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Arqueólogos descifran una inscripción del siglo VIII y sacan a la luz al primer astrónomo maya conocido

Los investigadores consideran que disponer de un nombre propio ayuda a entender mejor la tradición intelectual maya

Héctor Farrés

21 de julio de 2026 17:33 h

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Las copas de los árboles cierran el paso de la luz y favorecen que el suelo húmedo cubra muros, plazas y antiguas construcciones. La vegetación sigue ocultando restos mayas porque el follaje espeso limita la visión, la tierra se acumula sobre las estructuras y el crecimiento vegetal borra sus contornos.

Ese encubrimiento altera el relieve, dificulta el acceso y permite que edificios enteros parezcan montículos naturales durante siglos. La búsqueda depende entonces de técnicas capaces de distinguir formas de origen humano bajo la selva sin arrancar aquello que las protege.

Xultun revela el nombre de un matemático maya

Esa dificultad para reconocer estructuras bajo capas de tierra y plantas ayuda a entender el valor de Xultun, donde una inscripción permitió identificar por primera vez a un astrónomo y matemático maya por su nombre. El trabajo, publicado en Antiquity, atribuye a esa figura una serie de fórmulas relacionadas con los ciclos de Marte y Venus.

Según Science Magazine, Sak Tahn Waax, traducido como Zorro de pecho blanco, aparece asociado a más de 50 cálculos matemáticos y textos astronómicos conservados en una habitación del yacimiento de San Bartolo-Xultun, en Guatemala.

El hallazgo surgió al revisar dibujos, fotografías y escaneos tratados digitalmente, una labor que permitió distinguir 11 jeroglíficos muy deteriorados. David Stuart, arqueólogo y epigrafista de la Universidad de Texas en Austin, explicó a National Geographic que la secuencia terminaba con la expresión así dice seguida de un nombre personal.

Para Stuart, esa identificación cambia la manera de presentar la ciencia maya, porque permite asociar unos cálculos a una persona real: “Ahora tenemos un nombre”. El investigador comparó la pared con una pizarra antigua llena de anotaciones de trabajo, una imagen que ayuda a entender el uso del espacio.

La tradición científica maya alcanzó un alto nivel sin instrumentos modernos

La habitación había aparecido en 2010, cuando Maxwell Chamberlain, entonces estudiante de la Universidad de Boston, se asomó a un túnel abierto por saqueadores mientras trabajaba con el arqueólogo William Saturno. El pasadizo atravesaba una estancia rectangular decorada con pinturas y textos, que después fue excavada dentro de la estructura 10K-2.

Los objetos recuperados apuntan a que allí se enseñaban matemáticas y se preparaban códices de papel de corteza. National Geographic ya había informado en 2012 de los murales con escribas reales hallados en ese lugar.

Franco Rossi, arqueólogo del MIT y autor principal del artículo, retomó años después una inscripción tenue situada bajo un grupo mayor de jeroglíficos. Tras probar programas capaces de alterar sombras y tonos, reparó en los dos signos finales y entendió que podía estar ante una firma. “Puedes mirar algunos de estos textos para siempre y que no encajen”, contó Rossi.

Franco Rossi detectó una posible firma entre los textos

Ese avance llevó al equipo a revisar el resto de la secuencia y a atribuir los cálculos a Sak Tahn Waax, aunque todavía permanece abierta la posibilidad de que otra persona escribiera la inscripción o de que el nombre identificara al responsable del trabajo.

Las fórmulas describen un periodo de 2.920 días, equivalente a ocho años solares y cinco ciclos de Venus, además de otras divisiones temporales que los mayas seguían con atención. Heather Hurst, arqueóloga de Skidmore College y responsable del proyecto San Bartolo-Xultun, señaló que el contenido carecía de verbos y nombres porque estaba formado por matemáticas puras. “Son unas matemáticas realmente elegantes y complejas”, afirmó. El equipo fechó la fórmula en el año 781 y concluyó que servía para ajustar el calendario maya a los movimientos de Marte y Venus.

Anthony Aveni, arqueoastrónomo de la Universidad de Colgate, destacó que esos cálculos se realizaron sin telescopios, ordenadores ni instrumentos modernos. Su valoración sitúa el hallazgo dentro de una tradición científica que observaba planetas, equinoccios y ciclos temporales, y que después trasladaba parte de ese conocimiento a códices como el de Dresde.

Un ensayo publicado por Science en 2022 ya había recordado que la ciencia occidental tardó hasta el siglo XIX en reconocer la complejidad de esos saberes desarrollados de forma independiente en América.

Sak Tahn Waax entra entre las grandes figuras de la ciencia antigua

El Ministerio de Cultura de Guatemala confirmó que el nombre apareció tras el análisis epigráfico de más de 50 microtextos matemáticos y astronómicos. El ministro Luis Méndez describió el conjunto como una fórmula completa atribuida a Sak Tahn Waax y subrayó que se trata del único trabajo de ese tipo asignado a un matemático del periodo Clásico maya. Gizmodo también recogió el estudio y explicó que la inscripción “así dice Saktahnwaax” podría equivaler a una firma o a una atribución realizada por otra persona.

La identificación permite incluir a Sak Tahn Waax entre los nombres propios de la historia de la astronomía y las matemáticas antiguas, junto a figuras como Pitágoras, Galileo o Newton. Hurst consideró que un solo individuo permite comprender mejor toda una tradición científica, mientras Stuart recordó que hasta ahora la escritura maya había conservado sobre todo nombres de reyes, reinas y figuras políticas.

La pared de Xultun mantiene preguntas pendientes, pero ya ofrece algo que faltaba durante siglos: una persona ligada a los cálculos que ayudaron a medir el tiempo y seguir el movimiento de los planetas.

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