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Por qué nos pesa más lo negativo que lo positivo, y cómo evitarlo

Pensando en lo negativo

Darío Pescador


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Has entregado un proyecto en el trabajo, o has vuelto de un viaje con tu familia, o has tenido una larga conversación con tu pareja. Todo ha ido bien, pero recibes una crítica: falta un apartado, te equivocaste de salida en la autopista, o te han recordado que eres poco detallista. Por todo lo demás recibes elogios, pero te pasas días pensando en esa cosa que ha ido mal y que te obsesiona. ¿Por qué nos empeñamos en ver siempre lo negativo?  

Qué son los sueños estresantes y cómo evitarlos

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El sesgo de negatividad es un fenómeno psicológico bien estudiado. Se refiere a la tendencia a centrarse o recordar más las cosas negativas que las positivas. Esta tendencia puede manifestarse de varias formas, como ser más crítico con los demás, ser más propenso a notar y recordar acontecimientos negativos y dar más importancia a la información negativa a la hora de tomar decisiones. 

La explicación más común para esta tendencia de nuestro cerebro a la negrura es evolutiva. Hace cientos de miles de años, si notabas que unos arbustos se movían, podías pensar que era el viento, o ponerte en lo peor y pensar que era un leopardo. Nuestros ancestros más cenizos tuvieron más posibilidades de sobrevivir.

Lo cierto es que a lo largo de la historia de la humanidad, nuestros antepasados tuvieron que enfrentarse a muchos peligros: depredadores, plantas venenosas, catástrofes naturales y otros humanos. El cerebro ha evolucionado para estar más en sintonía con los sucesos y experiencias negativos y poder recordarlos más fácilmente, como forma de ayudarnos a evitar el peligro y protegernos. 

Esta mayor sensibilidad a los sucesos y experiencias negativos puede medirse en laboratorio, donde se ha comprobado que la información negativa produce una estimulación más intensa en el cerebro.

El sesgo negativo del cerebro

Este fenómeno psicológico explica por qué las malas primeras impresiones pueden ser tan difíciles de superar y por qué los traumas del pasado pueden tener efectos tan duraderos. En casi cualquier interacción, es más probable que nos fijemos en las cosas negativas y que luego las recordemos más vívidamente. Estos son algunos ejemplos:

  • Recordamos mejor las experiencias traumáticas que las positivas.
  • Recordamos más los insultos que los elogios.
  • Pensamos más frecuentemente en cosas negativas que en las positivas.
  • Reaccionamos con más intensidad a los acontecimientos negativos que a los positivos.

A la menor contrariedad, pensamos “tenía un buen día, pero ahora se ha estropeado todo”. Si alguien nos pregunta qué tal nos ha ido, respondemos que fatal, porque ese suceso negativo domina nuestra cabeza.

La investigación ha demostrado que en una amplia gama de acontecimientos psicológicos, las personas tienden a centrarse más en lo negativo. Por ejemplo, cuando tenemos que tomar una decisión, nos basamos más en la información negativa que en datos positivos. De este modo es más probable que actuemos movidos por el miedo, aunque la realidad sea menos negativa.

Sin embargo, el miedo también puede ser una fuente de motivación para completar una tarea. Los investigadores han descubierto que las personas se sienten más motivadas a ponerse manos a la obra para evitar algo malo que para conseguir algo bueno. 

Esto también influye en los medios de comunicación y la forma en la que consumimos información. Los estudios han demostrado que las noticias negativas tienen más probabilidades de ser percibidas como verdaderas. Dado que la información negativa llama más la atención, también puede considerarse que tiene mayor validez. Esta podría ser la razón por la que las malas noticias parecen atraer más atención que las buenas. 

Las diferencias en el sesgo de negatividad puede incluso determinar nuestra orientación política. Algunas investigaciones sugieren que los conservadores pueden tener respuestas psicológicas más fuertes a la información negativa que los progresistas. Por ejemplo, se ha observado que las personas que se consideran políticamente conservadoras son más propensas a calificar los estímulos ambiguos como amenazantes. Esto explica por qué valoran la tradición y la seguridad y se oponen a la diversidad y al cambio.

