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Le toca a España

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. / Efe

Antón Losada

Catalunya ha votado. Ahora le toca a España hablar en una generales. Todos aquellos que reclamaban votar en un hipotético referéndum catalán, ahí tienen su mejor oportunidad. Los catalanes se han manifestado con mucha más claridad de la que se les reconoce o asume. No es que no hablen claro. Más bien no se les quiere escuchar.

Los resultados del 27S dejan una realidad catalana plural y diversa que sólo se pueden reducir a un Si o un No empleando unos niveles groseros e insoportables de manipulación. Resulta penoso ver a los convocantes del plebiscito ignorar los resultados porque no les gustan. Tan penoso como escuchar a quienes negaban el plebiscito apuntarse el tanto porque creen que lo han ganado. Quedaría por ver si los mismos que claman por la derrota del independentismo con un 52% reconocerían la validez de su victoria si las cifras hubieran salido al revés. Pero se intuye que no. Las matemáticas son una cosa. La política es otra.

Más allá de las sumas interesadas entre partidarios de un bloque u otro se dibuja una evidencia transversal confirmada elección tras elección. A un lado y al otro suman una incontestable mayoría quienes demandan que Catalunya sea reconocida como una nación. Unos cifran ese reconocimiento a la independencia, otros a un nuevo pacto con el Estado y otros a una reforma constitucional. Pero el espacio común donde se encuentra la gran mayoría de las catalanas y los catalanes se construye sobre la pertenencia a una nación llamada Catalunya.

La demanda ha sido planteada. Podemos seguir votando hasta el día del Juicio Final y continuará ahí. Ahora hay que darle una respuesta. No debe constituir de lo único de que debatamos en la generales, pero sí debe aportar un contenido relevante a la campaña.

Reconocer a Catalunya, y a otras, como nación y que se mantenga en el Estado español exige abandonar la concepción de la soberanía asociada a la afirmación de España como un Estado-nación. Requiere concebirla como un Estado plurinacional resultado de un pacto entre naciones iguales. Las otras opciones pasan por aceptar la independencia o institucionalizar el conflicto buscando reconocimientos parciales o simbólicos o negando directamente la posibilidad de negociar la cuestión de la soberanía.

De momento el único que ha hablado claro ha sido el PP. Su respuesta es no y su oferta consistirá en que nada cambie. Para los populares la Constitución del 78 y las autonomías representan el punto de destino y el final del trayecto. Sólo se puede ir marcha atrás.

Al resto de las fuerzas que aspiran a ganar en diciembre les corresponde y les conviene clarificar su respuesta y su oferta. Tenemos derecho a saberlo y debemos exigirlo. La ambigüedad es cosa de cobardes.

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