Los escribas del antiguo Egipto no eran tan perfectos: un papiro muestra cómo ocultaban fallos con una especie de típex

Los artesanos egipcios buscaban orden y también cometían fallos al dibujar

Héctor Farrés

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Los artesanos del antiguo Egipto representaban a sus divinidades para acompañar a los muertos en el más allá y esas imágenes exigían proporciones precisas para transmitir orden y sentido ritual. Sin embargo incluso en ese contexto cuidado el error humano podía aparecer y alterar la forma prevista de un cuerpo o de un atributo.

Cuando una figura no encajaba el artista no siempre descartaba el trabajo sino que buscaba corregir la proporción sobre la propia superficie. Ese tipo de ajuste implicaba aplicar materiales capaces de cubrir el trazo previo sin romper el soporte y permitir rehacer la imagen.

Así se mantenía la escena funcional y coherente con la función funeraria que debía cumplir dentro del conjunto visual. También se garantizaba que el conjunto mantuviera su lectura sin alterar el significado simbólico que guiaba el viaje del difunto en ese recorrido ritual representado en el papiro.

Los artistas corregían figuras sobre la misma superficie sin tirar el trabajo

Un análisis reciente, recogido por el Fitzwilliam Museum de Cambridge, muestra que un papiro del Libro de los Muertos de Ramose incluye una corrección hecha con pigmento blanco. El estudio describe que el material se aplicó sobre una zona ya pintada para modificar la figura sin dañar el soporte.

El trabajo identifica además que esa intervención se hizo en la Antigüedad y no en restauraciones posteriores. La investigación, por lo tanto, permite reconstruir cómo actuó el escriba sobre la superficie del papiro.

Helen Strudwick, curadora de la exposición Hecho en el antiguo Egipto en el Museo Fitzwilliam, detectó la modificación mientras preparaba materiales para la muestra. Al revisar una viñeta, observó que una parte del cuerpo de un chacal había sido cubierta con una capa blanca.

La zona no correspondía a un desgaste ni a una restauración moderna. Strudwick explicó que alguien consideró que el animal estaba “demasiado ancho” y quiso hacerlo más delgado. Esa decisión llevó a intervenir directamente sobre la pintura original.

El papiro se recompuso tras hallarse fragmentado en cientos de piezas

Para confirmar esa sospecha, el equipo recurrió a técnicas de análisis sin contacto. La espectrometría permitió distinguir las capas de material y separar la tinta original del añadido posterior. Con ese método, los investigadores identificaron el pigmento blanco y reconstruyeron la secuencia de intervención. Además, la fotografía infrarroja de luz transmitida dejó ver el dibujo inicial oculto bajo la capa blanca, donde aparecía un chacal con un cuerpo más robusto pintado en negro.

El documento pertenece a la colección del Museo Fitzwilliam y forma parte del conjunto de textos funerarios del Imperio Nuevo. Está asociado a Ramose, un alto funcionario que aparece mencionado en el propio papiro.

Las pruebas técnicas revelan el dibujo oculto bajo la capa añadida

El rollo se descubrió en 1922 en una tumba excavada por Flinders Petrie en Sedment. En ese momento, el material estaba fragmentado en cientos de piezas. En 2006, los conservadores lograron limpiar, hidratar y recomponer gran parte del conjunto, que en origen superaba los 20 metros de longitud.

El hallazgo encaja con una idea distinta sobre cómo se elaboraban estos documentos. Durante mucho tiempo se pensó que los papiros funerarios se ejecutaban sin espacio para rectificar. Sin embargo, este caso muestra que el proceso admitía cambios sobre la marcha. Cuando surgía un fallo, el trabajo no se descartaba. El escriba podía actuar sobre la superficie y ajustar la imagen sin empezar de nuevo.

Los análisis identifican materiales minerales usados para tapar el error

El material utilizado para cubrir el error se ha identificado como una mezcla mineral. Los análisis apuntan a la presencia de calcita y huntita, con pequeñas cantidades de orpimento. Esa combinación ofrecía una capa opaca capaz de tapar el negro original y crear una base apta para repintar. El procedimiento recuerda al uso de correctores actuales, aunque adaptado a los recursos disponibles en el antiguo Egipto.

La intervención se aprecia en una escena en la que Ramose aparece junto a una deidad con forma de chacal. Esa figura no es Anubis, sino Wepwawet, una divinidad relacionada con la apertura de caminos y la guía de los muertos en el inframundo.

El artista modificó el contorno del animal aplicando capas blancas sobre el cuerpo original para estrechar su silueta. Bajo esa corrección sigue presente el dibujo inicial, que se recupera con las técnicas actuales.

La capa clara incluía calcita y huntita con algo de orpimento, lo que permitía cubrir el negro previo y crear una base lista para volver a pintar encima

El caso abre una línea de trabajo para revisar otros documentos similares. Strudwick ha identificado indicios de correcciones en papiros como el de Nakht en el British Museum o el de Yuya en el Museo Egipcio de El Cairo. Muchas de esas intervenciones habían pasado desapercibidas hasta ahora. El uso de métodos de análisis permite detectar esas modificaciones y entender mejor cómo trabajaban los escribas.

En piezas complejas como este papiro, corregir sobre el propio soporte evitaba rehacer todo el documento. Esa decisión ahorraba tiempo y recursos en un proceso que podía implicar textos extensos e imágenes detalladas. La presencia de estas modificaciones muestra, por lo tanto, que la elaboración de los papiros no era un procedimiento cerrado, sino un trabajo en desarrollo donde se tomaban decisiones sobre la marcha.

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