Las hayas de este bosque, rodeado de leyendas, crecen de una forma tan original que parecen candelabros
El bosque de hayas de Otzarreta parece, sencillamente, un escenario rescatado de un cuento de hadas. Situado dentro del Parque Natural de Gorbeia, concretamente en la vertiente vizcaína, este bosque centenario sorprende a todo aquel que lo visite. Lo que hace a este paraje verdaderamente único es la peculiar formación de sus hayas, cuyas ramas apuntan verticalmente hacia el cielo en lugar de expandirse de forma horizontal. El murmullo del arroyo Zubizabala, que cruza sinuoso el terreno creando meandros imposibles, completa una atmósfera de fantasía absoluta. Es un espacio de dimensiones reducidas que se recorre en apenas quince minutos, pero su densidad visual invita a una observación pausada. La luz se filtra entre las ramas mientras el musgo protege las raíces como si guardara un secreto antiguo. En este rincón de la provincia de Bizkaia, la naturaleza y la intervención humana histórica se funden en un abrazo visual inolvidable.
La fisonomía de estos árboles, conocidos como hayas trasmochas, no es producto del azar, sino del trabajo secular de los antiguos carboneros vascos. Estos artesanos del bosque podaban las guías principales a unos pocos metros del suelo para favorecer el crecimiento de ramas verticales. Esta técnica permitía obtener leña y carbón vegetal de forma periódica sin necesidad de talar el árbol por completo. Con el paso de las décadas, las hayas adquirieron esa forma de candelabro o mano gigante que hoy tanto fascina a los visitantes. El oficio de carbonero, hoy prácticamente extinguido, fue el verdadero arquitecto de esta geografía humanizada que ahora consideramos natural. Al podar las ramas cada quince años aproximadamente, se moldeaba una estructura que permitía alimentar las ferrerías y la industria metalúrgica local.
Hoy, esos troncos gruesos de hasta tres metros de perímetro son el testimonio vivo de una industria forestal desaparecida. Sin la mano del hombre, este bosque tendría un aspecto radicalmente distinto al que hoy atrae a miles de personas. Aunque parezca un bosque primitivo, Otzarreta es en realidad un paisaje de laboratorio cuya historia se remonta a unos dos siglos atrás. Los documentos históricos revelan que antes de ser llamado bosque, este lugar era simplemente conocido como el monte, fuente de trabajo y negocio. Las hayas que vemos hoy fueron plantadas inicialmente en semilleros durante tres años antes de pasar por viveros especializados. Fue un diseño consciente para crear una fábrica de madera y combustible en un embudo natural privilegiado del parque. La madera de estos montes no solo alimentaba hogares, sino que también fue crucial para la construcción de galeones en astilleros vascos. Incluso la famosa Cruz de Gorbeia tiene vínculos con los talleres donde se trabajaba la madera de estas zonas forestales.
Durante los meses de otoño e invierno, el suelo se transforma en una alfombra rojiza de hojas caídas que oculta las irregularidades del terreno. Las raíces musgosas sobresalen de esta manta como venas verdes, creando un contraste cromático que hipnotiza. Si el día amanece con niebla, el bosque parece bajar el volumen del mundo exterior, dejando solo el murmullo del agua. Es en ese ambiente místico donde el verdor intenso del musgo que trepa por los troncos parece cobrar vida propia. Los rayos de sol, cuando logran atravesar la bruma, recortan las siluetas de los troncos y tiñen el ambiente de tonos dorados. Este espectáculo visual convierte a Otzarreta en uno de los espacios más fotografiados de todo Euskadi. Cada rincón del bosque invita a detenerse, a respirar el aire húmedo y a buscar la composición fotográfica perfecta.
Caminar entre las hayas trasmochas de Otzarreta despierta inevitablemente ecos de la rica mitología y el folklore de Euskadi. Para muchos visitantes, la atmósfera densa y las formas caprichosas de los árboles sugieren que en cualquier momento podrían aparecer lamias o ireltxos. El aura mística del lugar ha sido aprovechada incluso por artistas locales para producciones audiovisuales que exploran leyendas tradicionales. Gontzal Mendibil, por ejemplo, eligió este escenario para grabar un vídeo sobre el Olentzero, el carbonero más famoso de la cultura vasca. La conexión entre el oficio real de los carboneros y los seres fantásticos del bosque se vuelve palpable bajo la sombra de las hayas. Además, el Gorbeia es uno de los cinco montes bocineros desde donde antiguamente se convocaba a Juntas Generales. Los sonidos de los cuernos y las hogueras en las cumbres cercanas añadían otra capa de solemnidad a estas tierras.
La creciente popularidad de este rincón ha generado centenares de visitantes, incluyendo grupos de fotógrafos extranjeros, que acuden especialmente durante los fines de semana otoñales. Esta situación ha generado cierta preocupación en la localidad de Zeanuri, cuyos vecinos ven cómo su entorno se transforma. El fenómeno recuerda a otros lugares emblemáticos de la zona que han sufrido procesos similares de saturación turística acelerada. De ahí que se recomiende visitar el hayedo durante los días laborables, para poder apreciar el silencio y la verdadera esencia del lugar. A pesar de ser un espacio natural abierto, su fragilidad requiere un comportamiento respetuoso y consciente por parte de todos. Mantenerse en las orillas del arroyo y no saltar constantemente entre riberas ayuda a preservar el cauce y evitar accidentes.
Anfibios, corzos, ciervos y jabalíes
Llegar a este paraíso vizcaíno es sencillo a través de la carretera N-240, que conecta las ciudades de Bilbao y Vitoria-Gasteiz. Durante el paseo, de unos siete kilómetros, los visitantes pueden disfrutar de la flora y fauna típicas de la zona. El Humedal de Saldropo ofrece un complemento perfecto con sus paneles interpretativos sobre la vida en los ecosistemas húmedos. Sin embargo, se advierte que las pistas son estrechas, por lo que no son recomendables para autocaravanas de gran tamaño. Llevar calzado con buen agarre es fundamental, ya que el barro es un compañero habitual en estas tierras húmedas.
Desde el punto de vista ecológico, el entorno del Gorbeia destaca por ser uno de los espacios con mayor riqueza natural de Euskadi. El Hayedo de Otzarreta, aunque de pequeñas dimensiones, es el hogar de diversas especies de anfibios que encuentran refugio en su humedad. También es posible avistar corzos, ciervos y jabalíes en las inmediaciones del bosque y del humedal circundante. La técnica del trasmochado ha creado un hábitat particular donde los árboles huecos sirven de nido para numerosas especies. Es importante recordar que en la zona suele haber ganado suelto, como vacas y caballos, por lo que los perros deben ir atados. Para obtener una información más profunda sobre el parque, se recomienda visitar el centro de interpretación de Areatza. En definitiva, se trata de un testamento vivo de la historia social y económica de Bizkaia, una joya lumínica donde el tiempo parece haberse detenido, permitiendo que la fantasía y la realidad se crucen en cada rincón musgoso.
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