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Crema de lodo

La dimisión de Cifuentes no deja exclusivamente un rastro alegre de triunfo de la verdad y la justicia, sino un regusto amargo de corrupción, fango y cieno

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La moción de censura contra Cifuentes por la polémica de su máster se debatirá antes del 7 de mayo

Imagen de archivo de Cristina Cifuentes

Cristina Cifuentes ha dimitido por haber aceptado que le regalaran un título académico al que no tenía derecho y por haber mentido sobre ello. Las informaciones y las pruebas obtenidas por este diario y la exigencia de responsabilidad política por unas acciones que han destapado una trama corrupta en la Universidad Rey Juan Carlos, mediante la comisión de delitos para favorecerla, son motivo suficiente para derribar a un político en cualquier lugar del mundo. La regeneración democrática y la decencia así lo exigen.

Lo de las cremas no ha sido sino el puñetazo en el estómago para que el poder se mantenga en su sitio y no cambie de manos. El remate de los que no quieren regeneración alguna. Ese es el motivo por el que la dimisión de Cifuentes como presidenta de la CAM no deja exclusivamente un rastro alegre de triunfo de la verdad y la justicia, sino un regusto amargo de corrupción, fango y cieno. Nos han hurtado, a nosotros también, el funcionamiento acompasado de los pilares democráticos tanto de la prensa libre y profesional como de una dimisión inmediata o una moción de censura perfectamente lícita.

La falta de escrúpulos ha vuelto a negarnos la alegría de la honestidad. Los tiempos mafiosos se han impuesto mediante la humillación pública de la excrecencia que ya molestaba no a la moral sino al mantenimiento en el poder, única fuerza que mueve algunos molinos. El Partido Popular, en un nuevo alarde de cinismo, ha considerado "insostenible" la difusión de unos hechos privados que ellos mismos ya conocían mucho antes de nombrar candidata a Cifuentes. Lo que no fue obstáculo para hacerla delegada del Gobierno o para nombrarla candidata a la Comunidad y luego presidenta, ha sido el toque a rebato para que todas las inaceptables defensas de su máster y de su comportamiento se conviertan en fuerza ejecutora de la mujer a la que custodiaban hasta ahora.

Y es que mangar dos tarros de crema vulgar es muy cutre para ellos. Eso es lo que nos han mostrado. Los bolsos, los trajes, los sobres, las cajas de puros, los Jaguar. Eso es otra cosa, primo. Una mujer con zapatos de Prada no distrae en el bolso dos putos botes de crema de supermercado. ¡No se puede perdonar, te lo juro por La Mer! Lo cierto es que los rumores sobre una supuesta cleptomanía de la presidenta madrileña han recorrido los cenáculos madrileños durante años. Tantos, que hasta se le ha preguntado por ello en entrevistas.

La diferencia ahora ha sido el video. La humillación. El lodo que segregan esos dos vulgares tarros. Un video que no debería existir y esa es otra de las cuestiones. La mierda está tan alta que casi nos perdemos los detalles. El video no puede conservarse más de 30 días por imperativos legales y Eroski afirma que fue destruido. ¿Quién y cómo lo guardó como baza para un golpe como el de ayer? En la Universidad quedó rastro porque los documentos oficiales lo dejan y así debe ser, pero no es el caso del vídeo.

¿Por qué no hubo un procedimiento por falta? ¿cómo y quién lo paró? ¿quién guardó el video y por qué? Puede que a muchos este mundo de "gestapillos", espías, corrupción, mierda, amenazas y cintas de video les resulte muy entretenido, pero esa es la angustia de la que debemos salir. Jamás habíamos contemplado un lodazal como éste. Nunca. Una mierda que fluye desde que Aguirre llegó al poder con métodos espurios hasta ahora. Tres presidentes de la CAM y los tres dimitidos por la porquería que rezuma. ¿Alguien cree que los madrileños merecen esto? Seguro que muchos sí, porque les seguirán votando.

Mientras, en la Audiencia Nacional Isabel Gallego, la mano derecha de Aguirre, sigue cantando y clasificando el cieno en el cieno de Prada, el de Granados, el de Figar o el de Lamela. Cuando se hacen quinielas para sustituir a Cifuentes se está metiendo la mano en la misma charca para buscar una rana que resista el paso de al menos un año. Un año. Allí está puesta la vista, de los que quieren seguir y de los que quieren llegar. Regalarle ese tiempo a Gabilondo para que se hiciera la campaña no era solución para nadie. Tampoco para los naranjas a los que, todo hay que decirlo, este repentino golpe bajo les ha venido también a las mil maravillas porque el empecinamiento de Cifuentes estaba empezando a abocarles a una moción de censura que era su último deseo.

No tengo la esperanza de que nada que no sea un desalojo del poder de los populares permita asomarse realmente al pozo negro que es ese partido en Madrid. Aún así, todos ellos, los unos y los otros, deben saber que las espadas están en alto y que no se va a reparar en medios a la hora de hacer valer las exigencias de vasallaje. Mejor hubiera hecho Cifuentes en dimitir desde el principio, aunque debía darle rabia soltarlo todo por el huesecillo de un máster sabiendo cómo debe saber los esqueletos que guardan otros. Les recomiendo a todos a partir de ahora la exomolegesis, la confesión pública, la apertura de los armarios antes de presentarse a nada o de aceptar nada. Evitar el chantaje por la purificación propia.

"Ita una poenitentia, quae tamen publice agitur" (Hay una sola penitencia y se hace públicamente). Espero que empiecen pronto.

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