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Cuando la mudanza la decide una guerra

Cuando una familia decide mudarse y dejar el que ha sido su hogar hasta entonces, suele haber una razón de peso. Cuando el motivo es escapar de una guerra, la razón se convierte en una cuestión de vida o muerte.

Un niño refugiado camina bajo la lluvia en un campo improvisado en Croacia

Un niño refugiado busca refugio de la lluvia en un campo improvisado en Croacia

De pequeña cambié 7 veces de ciudad. La palabra mudanza se aparecía con bastante frecuencia en nuestras cenas familiares, y cuando lo hacía, empezaba todo un proceso. Planificar la fecha en la que debíamos estar en el nuevo destino, meter todo en cajas, contratar un camión para el traslado, encontrar casa y localizar un nuevo colegio para mi hermano y para mí. Eso era únicamente la parte logística de la cuestión, después venía el proceso emocional y personal que cada uno teníamos que vivir. Separarte de tus amigas y amigos, superar la tristeza de dejar lo que se había convertido en tu hogar, enfrentar el miedo a llegar a un sitio diferente, a ser la nueva de la clase una vez más. A llorar muchas veces porque con 5, con 7, con 8, con 11, con 13 y con 16 años, cuesta dejar atrás todo lo que conoces y empezar de nuevo.

A pesar de todo ese viaje físico y emocional, siempre que llegaba a una nueva ciudad tenía una casa en la que dormir desde la primera noche. Mi madre enseguida conseguía las tarjetas para el médico que nos permitían el acceso a recetas y a visitas a los especialistas. En el colegio me facilitaban la llegada, y por lo general siempre había algún grupo de niñas y niños que se acercaban a hablarme e invitarme a jugar.

Con el tiempo, a veces cuestión de meses y otras de años, el proceso volvía a repetirse. Metía todas mis cosas en cajas, me despedía de mis amigos y comenzaba de nuevo la rueda de la adaptación.

Las últimas semanas veo sin cesar imágenes de miles de niñas y niños que están haciendo otra mudanza muy diferente a la mía. Solos o con sus familias, inician un viaje que no habrían querido hacer nunca. No se decidió en una cena frente al plato de sopa. La fecha la marcó el sonido de las bombas o la violencia que en países como Siria se ha vuelto algo cotidiano. Los niños que llegan a Europa no lo hacen cómodamente sentados en un medio de transporte seguro. Se enfrentan a peligrosas travesías en barco que no siempre llegan a la costa, caminan durante días con lo puesto kilómetro a kilómetro para llegar a la siguiente frontera que el mapa dice que hay que cruzar. Cuando llega la noche no hay una casa donde resguardarse, y ante la saturación de los campos de refugiados que se han venido habilitando, muchos niños duermen en el suelo de la calle, junto a las vías del tren o a las puertas de una estación. El verano ha tocado a su fin y la lluvia y el frío son ahora los que marcan la urgencia de encontrar dónde cobijarse.

Familias de refugiados en un campo improvisado junto a las vías del tren en Croacia

Familias de refugiados en un campo improvisado junto a las vías del tren en Croacia

Más de 550.000 personas han cruzado el Mediterráneo en lo que va de año, más de 3.000 han muerto o desaparecido y en las últimas semanas llegan diariamente a Grecia 5.500. Ante esta realidad, en Save the Children estamos trabajando para atender las necesidades más básicas de estas niñas y niños. Proporcionar comida, equipos de higiene, repartir mantas, habilitar zonas donde las madres puedan dar el pecho a los bebés y crear espacios de juego seguro para la infancia, son parte del trabajo que estamos haciendo en Grecia, Italia, Serbia, Hungría, Croacia y Macedonia.

Muchos de estos niños están llegando a Europa con secuelas físicas fruto de la dureza de este viaje. No hablemos ya de las heridas emocionales que muchos arrastran después de haber perdido a sus familias, de haber presenciado las consecuencias de una guerra o de haber sido víctimas de abuso en el trayecto. Y entre todo eso, surgen de manera espontánea las risas de los niños que juegan en un descanso del viaje o en algunos de los Espacios Seguros que hemos habilitado en las zonas de tránsito. Porque a pesar de la dureza de lo que han vivido, y de lo que están viviendo, son niños.

Niños refugiados juegan en uno de los Espacios Seguros para la Infancia de Save the Children en Croacia

Niños refugiados juegan en uno de los Espacios Seguros para la Infancia de Save the Children en Croacia

Y vuelvo a pensar lo importante que es sentirse cuidado y acogido cuando llegas a un lugar nuevo. Mucho más si es huyendo de una guerra, si es dejando atrás toda tu vida y si tu único deseo es vivir con tu familia en un hogar seguro.

No dejemos solos a estos niños y sus familias. Firma nuestra petición y pídele a los líderes europeos que trabajen conjuntamente para acabar con esta crisis migratoria.

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