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'Ultimate Fighting Championship'

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero a su llegada a la Audiencia Nacional, este miércoles.
17 de junio de 2026 23:14 h

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Los que mandan en España nos están dejando el alma tan machacada como le dejaron la cara a Topuria el domingo por la noche en el circo romano que Trump montó en la Casa Blanca para celebrar su octogésimo cumpleaños y el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos. Los que mandan son, por supuesto, los millonarios y los poderes fácticos: esos policías, jueces y medios de comunicación a su servicio. El nosotros al que aludo somos los zurdos, los que aún nos guiamos por unos ideales de libertad, igualdad y fraternidad que se consideran no ya trasnochados, sino lo siguiente. En cuanto al tal Topuria, es un luchador de artes marciales de origen georgiano y nacionalidad española.

Al asociarla con aquel Manifiesto Futurista de Marinetti que anunció el nacimiento del fascismo, Andrés Gil, corresponsal de este periódico en la metrópolis imperial, ha contextualizado muy bien la tremenda paliza que se llevó el gladiador Topuria en el Coliseo de Trump. En efecto, Marinetti exaltó sin complejos la agresividad, la violencia, el machismo y la guerra no solo como instrumentos para la conquista del poder político, sino como muestras supremas del arte contemporáneo.

“Combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias”, pregonaba Marinetti. Y en eso estamos hoy a uno y otro lado del Atlántico, ay de aquellos que aún no se hayan dado cuenta.

 Vayamos al combate español. ¿Presunción de inocencia? ¿Confidencialidad de los informes policiales y las actuaciones judiciales? ¿Prudencia de los medios hasta que no hayan contrastado por sí mismos tales informes y actuaciones? ¿Sentido de Estado en los partidos derechistas? ¡Quia!, esto son majaderías en el mundo guerrero de los Trump, Netanyahu, Milei, Ayuso y Abascal.

Estamos en la jungla, prima la ley del más fuerte y el más fuerte ni tan siquiera tiene ya que cuidarse de mantener las formas. Si quiere ir a por ti, va a por ti. Tengan los zurdos cuidado con todo lo que digan en WhatsApp: sacado de su contexto en un atestado policial, un “Mal rayo le parta” puede ser un indicio de la voluntad de quitarle la vida a alguien. Corran a declarar los cuadros y las joyas heredadas de los abuelos, no vaya a ser que, aunque tú no los creas valiosos, un juez te acabe imputando por no haberlo hecho. Y ni se les ocurra aceptarle una llamada, y mucho menos una reunión, a cualquier otro zurdo que esté en el radar de los maderos o los picoletos, puedes verte declarando ante el Senado.

Siempre he creído que una democracia es mucho más que la celebración de elecciones periódicamente. Una democracia también es que no se consideren sagradas las acusaciones policiales, que los periodistas y los jueces las registren con cautela, verificando con lupa propia su verosimilitud. Sin este espíritu, antaño dominante en parte de los periodistas y los jueces españoles, jamás hubieran salido a la luz las tropelías del caso El Nani y la guerra sucia contra el terrorismo etarra de los GAL.

Pero ahora todo esto son mariconadas de zurdos, ahora prima la virilidad del manifiesto de Marinetti que tan bien ejercieron Mussolini y Hitler en sus tiempos. Que hay que darle pasaporte al socialista Matteotti, pues se le da. Que hay que romperles los escaparates a las tiendas de los judíos, pues se rompen. Y no pasa nada, quién va a oponerse en serio a lo que se hace por la patria.

Cargarse al Gobierno progresista es ahora el bien patriótico por antonomasia en nuestra piel de toro, que lo sepas. Mejor mañana que pasado, así que el que pueda hacer que haga. Que culmine lo antes posible la reconquista de todos los poderes por parte de los nacionales.

Pobre Zapatero, creía, y probablemente sigue creyendo, en la bondad del sistema, jamás imaginó que fueran a ir contra él con malas artes, y ahí lo tenemos declarando en la Audiencia Nacional por una conversación entre terceros sobre el rescate de Plus Ultra extraída de un teléfono incautado hace años por un servicio policial estadounidense, y teniendo que buscar papeles que expliquen el origen de las joyas de la familia. Mal hizo, por cierto, si es verdad que aceptó algunas como regalo de algún monarca del Golfo, como acabo de escuchar en la tele; eso puede no ser delito, pero no encaja, en absoluto, con el personaje ZP.

Pobres socialistas, creyeron que en la arena política de la piel de toro se jugaba con las reglas del ballet clásico y no con las del Ultimate Fighting Championship, y ahí los tenemos, pasando las de Caín.

Y pobres también los de Podemos y Junts, empecinados en acortar una legislatura que revaloriza las pensiones y el salario mínimo, que impulsa la amnistía para los del Procés, reclamando unas elecciones en las que muy probablemente triunfarán los que quieren borrarlos de la faz de la tierra. Unos y otros creyéndose informes policiales y autos judiciales, asociando la palabra “corrupción” a Pedro Sánchez y los suyos, sin darse cuenta de que este es el marco, el relato, la trama que ellos mismos sufrieron no hace tanto. Pero, bueno, con su pan se lo coman, que disfruten lo votado y no vengan a llorarnos cuando en los próximos años les pongan la cara como se la pusieron a Topuria.

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