Descubren una nueva especie de pingüino en la Antártida por primera vez en un siglo
Durante años, los científicos han tenido un intenso debate sobre si había diferentes especies de los llamados pingüinos papúa. Ahora, un equipo internacional de investigadores de Chile, Brasil y Estados Unidos asegura haberlo resuelto con el descubrimiento de una nueva especie de pingüino en la región antártica. El hallazgo supone la primera identificación de una nueva especie de este tipo en aproximadamente cien años.
La nueva especie ha sido denominada Pygoscelis kerguelensis y habita en las islas Kerguelen, un remoto archipiélago del océano Índico austral. El descubrimiento ha sido publicado en la revista científica Nature Communications Biology y está liderado por la investigadora chilena Daly Noll, vinculada a la Universidad Andrés Bello y la Universidad de Chile.
Un debate abierto desde hace décadas
La clasificación de los pingüinos papúa llevaba décadas generando discusión entre biólogos y expertos en evolución, y pese a que tradicionalmente se consideraban parte de una misma especie, algunos investigadores sospechaban que determinadas poblaciones aisladas habían evolucionado de forma independiente hasta convertirse en especies diferentes.
Ahora, este nuevo estudio aporta pruebas genéticas y físicas que apuntan precisamente a esta segunda opción. Los científicos analizaron el genoma completo de 64 ejemplares procedentes de distintas colonias repartidas por el Atlántico Sur, el océano Índico y la Antártida. Además, compararon características como el plumaje, la alimentación, los hábitos reproductivos y el comportamiento de las aves. Los resultados muestran que el grupo de las islas Kerguelen presenta diferencias genéticas suficientemente importantes como para ser considerado una especie separada, principalmente forzado por el aislamiento geográfico, que ha sido clave en este proceso evolutivo.
Sobre esto, el estudio también revela que hay distintas poblaciones de pingüinos papúa que han desarrollado adaptaciones específicas según el entorno en el que viven. Los ejemplares del sur, conocidos como Pygoscelis ellsworthi y asentados en la Antártida, presentan genes relacionados con la generación de calor corporal y el almacenamiento de grasa, fundamentales para sobrevivir en ambientes polares extremos.
Por otro lado, las poblaciones del norte, como Pygoscelis taeniata, que viven en aguas más cálidas y saladas cerca de islas subantárticas, desarrollaron adaptaciones vinculadas a la digestión y a la actividad muscular y cardíaca, lo que facilita la búsqueda constante de alimento.
Los investigadores explican que estos animales suelen regresar siempre a las mismas colonias para reproducirse y rara vez se alejan demasiado de ellas. Ese comportamiento habría favorecido la especiación, es decir, la aparición gradual de especies distintas a partir de un ancestro común.
Una nueva especie pero las mismas amenazas
El descubrimiento tiene riesgos también para su conservación. La bióloga brasileña Juliana Vianna, participante en la investigación y profesora de ecosistemas y medio ambiente en la Universidad Andrés Bello, ha advertido de que esta nueva especie comparte los mismos peligros que amenazan al resto de pingüinos de la región. Entre ellos destacan el calentamiento de los océanos, la pérdida de hábitat, la expansión de especies invasoras y el impacto de la pesca comercial.
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