Así fue como el Grinch robó realmente la Navidad
El sonido de los cascabeles se mezcló con el crujido de la nieve mientras una figura delgada y verde descendía por las calles del pueblo. Entre las sombras, el Grinch empujó un trineo cargado con sacos y cuerdas, mirando con atención cada ventana iluminada. En cada casa abría los cajones, desmontaba adornos y arrancaba las guirnaldas con movimientos rápidos y secos. Max, su perro, resoplaba bajo el peso del arnés que lo convertía en reno. Aquella alegría debía acabarse.
El aire frío le helaba las manos, pero el Grinch continuó apilando juguetes y comida en su carga hasta que todo el pueblo quedó vacío de luces y regalos. Al alejarse por el camino nevado de vuelta a su cueva en lo alto de su cueva, creyó haber logrado borrar la Navidad de Villaquién.
El rechazo hacia la alegría ajena empuja al protagonista a aislarse en la montaña
Desde hacía tiempo, el Grinch vivía aislado en la cima del Monte Crumpit, donde observaba con fastidio cómo los Quién decoraban las calles, cantaban y preparaban cada diciembre su banquete. La felicidad de los demás le resultaba insoportable, y esa envidia silenciosa fue creciendo hasta convertirse en rabia. Convencido de que la causa de su desdicha era el bullicio del pueblo, decidió que si conseguía arrebatar todos los símbolos de la fiesta también acabaría con su alegría. Así, movido por la amargura, trazó un plan para robar la Navidad.
En la víspera de la celebración cosió un abrigo y un sombrero rojos, se disfrazó de Santa Claus y colocó un cuerno falso en la cabeza de Max para hacerlo pasar por reno. Cargó un viejo trineo con sacos vacíos y descendió en silencio por la ladera mientras los habitantes dormían. Su idea era simple: entrar por las chimeneas y llevarse todo lo que recordara a la Navidad.
En cada hogar se deslizaba sin ruido, arrancaba las medias colgadas, las luces, las coronas y los árboles. También vaciaba las cocinas, robando dulces, pudines y hasta la última lata de Quién-chocolate. Solo una niña estuvo a punto de descubrirlo, pero consiguió engañarla antes de seguir con su saqueo.
Cuando terminó, arrastró el trineo lleno de regalos y adornos hasta la cumbre, convencido de que al amanecer los Quién despertarían entre lágrimas. Pero al escuchar los cantos del pueblo, comprendió que ni los juguetes ni las luces eran el origen de aquella felicidad. Su corazón, descrito en el cuento como “dos tallas más pequeño”, se ensanchó y lo llevó a devolver todo lo robado.
La versión televisiva de 1966 convirtió el relato en un símbolo de la Navidad en Estados Unidos. Dirigida por Chuck Jones, se emitió por primera vez en la cadena CBS el 18 de diciembre de aquel año. El animador amplió el papel de Max y añadió canciones, con himnos compuestos en “latín seussiano”, para alcanzar la duración necesaria
La producción, que requirió más de 15.000 dibujos y un año de trabajo, adaptó íntegramente el texto original. La narración corrió a cargo de Boris Karloff, mientras que la música reforzó el tono moral de la historia. La emisión alcanzó casi 38 millones de espectadores y consolidó al Grinch como figura popular.
Las versiones cinematográficas amplían el alcance a públicos más jóvenes
La publicación del libro en 1957 por Random House fue el punto de partida del fenómeno. Theodor Seuss Geisel, conocido como Dr. Seuss, escribió la obra en pocas semanas, aunque confesó haber tardado más en resolver el final para evitar un mensaje moral explícito. El autor tenía entonces 53 años, la misma edad que atribuyó al protagonista en el texto. El cuento, compuesto en versos rimados, reflejaba su crítica a la comercialización de la Navidad y su preocupación por la pérdida de sentido de la celebración. Con el tiempo, se convirtió en una lectura habitual de esas fechas.
Las adaptaciones cinematográficas extendieron su fama a nuevas generaciones. En 2000, el director Ron Howard llevó la historia al cine en una versión con actores, con Jim Carrey en el papel principal. La película recaudó más de 349 millones de dólares y se convirtió en una de las producciones navideñas más vistas de la historia. En 2018, una nueva versión animada producida por Universal Pictures y protagonizada por las voces de Benedict Cumberbatch y Rashida Jones alcanzó una recaudación mundial cercana a 541 millones, situándose como la más taquillera de todas las películas de Navidad.
Uno de los elementos más recordados de la versión televisiva fue la canción You’re a Mean One, Mr. Grinch. Su intérprete, el actor y bajo Thurl Ravenscroft, no recibió crédito en la primera emisión, lo que llevó a Geisel a disculparse personalmente y a contactar con la prensa para reconocer su participación. Con ese gesto, el creador de la historia demostró la importancia de dar visibilidad a quienes contribuyeron a convertir al Grinch en un símbolo de las fiestas.
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