Sorpresa en Soria: aparece una copa romana del norte britano enumera fortalezas del Muro de Adriano

El objeto recuperado en una localidad soriana permite relacionar aquel destino militar lejano con el interior peninsular

Héctor Farrés

28 de abril de 2026 14:52 h

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Un territorio lleno de incursiones y choques constantes obligó a Roma a levantar una barrera que fijara hasta dónde llegaba su control. El Muro de Adriano surgió como respuesta a esa presión en el norte de Britania, donde los pueblos que vivían más allá de la zona romanizada realizaban ataques y no aceptaban la autoridad imperial. La estructura, ordenada por el emperador Adriano entre los años 122 y 128, recorría unos 117 kilómetros entre Carlisle y Newcastle y marcaba una línea clara entre la provincia romana y las tierras de los pictos y otros grupos del norte.

Esa frontera no separaba dos estados organizados como hoy se entiende, sino que delimitaba el espacio bajo dominio romano frente a zonas donde el control militar era inestable y donde las incursiones obligaban a una vigilancia permanente.

Una pieza hallada en Soria conecta dos extremos del imperio

Una copa romana hallada en Berlanga de Duero permite conectar esa frontera lejana con el interior de la península ibérica. El estudio, publicado en la revista Britannia y recogido por SINC, muestra que el objeto llegó desde Britania de la mano de un militar que había servido allí. La pieza se relaciona con el Muro de Adriano y con la experiencia de quienes pasaron años destinados en ese límite del imperio. El hallazgo encaja con la presencia documentada de tropas hispanas en esa zona.

La Cohors I Celtiberorum formaba parte de esas unidades auxiliares que Roma reclutaba en territorios conquistados para enviarlas a zonas conflictivas. Esta cohorte, integrada por hombres procedentes de regiones que hoy corresponden a Soria y áreas cercanas, estuvo destinada en el Muro de Adriano durante el siglo II.

El hallazgo apareció cerca de una villa romana

Juan García, investigador del Instituto de Arqueología de Mérida en declaraciones a EFE, recuerda que “sabemos que los romanos incorporaban a su ejército tropas de los territorios recientemente conquistados y que una unidad celtíbera sirvió en el Muro de Adriano”. Esa presencia explica que un soldado regresara a su tierra con un objeto ligado a ese destino militar.

Un soldado regresó a su tierra con un recuerdo

El hallazgo se produjo a unos cien metros del casco urbano de Berlanga de Duero, en una zona donde se investigaba la existencia de una villa romana ocupada entre los siglos I y IV. Los fragmentos aparecieron de forma casual, como suele ser ahabitual, mientras se trabajaba el terreno y después fueron analizados por equipos del CSIC y del Museo Arqueológico Nacional. La pieza, conocida como Copa de Berlanga, se ha convertido en una de las pruebas más claras de ese lazo entre Britania y la Celtiberia.

El cuenco presenta forma hemisférica y está hecho en bronce con paredes muy finas, de alrededor de un milímetro. A pesar de aparecer roto, conserva entre el 80% y el 90% de su estructura, lo que ha permitido reconstruirlo mediante técnicas en 3D. Sus dimensiones lo sitúan entre los ejemplares más grandes de este tipo, con unos 11,4 centímetros de diámetro y cerca de ocho de altura. La superficie muestra esmaltes en rojo, verde, turquesa y azul, distribuidos en pequeñas cavidades talladas en el metal.

Bajo el borde aparece una inscripción en letras latinas que recoge nombres de varios fuertes situados en el sector oriental del Muro de Adriano. Entre ellos figuran Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercom. Este detalle resulta relevante porque es la primera vez que una pieza de este tipo menciona esa parte concreta de la fortificación. Susana de Luis, investigadora del Museo Arqueológico Nacional, destaca que se trata de uno de los pocos ejemplares conocidos y uno de los mejor conservados.

El análisis químico confirma su origen británico

El análisis del material indica que el plomo utilizado procede de minas del norte de Inglaterra o de Gales, lo que confirma que la copa se fabricó en Britania. Los estudios de isótopos y de composición química, realizados con técnicas como la fluorescencia de rayos X, muestran una aleación típica del siglo II. Los esmaltes también coinciden con otros objetos producidos en esa región, lo que refuerza la idea de su origen.

La función de estas copas ha generado debate entre los especialistas. Algunos las interpretaron como recuerdos para visitantes, pero los investigadores consideran que tenían un sentido ligado a la experiencia personal de los soldados. En el estudio señalan que “no creemos que estos fueran souvenirs que meramente conmemoraban una visita”, sino que estaban vinculados a quienes habían servido en el lugar. La presencia de nombres concretos de fuertes sugiere que el objeto recogía destinos reales de su propietario, lo que encaja con un regalo de reconocimiento o con una compra realizada al finalizar el servicio.

La pieza encontrada en Soria encaja así en una historia que empieza en el norte de Inglaterra y termina en una villa romana de la Península, donde ese recuerdo militar acabó formando parte de la vida cotidiana de quien lo trajo de vuelta.

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