Monos capuchinos secuestran a crías de otra especie por “aburrimiento”, un comportamiento que descoloca a los científicos
En la tranquila isla Jicarón, en el Parque Nacional Coiba de Panamá, siempre han convivido sin problemas los monos capuchinos cariblancos (Cebus capucinus imitator) y los monos aulladores (Alouatta palliata coibensis), cuyo nombre hace referencia a sus fuertes aullidos, que se pueden escuchar casi a cinco kilómetros de distancia. No existe ninguna fuente de conflicto porque sus dietas son diferentes y no están obligados a competir por la comida.
Sin embargo, un grupo de científicos observó recientemente un comportamiento nada habitual y no documentado hasta la fecha: algunos de los monos capuchinos machos inmaduros, que también utilizaban piedras como herramientas, se dedicaban a secuestrar a crías de monos aulladores, según quedó recogido por las cámaras instaladas en la isla.
Este comportamiento descolocó a los científicos del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB) y del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), que han analizado los motivos de su comportamiento hasta llegar a una desconcertante conclusión: lo más probable es que actúen así por “aburrimiento”.
Para documentar esto, instalaron cámaras trampa alrededor de la isla para observar este y otros comportamientos. El primer avistamiento fue este mes de enero, pero los investigadores no sabían si era “un caso aislado o algo más grande”. Registraron cuatro secuestros de crías de aulladores diferentes que eran cargadas por el mismo individuo, un macho inmaduro del grupo que usaba herramientas y que los investigadores llamaron Joker.
Secuestro por “aburrimiento”
“Al principio, pensamos que podría ser adopción”, explica la investigadora del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, Zoë Goldsborough. Sin embargo, pronto descartaron esta teoría porque el cuidado siempre corresponde a las hembras y se trataba de un macho. Incluso pensaron que era un comportamiento aislado y puntual, descartando que se volviera a reproducir pasado el tiempo.
Sin embargo, cinco meses después, los investigadores descubrieron imágenes y videos de más bebés aulladores siendo transportados. Esta vez no era solo Joker, sino que otros capuchinos machos jóvenes también llevaban crías de aulladores. Estos estaban imitando el comportamiento del primero.
Los científicos volvieron a revisar las imágenes en el lapso de 15 meses y la sorpresa fue aún mayor: 11 monos aulladores bebés fueron secuestrados por monos capuchinos machos juveniles o sub-adultos por períodos de hasta nueve días. Esto se evidencia en la respuesta de los padres aulladores, que fueron vistos o escuchados en cámara llamando a sus bebés desaparecidos desde los árboles cercanos.
Y las crías terminaban muriendo tras esa sustracción: “Lo que vemos de los bebés aulladores que murieron, es que todos fueron cargados hasta que se volvieron demasiado débiles para aferrarse, luego a menudo eran llevados en la mano del capuchino por un poco más, y algunos incluso después de morir durante un día más o menos. Solo podemos suponer que lo mismo les sucedió a los otros bebés, y que finalmente fueron dejados en algún lugar una vez que estaban muertos o cerca de morir”.
Si no hay disputa por la comida, tampoco buscan criarlos ni obtienen una ventaja al respecto, ¿por qué los monos capuchinos de esta isla secuestran a crías de otra especie? Los investigadores creen que lo hacen por aburrimiento. “Esta nueva tradición nos muestra que la necesidad no tiene por qué ser la madre de la invención. Para un mono muy inteligente que vive en un entorno seguro, tal vez incluso poco estimulante, el aburrimiento y el tiempo libre podrían ser suficientes”, señala la directora general del MPI-AB y una de las fundadoras de este proyecto, Meg Crofoot.
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