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El aumento del tráfico de reliquias católicas en internet desborda al Vaticano

Reliquias de brazos.

Jesús Bastante

El tráfico de reliquias religiosas se está yendo de las manos en la era digital. Internet ha inyectado un nuevo impulso a un comercio ancestral basado en la fe que depositan, especialmente los católicos, en objetos supuestamente santos. Tanto que el Vaticano ha tenido que publicar una nueva normativa para tratar de atajar el negocio a costa de dios. Y reservarse la capacidad de certificar la santidad de los objetos.

Ya lo avanzó el año pasado, The Washington Post al destapar lo que era un secreto a voces en círculos de grandes coleccionistas, y un quebradero de cabeza entre los muros vaticanos: el auge del comercio de compra-venta de reliquias a través de la red.

Los supuestos huesos de San Esteban, uno de los primeros mártires cristianos, o de San Agustín (uno de los Padres de la Iglesia) estaban subastándose en eBay. Toda una delicia para los seguidores de Dan Brown. Por no hablar del prepucio del Niño Jesús, que fue robado en 1984 de una iglesia italiana y que, según algunos expertos, se subastó hace unos meses en la red.

Como sucediera en tiempos de Lutero –en realidad, fue una de las primeras razones que motivaron la rebelión del fraile agustino, que concluyó con el Cisma protestante–, el tráfico de huesos, trozos de cabello, ropas o ampollas con sangre de santos y beatos, está desbordándose en todo el mundo, y encuentra en Internet un mercado pujante. Se compra (y se vende) de todo, sin tapujos: desde suspiros de ángel hasta, y es literal, los pañales que el niño Jesús usó en el pesebre de Belén.

El hallazgo de reliquias o tesoros relacionados con Cristo, la Virgen o los santos ha sido causa de polémica desde el comienzo de la Cristiandad. La búsqueda del Grial, o de la Santa Lanza ha superado los límites de la realidad: hasta la fecha, se tienen catalogados trozos del madero en el que fue crucificado Cristo que servirían para construir varias decenas de cruces. La superstición y la magia también se esconden detrás de estos objetos: el propio dictador Francisco Franco tuvo durante décadas, en su mesita de noche, el brazo incorrupto de Santa Teresa de Ávila.

Nuevas normas contra el tráfico

Conscientes de esta realidad, y después de que llegaran numerosas denuncias sobre falsas reliquias, o veneraciones que se salían de la ortodoxia, la Santa Sede acaba de publicar una nueva normativa sobre la conservación, catalogación y traslado de estos objetos, en el que prohíbe taxativamente “el comercio (es decir, el intercambio en especie o dinero) y la venta de reliquias, así como su exposición en lugares profanos o no autorizados”.

Para coger reliquias de un inminente santo o beato, el documento exige, en primer lugar, tomar fragmentos del cuerpo “que ya estén desprendidos”, es decir algún hueso pequeño que ya se haya separado del cuerpo, lo que pretende evitar el 'saqueo' de tumbas. Al tiempo, reclama un mayor control sobre las reliquias, un 'inventariado' que impida que se vendan pedazos falsos, o no verificados, de santos. Finalmente, Roma también llama la atención ante la superstición que hay detrás de la veneración de brazos, codos o cabellos de personajes bíblicos o santos de la Iglesia.

Así, dichas reliquias “no pueden ser expuestas a la veneración de los fieles sin un certificado especial de la autoridad eclesiástica que garantice su autenticidad”.

El documento presenta el procedimiento canónico para “verificar la autenticidad de las reliquias y de los restos mortales, para garantizar su conservación y para promover la veneración de las reliquias a través de las posibles especificaciones operativas”. Al mismo tiempo, se recuerda que “deben ser custodiadas en urnas selladas” y “conservadas y honradas con espíritu religioso, evitando toda forma de superstición y de comercialización”.

Inventario macabro

Dentro del, en ocasiones, macabro inventario de las reliquias de la Iglesia católica, se encuentran objetos realmente curiosos. Así, quizá la reliquia más extraordinaria sobre el planeta sea un suspiro de San José, que se encuentra en una botella depositada por un supuesto ángel en una iglesia de Blois y conservada en el Sancta Santorum del Vaticano.

Sin embargo, otra reliquia supera lo imaginable. Se trata del Estornudo del Espíritu Santo, que se conservó durante siglos en una botella en la parroquia de San Frontino, hasta ser trasladada al interior de los muros vaticanos.

En Murcia existe desde 1730 en la Catedral, la donación que hizo el arzobispo de Rávena: “La mayor reliquia que se puede tener en este mundo, que es un pelo Vultus Divini Jesuchristi”. Se trata de un pelo de la barba de Cristo que compite desde enton­ces con la máxima reliquia del momento, el Lignum Crucis –un trozo de la cruz– utili­za­do incluso como conjuratorio contra plagas y tempestades.

En el Vaticano se conserva la Sagrada Lanza, existen dos coronas de espinas (una en el Vaticano, y la otra en Notre Dame de Paris), y las reliquias de los Reyes Magos se exhiben en la catedral de Colonia. La “santa escalera”, que supuestamente recorrió Jesús para encontrarse con Pilatos, se encuentra a la entrada de San Juan de Letrán, y el “Santo Grial” más conocido puede verse en la catedral de Valencia.

Ahora que llega Navidad, son muchos los objetos del nacimiento de Jesús y de sus progenitores, que se conservan en todo el mundo como grandes reliquias. Además de los pañales del niño, un pedazo de heno del portal se venera en Santa María la Mayor.

No podía faltar un ombligo santo, el cordón umbilical del Niño Jesús, al que se le rinde culto en iglesia de Santa María dei Popolo, en Roma. Se tiene constancia de otros dos, uno en San Marino y otro en Chalons.

En Oviedo y Roma se conservan unas gotas de la leche de Santa María la Virgen, mientas que también se venera la cola del asno que llevó en sus lomos a Jesús.

La tradición dice que la Virgen María ascendió a los cielos, aunque es posible que se dejara en tierra un brazo, el corazón, el hígado y la lengua, que después de haber vagado por varios lugares han acabado en las habitaciones de San José de Calasanz, en San Pablo Pantaleone, Roma.

Hasta el siglo pasado, el arzobispo Albrecht de Mainz presumía de tener en su catedral dos plumas y un huevo del mismísimo Espíritu Santo, cuando se convirtió en paloma. Quien dejara un donativo después de visitar esta reliquia, tendría perdonados todos los pecados.

Si es por plumas, hasta comienzos del siglo XX el monasterio de El Escorial exhibía una pluma que se le habría caído al arcángel Gabriel mientras batallaba con el diablo. Varias iglesias en Italia y Alemania también han exhibido plumas de los arcángeles Miguel y Gabriel y de otros ángeles, así como pedazos de sus túnicas. También se guarda la pluma que utilizó el evangelista Marcos para escribir su Evangelio.

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