La muerte de Teófilo del Valle, 50 años después: el primer asesinado de la Transición que todavía espera justicia
Teófilo del Valle Pérez tenía 20 años cuando un policía le mató el 24 de febrero de 1976. Se convirtió en la primera víctima mortal por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado durante la Transición, aunque le seguirían decenas de ellas más. Trabajaba en una fábrica de bolsos en Elda (Alicante). En esos días, una fuerte huelga del sector del calzado sacudía la comarca. La represión era constante. El joven huía de los agentes cuando le dispararon seis tiros por la espalda. Dos impactaron en su cuerpo y acabaron con su vida. La justicia militar instruyó el caso. Daniel Aroca del Rey, el agente que disparó, terminó absuelto.
La familia nunca tuvo noticias de la investigación, se la mantuvo al margen, intentando silenciarla. Tampoco han recibido compensación alguna por el crimen, ni mucho menos justicia por el terrible suceso. La Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina contra crímenes del franquismo (Ceaqua) ha intentado reabrir el caso. Ahora que se cumplen 50 años de los hechos, el juzgado ha pospuesto la declaración tanto de Aroca como de Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales en aquel momento y posterior ministro del Interior hasta 1979.
Manuel de Juan Navarro es investigador y cineasta. También una de las personas que mejor conoce lo sucedido con Teófilo del Valle tras su extenso proceso de documentación para preparar el documental Las tres muertes de Teófilo del Valle. Según contextualiza, la exportación del calzado en aquellos años significaba una entrada de divisas a España muy importante, comparada a las del turismo y las remesas enviadas por los emigrados.
La zona de Elda era de las más potentes para el calzado, y lo era por las largas jornadas de trabajo que sufrían unos obreros extenuados y un ritmo de producción febril, pero también por desarrollar una actividad muy dinámica en cuanto a reivindicaciones laborales y protestas sociales. “En esta comarca se producía el 80% de calzado español y los representantes elegidos en las fábricas no eran reconocidos por el Sindicato Vertical”, explica De Juan.
Dos jornadas de lucha terminan en muerte
Las jornadas de reivindicación se sucedían en Elda. El lunes 23 de febrero de 1976, miles de trabajadores se asamblearon en la plaza central del pueblo, dedicada a Emilio Castelar. El cineasta estaba allí, lo vivió en primera persona. “Éramos unas 3.000 personas y la Policía Armada estaba preparada, vigilándonos todo el rato mientras subíamos en manifestación hacia Petrer [municipio cercano a Elda], para concentrarnos delante del edificio del Sindicato Vertical”, añade De Juan, a quien la familia Del Valle le ha otorgado poderes judiciales para actuar en su nombre.
Las cargas fueron brutales. “La Policía produjo una situación de caos increíble”, recuerda el cineasta. Él ha tenido acceso a los informes policiales de aquella actuación, donde los agentes reflejaron que los trabajadores les atacaron con piedras y no tuvieron otro remedio que intervenir. De Juan zanja rápido el asunto: “Lo que dicen es una mentira tras otra”.
El 24 de febrero se paró en algunas fábricas de Elche, pero no en Elda ni Petrer. Los trabajadores de estas localidades, sin embargo, intentaron realizar una asamblea en la plaza Castelar, aunque la Policía Militar lo evitó. La tarde terminó con carreras de los obreros delante de los agentes. “Sobre las 22.00 horas se empezaron a retirar. Imagino que los mandos policiales estaban cansados de perseguirnos tanto tiempo”, sostiene el investigador.
Los policías marchaban ya en autobuses cuando un último grupo de trabajadores muy jóvenes les insultaron y les lanzaron una piedra. El sargento Laureano Ballesteros mandó bajar a los agentes. “El material antidisturbios ya lo habían guardado, así que algunos policías salieron con la pistola en la mano”, recalca De Juan. En ese momento, Aroca disparó hasta seis tiros por la espalda a Teófilo del Valle, quien entonces trabajaba en la fábrica de bolsos Soler de Elda, en el barrio de la Tafalera. Una bala le entró por un tobillo, y le hizo caer, y otra le penetró el cráneo por la nuca, lo que le dejó herido de muerte.
En las inmediaciones se oyeron más disparos, aunque presumiblemente fueron al aire. Otro agente se acercó a Teófilo y le intentó realizar un torniquete en la pierna. “En cuanto vio su cabeza supo que el chaval iba a morirse”, opina el cineasta. El joven de 20 años no llegó con vida al hospital.
El tribunal militar absuelve al policía
El juez que instruyó el caso llegó a la conclusión de que Aroca tiró a matar. “Según la transcripción literal de su primera declaración, aceptó ante el magistrado que había disparado al cuerpo. Al día siguiente, aleccionado por sus superiores, lo negó y dijo que el juez le obligó a confesar”, recuerda De Juan. Decretaron prisión provisional y el caso pasó a disposición del juzgado militar.
