De origen musulmán, en este imponente castillo aragonés hubo un cementerio, huertos o un albergue y hoy es Bien de Interés Cultural

Con el paso del tiempo la fortificación dejó de ser un palacio residencial para convertirse en un puesto militar defensivo

Alberto Gómez

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Al llegar a la villa de Benabarre, en la provincia de Huesca, destaca de forma inmediata la silueta de su fortaleza, un castillo desde el que es fácil contemplar todo el paisaje local. Este conjunto monumental, también conocido como el castillo de los Condes de Ribagorza, es oficialmente Bien de Interés Cultural por su gran valor. El imponente edificio se sitúa estratégicamente sobre un cerro alargado que ofrece una posición defensiva inexpugnable por su lado norte. Desde su altura, los muros y la iglesia de la fortificación actúan como un hito visual y núcleo a partir del que creció la población en la ladera. Es un auténtico archivo en piedra que permite arrojar luz sobre la historia de esta zona de Huesca a través de los siglos. 

Actualmente, el recinto es de propiedad municipal y se ha convertido en un auténtico reclamo turístico para Aragón. Su acceso permite disfrutar no solo del patrimonio arquitectónico sino también de las impresionantes vistas que ofrece. Es un lugar donde el silencio de las piedras narra crónicas de reyes, condes y soldados que lucharon por esta plaza. Y es que los orígenes de este bastión se remontan a finales del siglo X o principios del XI bajo dominio musulmán. En aquel entonces, el lugar era conocido como un emplazamiento fortificado llamado Ibn Awar, nombre histórico. La historia cambió de rumbo drásticamente en el año 1062, cuando el rey aragonés Ramiro I conquistó la plaza. Tras la toma cristiana, el monarca ordenó la edificación de un nuevo castillo con el objetivo de asegurar la posición fronteriza. 

De esta época temprana se conserva la defensa perimetral del cerro que cuenta con diversos cubos de muralla de sección rectangular. El esfuerzo por consolidar el territorio llevó a la construcción de una primitiva iglesia de estilo románico dentro del recinto de muros. La estructura original aprovechaba la plataforma rocosa natural para elevar una torre cuadrada que servía como punto principal de vigilancia. Con el tiempo, la sociedad cristiana fue asimilando la herencia islámica, lo que se reflejó en el desarrollo de los espacios locales. La importancia política de Benabarre se consolidó definitivamente en 1322 por Jaime II. El monarca decidió conceder el título de conde de Ribagorza a su hijo don Pedro de Aragón, quien fijó su centro. De esta forma, la villa se convirtió en la capital oficial del condado y el castillo pasó a ser la residencia oficial condal. 

El castillo se ha convertido en un reclamo turístico para Aragón

Bajo el mandato del infante Pedro, la fortaleza sufrió importantes transformaciones para adaptarse a palacio administrativo. Fue un periodo de esplendor donde el castillo no solo era una defensa militar, sino también un símbolo del prestigio. La vida cortesana y las decisiones políticas que afectaban a todo el territorio se gestionaban desde sus salones. Sin embargo, esta autonomía condal terminaría en 1596, cuando Felipe II lo incorporó. A pesar del cambio administrativo, Benabarre mantuvo su estatus como capital, conservando el castillo su papel central. El edificio sigue siendo hoy el testimonio más tangible de aquel tiempo en que los condes gobernaban estas tierras.

Arquitectónicamente, lo que hoy vemos en el cerro es el resultado de la superposición de tres recintos fortificados. El complejo monumental integra transformaciones que van desde los vestigios islámicos hasta las adaptaciones militares. En el recinto superior, que es el más antiguo de todos, se conservan restos de una torre cuadrada y paredones. El recinto inferior alberga los restos de la arquitectura religiosa, destacando la evolución desde el románico al gótico. Además de las murallas, el conjunto cuenta con una cisterna o aljibe de planta rectangular que suministraba agua. El trazado del castillo es asimilable a un rectángulo de unos 100 metros por 50, con bastiones en las esquinas. A lo largo de los siglos, esta fortaleza de Huesca ha tenido usos diversos como campanario, cementerio, huertos y albergue. También funcionó como torre de vigilancia aérea en tiempos más recientes, demostrando la versatilidad de sus muros. Cada estrato de piedra revela una función distinta, convirtiendo al conjunto en un manual vivo de la vida de montaña.

Fuerte militar

La vertiente religiosa del castillo es igualmente fascinante, pues cuenta con la presencia de dos iglesias en la villa. Originalmente se construyó un templo de estilo románico en el siglo XII que contaba con naves para su comunidad. No obstante, a mediados del siglo XIV, el conde don Pedro de Aragón ordenó edificar una iglesia gótica mayor. Este imponente templo, dedicado a Santa María de Valdeflores, se levantó directamente sobre la antigua estructura. La iglesia gótica contaba con una gran torre de sillería que servía como campanario y fue recrecida en el siglo XV. El acceso a este recinto sagrado se realizaba a través de una puerta en arco apuntado de la cual se conserva un tramo. Lamentablemente, en el siglo XIX, la iglesia gótica fue parcialmente desmontada para la nueva parroquia. Los restos que quedaron en el castillo fueron adaptados después como un pabellón militar de dos pisos para tropas. A pesar del desmantelamiento, el arco del coro fue trasladado al piso superior, preservando la elegancia medieval.

La posición estratégica de Benabarre convirtió al castillo en escenario de batallas durante los grandes conflictos bélicos, como la Guerra de Sucesión, la Guerra de la Independencia y, de manera especial, en las Guerras Carlistas. Estas contiendas marcaron profundamente el diseño del edificio, que se adaptó a las nuevas formas de guerra moderna. La fortificación dejó de ser un palacio residencial para convertirse en un puesto militar defensivo de todo el territorio. Sin embargo, bajo esa piel de fuerte militar moderno, el edificio conserva gran parte de su etapa como palacio condal. Los muros en talud y el trazado quebrado son testimonios de la evolución de las técnicas defensivas ante la artillería. En cualquier caso y tras veinte años de esfuerzos constantes, este imponente castillo de Aragón fue inaugurado oficialmente en 2011 y hoy en día luce restaurado y adaptado para que el público pueda recorrer sus instalaciones con tanta curiosidad como seguridad.

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