Una app viral pensada para comprobar si alguien sigue vivo destapa el aislamiento en China
Hay personas que se acostumbran al silencio de sus pisos y a la rutina de no cruzar palabra con nadie durante días. Aprenden a vivir con esa quietud que a veces se confunde con calma, aunque detrás haya desconexión y cansancio. La soledad, al principio discreta, acaba volviéndose parte del día, como un mueble más o una sombra que no se va.
En ese espacio donde nadie pregunta ni responde, el tiempo se alarga y cuesta saber si alguien sigue ahí. De ese vacío nace una preocupación muy concreta: cómo saber si una persona que vive sola sigue con vida o ha dejado de contestar porque ha fallecido o le ha pasado algo.
Una aplicación que pregunta si sigues ahí
La app china Sileme, que significa ¿Estás muerto?, intenta responder a esa pregunta. Se creó para quienes viven solos, desde jóvenes que estudian lejos de su familia hasta empleados que pasan semanas sin compañía. Su funcionamiento es simple: el usuario debe entrar cada dos días y confirmar que está bien. Si no lo hace, la aplicación envía un aviso a un contacto de emergencia. Según el periódico estatal Global Times, China podría llegar a los 200 millones de hogares unipersonales, lo que da sentido al éxito de esta herramienta que ya ha cambiado de nombre para su versión global, Demumu.
El equipo creador explicó en Weibo que eran tres desarrolladores nacidos después de 1995 que trabajaban de forma independiente en Zhengzhou. Tras el aumento de descargas, decidieron añadir una tarifa de ocho yuanes, equivalente a 1,15 dólares, para cubrir costes. En la lista de aplicaciones de pago de Apple, ocupa el segundo lugar en varios países y llegó al primero en China a comienzos de semana.
Las redes se llenaron de comentarios en torno al nombre original. Algunos lo consideran lúgubre, otros creen que precisamente esa crudeza ha ayudado a visibilizar un problema. En Weibo, muchos pidieron que no lo cambiaran y otros propusieron alternativas más suaves, como ¿Estás bien? o ¿Cómo estás?. Un usuario comentó que “nos hará sentir más cómodos a los solteros para vivir nuestra vida”, mientras que otro escribió que “las personas que vivimos solas necesitamos algo así”. La reacción se mueve entre el humor, el miedo y el alivio de saber que, aunque sea a través de una pantalla, alguien notará tu ausencia y querrá saber si sigues bien.
La conexión virtual como salvavidas
La viralización ha sido fulgurante. La app, inicialmente gratuita, pasó a ser de pago en solo unas semanas. Sus creadores afirmaron que el proyecto, que empezó con apenas mil yuanes de inversión, ahora busca inversores y planea vender el 10% de la empresa por un millón de yuanes.
Uno de ellos, el señor Guo, explicó a medios chinos que también estudian una versión orientada a personas mayores, un grupo que representa más del 20% de la población del país. En un mensaje reciente, publicaron: “Nos gustaría que más gente prestara atención a los mayores que viven solos, que les den más cuidados y comprensión”.
El sociólogo Wang Pan explicó en medios locales que la aplicación “responde a una economía emocional en auge dentro de una sociedad cada vez más aislada”. A su juicio, refleja una tendencia en la que la tecnología sirve para suplir la falta de interacción humana. En China, el fenómeno de la soledad no solo afecta a las personas mayores. Muchos jóvenes que se trasladan a grandes ciudades por trabajo o estudio apenas socializan. Los horarios extensos, la movilidad laboral y la distancia familiar han generado un tipo de aislamiento nuevo y cotidiano.
De acuerdo con el Instituto de Sociología de la Academia China de Ciencias Sociales, cerca del 38% de las personas que viven solas en el país apenas hablan con alguien más de una vez por semana. En redes como Xiaohongshu, similares a Instagram, ya se ofrecen servicios para “alquilar amigos” o conversar por videollamada a cambio de una tarifa. La expansión de apps como Sileme demuestra que la conexión digital se ha convertido en un recurso básico para sobrellevar la vida en soledad y, al mismo tiempo, en un síntoma del propio aislamiento que intenta evitar.
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