Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Noticia de agencia

Noticia servida automáticamente por la Agencia EFE

Esta información es un teletipo de la Agencia EFE y se publica en nuestra web de manera automática como parte del servicio que nos ofrece esta agencia de noticias. No ha sido editado ni titulado por un periodista de eldiario.es.

Ourense se recupera de las llamas con temor a ser olvidado

Ourense se recupera de las llamas con temor a ser olvidado
Ourense —

0

Paula Fernández

Ourense, 3 sep (EFE).- Los vecinos de los pueblos de Ourense afectados por los mayores incendios de la historia de Galicia lloran sus pérdidas, mientras hacen recuento de daños y esperan las ayudas, pero ahora que se han apagado las llamas tienen un temor: quedar olvidados.

Los montes de Chandrexa de Queixa, donde empezó hace casi un mes la devastadora ola de fuegos que arrasó más de 100.000 hectáreas, están hoy teñidos de negro.

Rubén Fernández, apicultor profesional y biólogo, conduce su todoterreno a través del monte quemado para llegar a uno de los colmeneros que sucumbieron a las llamas.

Tuvo más suerte que otros compañeros que perdieron todo y consiguió salvar las 40 colmenas que tenía allí gracias al aviso de un vecino, pero, aun así, el futuro no es muy esperanzador porque se ha quemado el 50 % de las áreas de pecoreo donde se alimentan sus abejas.

“En unos años vamos a tener complicaciones para poder producir porque, aunque podamos alimentarlas para mantenerlas vivas, es imposible producir miel y productos mediante alimentación artificial”, afirma a EFE el apicultor, que se queja de que las ayudas anunciadas por la Xunta no permitirán asegurar la producción.

Para que el monte se regenere y pueda volver a producir miel tendrá que esperar al menos dos años, asegura Rubén, bajo una fina lluvia que los vecinos de Chandrexa hubiesen agradecido hace semanas.

El apicultor pide que la ley sea “más permisiva” y critica que el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, haya dicho que “se ha quemado sobre todo matorral y piedra”.

“Ese matorral y piedra que ahora mismo arde y que le quitan importancia es el matorral y piedra que no nos dejan hacer a nosotros con quemas controladas, ni desbroces por estar situados en Red Natura. Lo que necesitamos es una gestión óptima del territorio para poder evitar estas cosas”, defiende.

Rubén todavía está asimilando lo ocurrido: “No somos conscientes del daño que va a venir a largo plazo, porque perdemos también el hábitat y el modo de vida”.

Diez kilómetros más arriba, en Cova, una parroquia de A Pobra de Trives, Luis ha perdido el 90 % de sus pastos para el ganado y sus 40 vacas están ahora en la única zona de la finca que no se ha quemado.

“Tienes que llorar porque toda la vida viste esto verde y ahora está todo quemado”, declara a EFE todavía embargado por la emoción, junto a unos montes que, se queja, llevan medio siglo abandonados.

Aunque las vacas han sobrevivido, necesita alimentarlas porque ha perdido al menos 200 rollos de forraje. Este mismo miércoles se va a desplazar a otro pueblo a comprar lo que encuentre.

“Pero con mi dinero, no con las ayudas”, especifica, y se queja de la excesiva burocracia para conseguir cualquier permiso o apoyo.

El Ayuntamiento de A Pobra de Trives gestionó a través de una asociación el envío de rollos y alimentación para el ganado, pero el invierno va a ser “muy duro”, asegura a EFE el teniente de alcalde, Fermín Santoveña.

“Habrá gente que igual tenga que vender hasta la ganadería porque va a ser inviable”, lamenta.

La Xunta abrió esta semana 16 oficinas para asesorar y gestionar las ayudas. Los vecinos se quejan de su funcionamiento -el personal “no sabe absolutamente nada”, dice Luis-, y el propio Ayuntamiento de A Pobra de Trives señala que no ha sido informado sobre su apertura.

Este miércoles, Santoveña, también concejal de Protección Civil, recorrió parte del municipio junto a un arquitecto para evaluar los daños de “tres días infernales” en los que ardieron algunas viviendas que funcionaban como segunda residencia y al menos una explotación ganadera.

En el rural gallego están acostumbrados a los incendios y tienen fresca la oleada que arrasó parte de la comunidad en 2022, pero todos coinciden en que nunca se había visto un fuego tan devastador e imparable como el de este verano.

Los montes tampoco estaban preparados para afrontarlo. “No aprendimos nada de hace tres años”, lamenta Santoveña.

Etiquetas
stats