Este pueblo aragonés alberga cerros, pinares pero, sobre todo, fuentes: casi tantas como habitantes

Cada fuente tiene una historia propia y los habitantes conocen con precisión cuál es la más apropiada para cada necesidad del día a día

Alberto Gómez

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En plena sierra de Javalambre un curioso viajero puede descubrir Camarena de la Sierra, pueblo de la provincia de Teruel con un patrimonio natural… asombroso. Esta localidad aragonesa, situada a 1.294 metros de altitud, es conocida como “el pueblo de las cien fuentes” por su gran riqueza hídrica. Con una población actual cercana a los 150 habitantes, este municipio ofrece una de las estampas más auténticas y hermosas de todo Aragón. Sus calles y senderos están impregnados por el sonido constante del agua, un elemento vital que define la esencia misma de este paraíso. Los viajeros que llegan hasta aquí descubren una armonía perfecta entre la arquitectura tradicional de montaña y los extensos pinares que rodean el casco urbano. 

Es por ello que Camarena de la Sierra es un destino idóneo para quienes desean escapar del ruido de las ciudades y conectar con una atmósfera de paz absoluta y naturaleza viva. La comarca de Gúdar-Javalambre protege en este término un tesoro donde la pureza del agua y el aroma de los pinos son protagonistas. Camarena de la Sierra invita a detener el reloj y disfrutar de un entorno donde la vida fluye al ritmo pausado de sus manantiales. El relieve de la zona es notablemente agreste, con desniveles que alcanzan los 700 metros entre las zonas de huerta y las cumbres circundantes. El municipio se encuentra rodeado por imponentes formaciones como el pico Javalambre, que llega a los 2.020 metros, y el cerro Cavero de 1.985 metros.

Hacia el oeste se alza la loma de San Pablo, mientras que por el sur dominan montañas como el Pico Calderón y La Zamarrilla. Estos cerros actúan como muros naturales que abrazan un valle abierto gracias a la erosión milenaria provocada por el curso del río Camarena. Los densos pinares cubren gran parte del territorio, ofreciendo un refugio de biodiversidad fundamental para el equilibrio ecológico de la sierra de Teruel. Recorrer sus parajes supone atravesar paisajes de ensueño donde el terreno montañoso supone un reto constante para los excursionistas y amantes del aire libre. La pureza del aire y la escala de los relieves cercanos crean un escenario espectacular para realizar todo tipo de travesías por la montaña. Se trata de un ecosistema singular donde la geología de la provincia muestra su cara más salvaje y a la vez acogedora para el visitante.

La pureza del agua está garantizada por los acuíferos profundos de la sierra, que actúan como un filtro natural para cada gota que brota

El mencionado nombre popular de la villa tiene su origen en los abundantes manantiales alimentados por los caudales de los ríos Camarena y Riodeva. Entre las fuentes más apreciadas por los visitantes destacan la de Agua Buena, la Fuente Blanquilla, el Zarcillo y la conocida Fuente de Matahombres. No se quedan atrás otros puntos emblemáticos como la Fuente del Peral, la de las Salinas, la de Lázaro o la gélida Fuente del Hielgo. Cada fuente tiene una historia propia y los habitantes locales conocen con precisión cuál es la más apropiada para cada necesidad del día a día. La temperatura del agua se mantiene sorprendentemente fría, con una media de ocho grados que ofrece un alivio refrescante durante los meses de verano. Durante el invierno, las bajas temperaturas transforman estos caños en bellas esculturas de hielo que decoran los rincones más sombríos de la sierra. 

Son tan numerosas las diferentes fuentes que una de las curiosidades más llamativas de Camarena es que posee casi tantas como personas figuran en su padrón municipal. Los registros oficiales más recientes del año 2024 indican que la localidad tiene una población censada de tan solo 142 habitantes permanentes. Esta proporción equilibrada entre residentes y manantiales convierte al municipio en un caso singular y digno de estudio dentro de la región aragonesa. Existen fuentes de múltiples formas, desde sencillos grifos en mitad del bosque hasta monumentos ornamentales con varios caños situados en las plazas. 

El motor del pueblo

Los vecinos mantienen una relación estrecha con estos puntos de agua, utilizándolos como espacios de socialización y nodos fundamentales de la memoria colectiva. Históricamente, el agua ha sido el motor de la vida local, sirviendo no solo para el consumo sino también para labores tradicionales en los lavaderos. Esta abundancia es vista como una bendición que ha permitido el desarrollo de la comunidad en un entorno de montaña a veces muy riguroso. Es fascinante imaginar que prácticamente casi cada vecino podría disponer de su propia fuente natural dada la densidad de estos afloramientos de agua cristalina.

Las propiedades de estas aguas trascienden la simple hidratación, ya que muchas son famosas por sus efectos beneficiosos para la salud desde hace décadas. El balneario local, vinculado a la Fuente de los Baños, ofrece remedios para dolencias digestivas y problemas biliares desde su fundación oficial en 1891. En épocas pasadas, el producto etiquetado como “Agua de Camarena” era un artículo de prestigio que se podía encontrar en farmacias de todo el país. El recinto contaba incluso con un hotel de gran lujo que atraía a visitantes ilustres interesados en las virtudes curativas de sus manantiales mineromedicinales. 

Aunque hoy su actividad se concentra en el periodo estival, el balneario sigue siendo uno de los motores turísticos y de bienestar de la zona. La pureza del agua está garantizada por los acuíferos profundos de la sierra, que actúan como un filtro natural para cada gota que brota. Disfrutar de esta tradición termal permite al visitante actual conectar con un legado de curación que ha definido la historia social del municipio. El uso de los recursos hídricos para la salud es un ejemplo de cómo Camarena ha sabido valorar y potenciar su tesoro más preciado. El legado histórico y monumental de la villa es igualmente reseñable, destacando con luz propia la imponente iglesia parroquial dedicada a San Mateo. Su construcción data de la segunda mitad del siglo XVII y sigue la tipología de las iglesias turolenses de una sola nave con capillas. El interior sorprende por su rica decoración barroca, con estucos de angelotes y motivos frutales que se complementan con esgrafiados del siglo XVIII. 

Además de su oferta diurna, Camarena presume de cielos nocturnos excepcionales, carentes de contaminación lumínica y perfectos para la observación astronómica. Es un enclave privilegiado para tocar las estrellas y contemplar el universo desde uno de los puntos más oscuros y puros de toda la península. Visitar Camarena de la Sierra garantiza una inmersión completa en la cultura del agua y satisface tanto a buscadores de emociones como a quienes anhelan el silencio.

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