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El triunfo de la mediocridad

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Decía el escritor ruso Fiodor Dostoievski refiriéndose a la sociedad de su época que (cito literalmente): “nuestros tiempos son tiempos de mediocridad, de la pasión por la ignorancia...”

Cuándo el autor de “Crimen y Castigo” habla de ramplonería existente en la sociedad rusa de su tiempo se refería a las clases que se podían denominar preparadas, que formaban parte de aquellos ciudadanos que tenían estudios y que eran básicamente los burgueses y los nobles.

En este país nuestro, la alfabetización de la sociedad ha alcanzado prácticamente el cien por cien. Entendiendo por ello que aquí la inmensa mayoría sabe leer. Otra cosa es la comprensión lectora de los contenidos que se leen.

Claro que el hecho de que todos sepamos leer no significa que todos lean.

De hecho algunas personas presumen de no haber leído un libro en su vida (“la pasión por la ignorancia”).

No me imagino lo que opinaría Dostoievski de la sociedad actual dónde, impulsada por las nuevas tecnologías, la presunción de sabelotodo campa a sus anchas. Eso sí, se aconseja (¿?) hasta la reducción del número de palabras en los mensajes si realmente se quiere que estos sean leídos. Y es que los textos demasiado extensos terminan cansando al personal. Resulta una contradicción que estemos viviendo unos tiempos dónde se publican más libros que nunca y se lee menos que antes.

Más cercano a nosotros que Dostoievski, no sólo en el tiempo sino en la Lengua, Eduardo Galeano dijo que “estamos en plena cultura del envase: el contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios”. Aparentar lo que no se es ni lo que no se sabe. Se vive de las apariencias, de la cáscara.

Toda esta maraña de artilugios y artefactos provocan en la sociedad el surgimiento de una caterva de “enterados” de todo, pero con conocimientos de nada. El cantautor Xavier Ribalta expuso durante una entrevista que “la revolución, la auténtica revolución, sólo la puede hacer un Pueblo culto. Esta es la revolución pendiente, Por eso no interesa la Cultura, porque es peligrosa”. Será por eso que todas las dictaduras hayan quemado (y quemen) libros y que los altos estamentos de todas las religiones hayan perseguido (persigan aún) a todo “verso libre” y “oveja descarriada”. Comparto su pensamiento.

En la actualidad, como he mencionado, las nuevas tecnologías son propensas a la expansión de engaños. Aprovechando que el personal lo asume todo como cierto, algunos sueltan interesadamente que la regularización de inmigrantes anunciada por el Gobierno “manipula los censos electorales”. Es mentira, pero todo personal que consume este tipo de relatos no se plantea la veracidad o falsedad del mensaje.

La falta de espíritu crítico se ha extendido cual chapapote por las costas. Lamentable, pero es lo que hay.

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