Un bumerán de colmillo de mamut de hace 40.000 años que ni siquiera es australiano reescribe el origen de estas armas
Si el ángulo es el correcto y el giro acompaña, regresa solo. El truco está en cómo se lanza, no en la forma. Porque un bumerán no vuela por arte de magia, sino por física pura: su curvatura, la velocidad y la inclinación marcan la trayectoria. Si todo encaja, la curva se cierra y el objeto vuelve. No ocurre con todos, ni en todos los casos.
Por eso llama la atención que alguien ya manejara los principios del vuelo aerodinámico hace más de 40.000 años en Polonia, y que esa habilidad quedara tallada en marfil en plena Edad de Hielo.
Un colmillo de mamut convertido en una herramienta sofisticada
En 1985, un grupo de arqueólogos polacos descubrió en la cueva de Obłazowa, en los Cárpatos Occidentales, un bumerán de 72 centímetros fabricado a partir del colmillo de un mamut, hallado junto a una falange humana, colgantes de colmillo de zorro y utensilios de asta.
Aunque en un primer momento se pensó que databa de unos 24.000 años, una nueva datación publicada en 2025 por la Universidad de Bolonia y la Universidad Jagellónica de Cracovia en la revista PLOS One ha situado su fabricación entre hace 42.290 y 39.280 años.
La nueva datación se logró sin dañar el bumerán. Sahra Talamo, especialista en radiocarbono, propuso una estrategia alternativa. En declaraciones recogidas por El País, Talamo explicó que “hubiera sido como dañar un Van Gogh o a la Mona Lisa”. En lugar de tomar muestras directas, el equipo analizó huesos de animales y una falange humana que se encontraban en la misma capa del sedimento. Esta técnica, basada en modelado bayesiano, delimitó la antigüedad de la ocupación humana en esa cueva entre 42.810 y 38.550 años.
El diseño no regresaba al lanzador, pero tenía un propósito claro
Aunque comúnmente se asocian a Australia y suelen estar hechos de madera, el de Obłazowa fue tallado en marfil, lo que lo convierte en un caso singular. Las pruebas apuntan a que fue elaborado por un Homo sapiens, en un periodo temprano del Paleolítico Superior, una época clave en la evolución tecnológica y simbólica de nuestra especie. El ADN mitocondrial extraído de la falange cercana permitió confirmar que el hueso pertenecía a un humano moderno. La información genética, sumada al contexto arqueológico, refuerza la hipótesis de que ya existía un pensamiento complejo en esa época.
Las simulaciones llevadas a cabo por el equipo mostraron que el artefacto no gira para regresar, como lo haría un bumerán tradicional. Los investigadores observaron que su estructura es parecida al modelo de Queensland, un tipo diseñado para volar en línea recta. La forma curvada y el acabado indican que se trataba de un objeto trabajado con cuidado. La zona central muestra desgaste, lo que sugiere un uso habitual o repetido. Además, presenta pigmentación rojiza y grabados decorativos.
El entorno del hallazgo también aporta pistas. El bumerán apareció junto a un círculo de piedras grandes que no son comunes en esa región, lo que sugiere una disposición deliberada. Según los autores del artículo, esto refuerza la posibilidad de que su función fuera simbólica. Aunque se han encontrado otros objetos arrojadizos prehistóricos, ninguno presenta estas características ni este nivel de conservación.
El artículo subraya que en ningún otro punto de la cueva se hallaron piezas de marfil, lo que indica que este objeto fue transportado desde otro lugar. Este dato ha llevado a los arqueólogos a interpretarlo como un bien valioso, probablemente cargado de significado. Además de su posible uso funcional, la presencia de decoración y el contexto de hallazgo abren la puerta a una interpretación ceremonial.
Un objeto tan raro y antiguo que obliga a reescribir lo que se sabía
Según los autores del estudio, “este hallazgo es inusual en el registro paleolítico europeo, ya que se cree ampliamente que los cazadores-recolectores aborígenes inventaron los primeros bumeranes hace miles de años como juguetes y armas para sobrevivir en el desafiante entorno australiano”. La existencia de uno tan antiguo en Europa Central transforma esa visión.
Este descubrimiento, por lo tanto, permite matizar lo que se conoce sobre la expansión del pensamiento simbólico en Europa. En palabras del equipo que firma el artículo en PLOS One, “este estudio posiciona al bumerán hallado en la cueva de Obłazowa como potencialmente uno de los especímenes más antiguos de Europa, y posiblemente del mundo, lo que arroja luz sobre las habilidades técnicas y los avances cognitivos de Homo sapiens en la fabricación de estas complejas herramientas”.
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