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CRÓNICA

Pablo Iglesias contra el Capitán Pescanova

El líder de Podemos lanza un mensaje que no descarta la idea de un pacto con Errejón, pero lleno de referencias a una conspiración exterior que busca que Podemos no sea un riesgo para el sistema

Sin mencionar a Errejón, dice que se está promoviendo "lo que algunos analistas llaman una izquierda amable escindida de Podemos"

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Un diputado regional de Podemos acusa a Iglesias y Montero de "dinamitar" el partido como organización

Iglesias necesita más tiempo para hacer frente al desafío de Errejón. Europa Press

Pablo Iglesias no quiere ser la izquierda amable. No quiere ser un candidato precocinado disponible en la sección de congelados del colegio electoral. Por encima de todo, no quiere perder el control de los acontecimientos en un momento en que Podemos parece realmente vulnerable. El discurso 'Adiós, Íñigo, si quieres más a Manuela, cierra la puerta al salir' tenía ciertas fisuras. Aparecía como el deseo finalmente cumplido de ver alejarse al examigo, excofundador, ex casi todo y actual enemigo íntimo y al diablo con las consecuencias. A muchos dirigentes de Podemos les entró el miedo en el cuerpo.

Cuanto más se divide la izquierda, más arraiga entre sus votantes la idea de que todos los problemas en las urnas se solucionarían con la unidad. Es un fetiche que casi se remonta al siglo XIX, y no hay pruebas de que haya desaparecido. 

La apelación a la unidad tiene sentido, ¿pero cómo entre gente que ya no se habla?

En el miércoles en que se reunió el Consejo Ciudadano Estatal, Pablo Iglesias difundió un mensaje para marcar territorio. Recordemos que el 17 de enero había declarado a Íñigo Errejón fuera del partido –lo que en tiempos de los griegos llamaban el ostracismo– al saberse que el hasta entonces candidato de Podemos a la presidencia de la Comunidad de Madrid había decidido formar otra candidatura de la mano de Manuela Carmena. La reacción entre los dirigentes autonómicos del partido fue como mínimo de preocupación. Unos días después, Ramón Espinar abandonó la política para no suscribir la política de mano dura y Podemos quedó descabezado en Madrid. Sin candidato y sin líder autonómico.

El mensaje del miércoles indica que Iglesias ha optado por enfriar este ambiente explosivo. La opción de buscar a la carrera un candidato alternativo a Errejón para Madrid y aquí no ha pasado nada no era inteligente ni realista. La reclamación de que hubiera una negociación cuanto antes con Errejón tampoco era factible. 

El líder de Podemos ha decidido que es mejor no tener prisa, algo que en la historia del partido ha provocado serios errores en movimientos que la dirección pensaba que iban a ser geniales. No le interesa que esta sea una historia fácilmente resumible en un Pablo vs. Íñigo. Quizá saldría ganando, pero eso no le aseguraría la victoria en las urnas o no brillaría nada si al final vence el bloque de la derecha.

Iglesias dilatará el momento en que deba decidir qué hacer con Errejón o cómo pactar con él hasta ser más fuerte. Eso incluye un acuerdo con Izquierda Unida, Equo, Anticapitalistas y cualquier grupo que coja el teléfono. En ese momento, será Unidos Podemos & Asociados vs. Íñigo ante las elecciones autonómicas. En la reunión del miércoles del Consejo Ciudadano Estatal, se ha certificado esa solución.

Correlación de fuerzas. Esa expresión –una de las más usadas en la historia de la izquierda– nunca pierde actualidad. 

Defina traidor

Todo esto no quiere decir que se haya firmado una tregua. El mensaje de Iglesias, tras dos puntos destinados a explicar que vivimos en un mundo lleno de peligros, incide en la idea de que, ante la presión de la triple alianza de la derecha, se está intentando promover un polo de centro que necesita para sumar "lo que algunos analistas llaman una izquierda amable escindida de Podemos" (en ese párrafo no menciona a Errejón, pero no es necesario). En otras palabras, gente que no tiene escrúpulos en pactar con Ciudadanos. 

Hay más para los interesados en la vertiente personal. Se cuestiona desde dentro a Podemos. Se juega en favor de intereses políticos ajenos. Se hacen las cosas "en secreto, por sorpresa y sin contar con los espacios colectivos".

Perooooo... "Íñigo, a pesar de todo, no es un traidor, sino que debe ser un aliado de Podemos". No es un traidor, pero ya he utilizado la palabra 'traidor' y ya es un tema que se puede discutir libremente y sin eufemismos. No lo es, pero "la indignación ante la falta de respeto a nuestros espacios colectivos es natural y lógica". Alguien enfurecido podría pensar que esa palabra es apropiada.

Perooooo... nosotros debemos ser "generosos y responsables" (no como esos cabrones hijos de mil madres que nos han traicionado, le faltó escribir). 

Iglesias pide un debate "sosegado" en Podemos y que se hable con muchos grupos y sectores, y entre ellos también la candidatura de Carmena y Errejón. Más adelante. Cuando toque. "Pero para llegar a ese punto Podemos necesita tener un debate propio sin que se le pretenda imponer tragar con platos precocinados" (¿recuerdan lo de la izquierda amable que salía de una escisión de Podemos promovida desde fuera?).

En este punto hay que recordar un artículo de Manolo Monereo, diputado de Unidos Podemos, de enero de 2017 en la época de la Primera Guerra Civil de Podemos que fue calurosamente elogiado por Iglesias. Sobre el delicado asunto de las complicidades, Monereo escribía: "Lo nuevo es que el sector o corriente identificada con Íñigo Errejón tenía un arma y la ha usado: hacer pública la ruptura del equipo dirigente forjado en Vista Alegre I y buscar el apoyo de unos medios de comunicación y de unos poderes dispuestos, cueste lo que cueste, a levantar una alternativa desde dentro a Pablo Iglesias. No valoro, constato el hecho".

No, Íñigo no es un traidor, pero el panorama que describe Iglesias es nítido: hay una operación exterior –en la línea apuntada por Monereo– para debilitar a Podemos y neutralizar su mensaje rupturista. Lo mismo Iglesias piensa que Errejón sólo pasaba por allí, pero no es muy probable.

El aviso de Alberto Garzón

En el mismo día del artículo de Iglesias, Alberto Garzón publicaba otro en este diario. No citaba a Errejón, pero sí a Robespierre, lo que demuestra que la cosa está muy afilada. Se refería a algunos riesgos de la política de estos días, al desprecio extendido por los partidos como estructuras supuestamente anacrónicas, por el empuje de las primarias que tiene sus inconvenientes. 

"En general, la mayoría de estos cargos públicos se justifican aludiendo a que se deben a la “gente” y no a los “partidos”, un truco retórico que esconde que su único compromiso de lealtad es con redes informales que pivotan en torno a un hiperliderazgo que se presume electoralmente eficaz", escribe Garzón. La existencia de primarias le da a ese partido o grupo un aspecto democrático, pero para el coordinador de IU no es así. Se trata de una organización "profundamente presidencialista en tanto que el control sobre los procesos y la toma de decisiones depende de camarillas supuestamente aventajadas".

Bueno, quizá no se refería a Errejón.

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