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Casado ensaya la moderación en el pleno de investidura y deja a Rivera el látigo y el tono más bronco contra Sánchez

Aunque insiste en el 'no' a la reelección del presidente socialista, el líder del PP tiende la mano para cuestiones de Estado y le ofrece 11 pactos para la legislatura

El presidente de Ciudadanos opta por la descalificación y acusa a Sánchez de querer montar una "banda" para seguir en el poder "legitimando a Batasuna"

Diputados populares reconocen que la estrategia del enfrentamiento del líder de Ciudadanos en el Congreso facilita una imagen más "centrista" al líder del PP

Investidura (16)- Rivera arremete contra Sánchez y su "banda" que da sillones a Podemos y cede ante los independentistas

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El viraje hacia la moderación que algunos de los principales barones del Partido Popular le exigieron a su líder, Pablo Casado, después de las derrotas encajadas en las elecciones del 28A y el 26M, se ha visto reflejado este lunes durante la intervención del máximo dirigente de los conservadores en el pleno de investidura del candidato socialista a la reelección, Pedro Sánchez.

Su discurso, claramente contrario a la investidura del líder del PSOE pero abierto a pactos de Estado con Sánchez, contrastaba con las acusaciones de connivencia con el independentismo, e incluso con el terrorismo, que Casado lanzó en el pasado contra el candidato socialista, que se enmarcaron en el giro a la derecha que emprendió el líder del PP nada más ganar las primarias hace exactamente un año.

La nueva estrategia del presidente del PP ensayada en el pleno de investidura relegaba así al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, al papel de látigo del aspirante a la reelección del PSOE, sin lograr, en cambio, que el presidente en funciones aceptara a Rivera como líder de la oposición, papel que ha reservado en exclusiva a Casado.

A diferencia del dirigente popular, Rivera abrazaba esa táctica utilizada en el pasado reciente por Casado al encararse con el candidato a la presidencia del Gobierno a través de la descalificación y la confrontación con un tono agrio y en ocasiones faltón.

Rivera acusa a Sánchez de "sectario"

El presidente de Ciudadanos llegaba a acusar a Sánchez de tener "un plan y una banda" para "llegar al poder", "perpetuarse" y "criminalizar" a los que no están de acuerdo con él y a todos los que no tienen carné del PSOE. Esa "banda" está integrada, según Rivera, por el presidente de Catalunya, Quim Torra, "Batasuna" –con esa denominación se ha referido a EH Bildu– , el resto de partidos nacionalistas y Unidas Podemos.

"No quiero una España con socios de una banda que quieren liquidar mi país", sentenciaba, antes de acusar a Sánchez de ser "el primer presidente e la democracia española que legitima a Batasuna para pactar" o "el único que pacta con la extrema derecha" por haber alcanzado un acuerdo con Junts Pel Catalunya en la Diputación de Barcelona. Rivera tachaba de "sectario" el modelo de Estado que propone el líder socialista "con quienes han legitimando el golpe de Estado en Catalunya y los atentados terroristas durante tantos años".

Rivera utilizaba todos los hitos de su estrategia de la confrontación de los últimos meses de cuyo éxito Ciudadanos se ha jactado en un informe interno, en contra del Gobierno del PSOE. Recordaba, así, los "escraches" padecidos según él por Ciudadanos en lugares como Errentería, Alsasua o en las manifestaciones del 8M y el Orgullo LGTBI en Madrid. El líder de la formación que se dice liberal ha llegado a pedir por ello la dimisión de la vicepresidenta, Carmen Calvo, y del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Rivera equiparaba la amenaza de ETA que padeció el titular de Interior cuando fue juez en la Audiencia Nacional, con lo sucedido en el Orgullo. El líder de Ciudadanos le recordaba al ministro que él le defendió públicamente cuando era "acosado" mientras ahora el ministro en funciones considera que "las calles son suyas" por "señalar" al partido que se considera liberal como objetivo. 

A Sánchez le decía: "Hemos descubierto que, según usted, hay 20 o 30 millones de fascista en toda España". Le recriminaba, además, que los radicales les han llamado a ellos "perros y fachas".

Casado ofrece una "leal oposición"

Casado, por su parte, evitaba los ataques directos contra Sánchez, si bien dejaba claro su rotundo 'no' a la investidura. A pesar de considerar que el líder socialista no está a su juicio "a la altura" para ser investido presidente del Gobierno porque se sigue situando "en el lado equivocado" y "lo único que quiere es revalidar los apoyos de la moción de censura" le tendía la mano –aunque con matices– para lograr acuerdos y pactos de Estado.

"Le tendemos la mano para buscar el progreso en España, no para reivindicar las políticas fracasadas de la izquierda, para que empiece a gobernar y tenga una leal oposición, pero no para que revalide, como hizo en la moción de censura, una de las etapas más oscuras de nuestra historia reciente", afirmaba durante su discurso en el pleno del Congreso.

Lo que sí achacaba Casado a Sánchez era tener "tantas metamorfosis que ya los ciudadanos no saben exactamente" si está "en la fase del 'no es no', o el 'sí porque sí.' Criticaba, además, que "el adalid del no es no ahora diga que el PP tiene que abstenerse casi coactivamente con una amenaza de nuevas elecciones" de las que Sánchez "sería el único responsable".

"No puede venir aquí a perdonarnos la vida para que le salvemos la suya, cuando tiene el resultado más exiguo de cualquier candidato en la historia de esta Cámara", subrayaba el líder del PP, que exigía a Sánchez información sobre el gobierno que quiere formar, con qué socios, para qué y con qué beneficios. 

"España y el interés general"

El PP, añadía Casado, ejercerá una "alternativa de gobierno", aunque también recordaba el líder de los populares que ha ofrecido once pactos de Estado al PSOE. Si quiere su apoyo o su abstención en la sesión de esta semana, el líder del PP le pedía a Sánchez que "abjure" de lo que ha hecho y diga que "no merecía la pena romper el régimen constitucional del 78" por "unos meses de gobierno vacío". Según insistía, él tiende la mano para cuestiones de Estado aunque "no para forjar un gobierno contra el Estado".

La sesión de investidura consolidaba a Casado como líder de la oposición según explicaban en privado sus compañeros de filas, sobre todo por la opción extremista abrazada por Rivera. Dirigentes populares aseguraban en los pasillos del Congreso que la actitud del líder de Ciudadanos les ha situado en una posición "más centrista" que puede ayudarle a mejorar su imagen a lo largo de la legislatura. 

"Moderación es también decir, con claridad, lo que pasa en España, con quien pacta Sánchez y su ausencia de reformas. Casado lidera y va a liderar la oposición, es el mandato de los españoles y no va a facilitar la investidura de Sánchez pese a sus presiones. España y el interés general mueven al PP", sentenciaban fuentes del equipo más cercano al presidente de los populares. 

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