La investigación sobre una planta de 400 millones de años descubre un tipo de agua tan singular que desafía las clasificaciones actuales
El clima prehistórico de la Tierra se caracterizó por cambios prolongados en temperatura y humedad que no dejaron registros escritos ni instrumentales. Ese clima se reconstruye a partir de huellas indirectas, como sedimentos, fósiles o composiciones químicas conservadas en materiales antiguos. Las condiciones variaron entre periodos muy húmedos y fases secas, con oscilaciones que afectaron a la vegetación y a la disponibilidad de agua. También influyeron procesos como la evaporación intensa en regiones áridas y la circulación atmosférica distinta a la actual.
Estas variables se conocen de forma fragmentaria, porque los indicadores conservados suelen ser escasos y difíciles de interpretar. Esa limitación hace necesaria la identificación de registros físicos que permitan medir humedad y comportamiento del agua en épocas muy remotas.
La falta de registros obligó a buscar indicadores físicos muy concretos
Un equipo de la Universidad de Nuevo México publicó un estudio que identificó en los equisetos un fraccionamiento extremo de isótopos de oxígeno que permite reconstruir la humedad y el clima de la Tierra prehistórica a partir de registros vegetales fósiles. El trabajo demostró que el agua que circula por estas plantas adquiere una composición isotópica fuera de los rangos habituales en la Tierra. Esa señal química conserva información sobre evaporación y humedad ambiental. El hallazgo abre la posibilidad de medir condiciones climáticas antiguas con un nivel de detalle que no estaba disponible.
El equipo recogió muestras de equisetos lisos a lo largo del río Grande, en Nuevo México, y analizó el agua contenida desde la base hasta la parte superior de cada tallo. Las mediciones mostraron una evolución progresiva de los isótopos de oxígeno conforme el agua ascendía por la planta. En la zona superior, los valores alcanzaron niveles que antes se habrían descartado como errores analíticos. El seguimiento vertical permitió asociar esos cambios a la pérdida continua de agua por evaporación a lo largo del tallo.
Los resultados se presentaron en una conferencia internacional de geoquímica celebrada en Praga. Allí se expuso que las proporciones medidas coincidían con las observadas en algunos meteoritos. Zachary Sharp, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias y director del trabajo, explicó durante esa presentación que “si encontrara esta muestra diría que procede de un meteorito”. Esa comparación puso de relieve hasta qué punto el proceso observado amplía los límites conocidos del fraccionamiento isotópico en la Tierra.
Los fitolitos permiten conservar señales climáticas durante milenios
El estudio también analizó el potencial de los equisetos fósiles. Estas plantas, que en el pasado alcanzaron alturas de hasta 30 metros, generan estructuras microscópicas de sílice llamadas fitolitos, que pueden conservar durante millones de años la señal isotópica del agua. Según Sharp, “estos registros permiten reconstruir la humedad ambiental de épocas muy antiguas”. De ese modo, los fitolitos funcionan como indicadores físicos de humedad en periodos sin registros directos.
El descubrimiento mostró que los equisetos actúan como destiladores naturales extremos. La estructura hueca del tallo y la pérdida continua de agua producen una separación muy marcada entre isótopos ligeros y pesados. Ese mecanismo explica por qué se generan valores que antes parecían incompatibles con procesos terrestres. El comportamiento observado, por lo tanto, resuelve las dudas previas sobre mediciones anómalas en plantas de zonas desérticas.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, se suma a otras aportaciones de la Universidad de Nuevo México en geociencias. La identificación de este registro vegetal permite avanzar en la reconstrucción de climas del pasado profundo. Con ello se amplía el conjunto de herramientas disponibles para entender cómo funcionaban los sistemas climáticos de la Tierra mucho antes de la presencia humana.
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