La familia intentó actuar. José Antonio del Valle, hermano de Teófilo, vive en Uruguay y tiene 78 años, pero no olvida: “Nosotros siempre pensamos que una bala le había matado de rebote. Hasta que no conocimos a Manuel de Juan que hizo el documental y comenzó a investigar, no supimos que lo asesinaron vilmente”. Su padre intentó estar presente en el juicio mediante un abogado, pero la jurisdicción militar no se lo permitió.
El consejo de guerra tuvo lugar el 6 de julio. Todo iba demasiado rápido. En la vista no se habló de por qué Aroca había decidido disparar seis veces por la espalda. El debate se centró en si la bala que quedó alojada en la nuca había sido un rebote. El fiscal militar reconoció que la documentación atestiguaba que el agente había disparado sin tomar las precauciones y que había cometido un homicidio imprudente. Pedían dos años de prisión, inhabilitación para el ejercicio de la profesión y el pago de 650.000 pesetas como indemnización a la familia Del Valle.
Todo parecía que la sentencia se tornaría condenatoria para Aroca. El dictamen recogía todo lo ya explicitado, pero también un último considerando. Como Aroca había actuado en cumplimiento de su deber, se le aplicó un eximente y procedieron a su absolución. El agente salió en libertad y reingresó en el cuerpo policial, la familia Del Valle jamás fue indemnizada y, en definitiva, no se hizo justicia al crimen.
José Antonio, el hermano mayor de Teófilo, recuerda en conversación con elDiario.es que la familia nunca supo nada. “Mis padres se murieron sin conocer lo que realmente había ocurrido”, se lamenta al teléfono henchido de rabia e impotencia. Ahora, 50 años después, afirma con seriedad que “Franco se había muerto hacía apenas tres meses antes y todas las estructuras de la dictadura seguían operando”.
Martín Villa intenta posponer su declaración
La esperanza es lo último que se pierde, responde José Antonio al preguntarle por el nuevo proceso judicial. Jacinto Lara, abogado de Ceaqua, explica los pormenores de la querella interpuesta en Elda en abril de 2024 y que puede traer algo de verdad y justicia a la familia Del Valle. Por primera vez, la jueza que instruía el caso llamó a declarar en calidad de investigados, los antiguos imputados, a Martín Villa y Aroca. Hay otros querellados, aunque algunos han fallecido y otros todavía están en proceso de ser localizados.
La declaración de los investigados debería haberse realizado en noviembre de 2025 por videoconferencia. El antiguo ministro lo haría desde Madrid y el policía que disparó las balas que mataron a Teófilo desde Albacete. Por cuestiones estrictamente tecnológicas del juzgado, la comparecencia tuvo que posponerse, explica Lara. La magistrada fijó una nueva fecha para las declaraciones, que esta vez tendrían que ser presencialmente en Elda, para este 4 de febrero. Tampoco tuvieron lugar.
La defensa de Martín Villa ya había recurrido la admisión a trámite de la querella. “La jueza se basó en el derecho internacional y en la no prescripción de estos crímenes de lesa humanidad, además de en el derecho que establece a la investigación la Ley de Memoria Democrática y un informe a favor presentado por el fiscal de Memoria”, se explaya el mismo Lara. Este primer recurso de reforma fue desestimado por la jueza.
Martín Villa siguió intentando no sentarse delante de la jueza. Interpuso un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Alicante el noviembre pasado. En él solicitó que su declaración como investigado se suspendiera cautelarmente hasta la resolución del recurso. La representación de Aroca, el expolicía, se adhirió a ello. La jueza no dio curso al escrito y mantuvo las declaraciones para principios de febrero, y la defensa del antiguo ministro insistió.
En ese momento, días antes del 4 de febrero, cambió la jueza que llevaba el caso y un nuevo magistrado se hizo con su instrucción. La primera decisión que tomó fue dejar en el aire la declaración de los dos investigados hasta que sus recursos se resuelvan en la Audiencia Provincial de Alicante. Lara remarca que ellos también han interpuesto un recurso de reforma ante el juez por esta última decisión. Entienden que no existe cobertura jurídica alguna para acordar la suspensión cautelar de los testimonios. Si el nuevo magistrado mantiene su decisión, elevarán el recurso a la Audiencia Provincial de Alicante.
El abogado de Ceaqua acepta que este tipo de cambios de jueces son habituales, aunque “resulta cuanto menos sorprendente” que justo ahora, que por primera vez dos personas iban a testificar investigadas por crímenes franquistas, el nuevo magistrado cambie de postura. Por su parte, José Antonio afronta con determinación estos momentos en los que se cumplen cinco décadas del primer muerto por parte de la Policía durante la Transición, su hermano Teófilo: “Aquello fue una cosa terrible y nunca se ha hecho justicia. Uno no quiere venganza, quiere justicia”.
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