y orgullosa que no acepta de buen grado imposiciones extranjeras. Lo probó su resistencia a la agresión del Irak de Sadam Husein, apoyado entonces por Occidente. Ya lo habían demostrado antes derrocando a un sha percibido como vasallo del imperio de las barras y estrellas.

Irán tiene un sólido tuétano nacionalista. También una centenaria propensión al martirio en su mayoritario islam chií. Es muy posible que los ayatolás terminen siendo aplastados por una fuerza militar cien veces superior a la suya, pero darán mucha guerra. ¿Armas nucleares? ¿Han dicho armas nucleares? Si Irán es atacado es, precisamente, porque no las tiene. Israel, en cambio, sí.

Es Israel quien lidera el ataque a Irán, Estados Unidos ejerce aquí el papel de primo de Zumosol, algo que confesó Marco Rubio el otro día. Israel lleva lustros planeando convertir Irán en un solar y librándole una guerra más o menos secreta, yo ya escribía sobre esto en El País en 2012. Israel tiene el gatillo fácil, ha convertido el estado de guerra en un modo de vida, algo que tiene muy buena prensa en Estados Unidos, máxime si lo gobierna un cowboy como Trump.

Trump tiene, por supuesto, sus propios intereses en esta expedición. Niega el cambio climático, quiere que la humanidad explote hasta la última gota de petróleo existente y aspirar a tener en sus manos todo el que pueda. La democracia le importa un pepino, es muy amiguito de los jeques de Arabia Saudí y demás autócratas del Golfo.

Israel quiere ser la única gran potencia de Oriente Medio. Para ello libra su propia Guerra de los Cien Años. No para de arrearles guantazos a sus vecinos árabes: genocidio de los palestinos, ataques al Líbano, Siria, Yemen y lo que se tercie, bombardeo a tutiplén de Irán. Cuenta con el pleno respaldo de Washington. Lo ha dicho Mike Huckabee, embajador de Trump en Jerusalén: Israel tiene un “derecho bíblico” a quedarse con todo el territorio comprendido entre el Nilo y el Éufrates.

¿Derecho bíblico? ¿Es que el libro de una religión es un título de propiedad que la comunidad internacional debe aceptar? Esto me parece tan teocrático como los discursos de los viernes en Teherán que tuve que cubrir periodísticamente.

 Esta es la miga del debate planteado por la espeluznante crisis mundial desencadenada por los ultras israelíes y americanos. ¿Volvemos al mundo precedente a las dos guerras mundiales? ¿Regresamos incluso al anterior a la Ilustración, donde el derecho divino primaba sobre el libre acuerdo de los individuos y los pueblos?

Así he entendido yo el mensaje televisado de Sánchez, creo. De reivindicar la soberanía española en territorio español y rechazar el vasallaje ante los más fuertes. De defender los principios contenidos en nuestra Constitución, los tratados de la Unión Europea y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De recordarles a Kallas, Merz y demás líderes cobardicas de la Unión Europea cuáles son los valores fundacionales de nuestra asociación. 

Algunos españoles, los de Vox, están con Netanyahu y Trump, los ven como cruzados que alzan el pendón de la vieja civilización judeocristiana. A esa gente le sobra ideología y le falta patriotismo. Otros, entre ellos ese Poncio Pilato llamado Feijóo, le reprochan a Sánchez que se signifique en su disidencia. No seamos los primeros, escudémonos tras otro que dé el primer paso. ¿Pero por qué no ser los primeros en una causa justa? ¿Por qué no estar a la vanguardia? Olof Palme condenó la agresión estadounidense en Vietnam, Dominique de Villepin la de Irak, y ni Suecia ni Francia desaparecieron del mapa. Y, bueno, pongámonos patrióticos: los españoles fuimos los primeros en combatir el imperialismo de Napoleón en 1808 y el de Hitler y Mussolini en 1936-39.

Si te arrastras como un gusano, no te quejes si te pisan. ¿Qué puede pasarnos? ¿Que Trump, saltándose una vez más la legalidad, boicotee nuestros productos comerciales? Perderán ellos, que nos venden el doble de lo que nos compran. ¿Que se llevan a Marruecos sus bases militares? Ahlam Wasahlam, bienvenidos al reino alauí. Ellos se lo guisan, ellos se lo comen y nosotros pagamos la cuenta. No me parece mal que rechistemos por esta peligrosa tomadura de pelo. 

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