Las investigaciones sugieren que este sesgo de negatividad empieza a surgir en la infancia. Los bebés muy pequeños tienden a prestar más atención a las expresiones faciales positivas y al tono de voz, pero esto empieza a cambiar cuando se acercan al año de edad.5

Los estudios cerebrales indican que, alrededor de esta edad, los bebés empiezan a experimentar mayores respuestas cerebrales a los estímulos negativos. Esto sugiere que el sesgo negativo del cerebro surge durante la segunda mitad del primer año de vida del niño. Hay pruebas de que el sesgo puede comenzar incluso antes en el desarrollo.

El lado oscuro de la negatividad

El sesgo de negatividad es una parte inevitable de nuestra humanidad. Los lactantes tienden a prestar más atención a las expresiones faciales positivas y al tono de voz, pero esta tendencia empieza a cambiar al poco tiempo. Los bebés de tan sólo tres meses de edad muestran signos del sesgo de negatividad cuando evalúan socialmente a los demás. Puede que esta tendencia nos protegiera hace cientos de miles de años, pero en un mundo donde muchos de los peligros naturales han desaparecido, nos está causando muchos problemas. 

Cuando nos enfocamos en lo negativo aumentamos nuestros niveles de estrés y ansiedad. Esto afecta a nuestras relaciones personales, nos volvemos desconfiados e irascibles, respondemos con agresividad y esto nos granjea la desconfianza de los demás. También podemos tomar decisiones equivocadas simplemente por miedo, y dejamos de valorar las cosas buenas que tenemos. En un experimento clásico se comprobó que la intensidad de las reacciones negativas era mucho mayor cuando perdían 20 dólares que la intensidad de la reacción positiva cuando ganaban la misma cantidad.

Cómo superar el sesgo de negatividad

El sesgo de negatividad puede afectar a nuestra salud mental, haciéndonos más propensos a la depresión y la ansiedad. El psicólogo Roy Baumeister y el escritor del New York Times John Tierney son los autores del libro “El poder de lo malo. Cómo vencer el efecto negativo y dominarlo”, y estas son sus recomendaciones:

  • La regla del cinco a uno: el terapeuta de parejas John Gottman es el descubridor de la regla que indica que en una relación son necesarios cinco interacciones positivas para equilibrar una negativa. Este ratio se puede aplicar en otros aspectos de la vida. 
  • Practica la “saudade”: la nostalgia tiene mala fama, y la asociamos con la tristeza. Sin embargo, los estudios han comprobado que recordar los buenos momentos, aunque ya no vayan a volver (el concepto portugués de saudade), puede animarnos y hacernos sentir mejor. 
  • Celebra lo bueno: nuestro propio sesgo negativo hace que cuando algo bueno nos pasa, lo consideremos como algo normal, y le restemos importancia. En su lugar, ayuda convertirlo en un acontecimiento, y celebrarlo en compañía de otras personas, para que tenga más relevancia en nuestros recuerdos.
  • Acalla al crítico interior: nuestro diálogo interno, esa voz que suena en nuestra cabeza, también está obsesionado con lo negativo. Es la que nos recuerda aquella vez que cometimos un error, que no somos suficientemente buenos, o que siempre cometeremos los mismos errores. Es importante observar estos pensamientos cuando aparecen y mandarlos callar. 
  • Vive en el presente: la negatividad se manifiesta en forma de malos recuerdos del pasado o miedo a futuros desastres. Los autores recomiendan mantener la atención centrada en el aquí y el ahora. Cuando nos sorprendemos lamentándonos o preocupándonos, volver a la tarea que estemos haciendo. También ayuda escribir las cosas por la que estamos agradecidos cada día.

* Darío Pescador es editor y director de la revista Quo y autor del libro Tu mejor yo publicado por Oberon.

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