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Perdonad que os diga...

Calma a esos treintañeros enardecidos que creen que los disturbios –que condeno y deploro– que se están sucediendo en Cataluña son el exponente máximo de lo insoportable. La democracia española puede con ellos, es más fuerte que ellos

Que el humo de las barricadas no nos impida ver el bosque de un pueblo que se siente maltratado y malquerido, al menos en su mitad

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Un manifestante frente a un contenedor que arde durante los disturbios en la Plaza de Urquinaona, en Barcelona a 18 de octubre de 2019 / Europa Press

Un manifestante frente a un contenedor que arde durante los disturbios en la Plaza de Urquinaona, en Barcelona a 18 de octubre de 2019 / Europa Press

"En la virtud nunca caemos, sino que a ella accedemos mediante un esfuerzo constante" 

Aristóteles. Ética a Nicómaco

Perdonad que os diga, seáis del bando que seáis y penséis lo que penséis, este Estado social, Democrático y de Derecho (sic Constitución Española) no está en peligro, ni lo ha estado, ni lo va a estar y que puede con esto y con mucho más. La situación es grave, no lo voy a negar, pero no más grave que otras ni más irresoluble que otras, siempre y cuando los llamados a hacerlo no sean más acémilas que quienes les precedieron y todos los demás no seamos más botarates que aquellos españoles que navegaron por las aguas más procelosas hasta llegar hasta aquí. 

Perdonad que os diga... España es una democracia plena, si bien está sufriendo la pérdida de calidad y la erosión que se está produciendo en todo occidente. Por eso Tony Judt no dejó de denunciar en Algo va mal el deterioro global de la idea democrática. Es un problema sistémico y de difícil solución así que, no, no te vas a librar de esta crisis ni independizándote de España ni independizándote de Toronto. El problema es más grave. Aun así, estoy y me manifiesto en contra de los movimientos que pretenden que la represión de las ideas y emociones incómodas y de los derechos y libertades nos traerá una seguridad que presentan como el máximo exponente de un Estado democrático. No es cierto, esa seguridad que mata los pilares y los principios es el inicio del fin. No es cierto, como afirma el fanático de Mayor Oreja –"Todo esto empezó el día que legalizaron el aborto"–, sino que es más cierto, como afirma todo observador democrático e imparcial, "todo esto empezó el día que EEUU pensó que era buena idea vulnerar sus principios democráticos para defenderse del dolor del 11-S" y lo aceptamos.

Perdonad que os diga... también a ti que te sientas ante una pantalla a ver en directo, segundo a segundo, lo que sucede cuando se colocan barricadas y se incendian contenedores y se ataca a la policía, que esto es algo con lo que el Estado democrático puede y ha podido siempre. Desde el día que murió Franco hasta el 30 de diciembre de 1983, la transición española se cobró 2.663 víctimas por violencia política, de ellas 591 perdieron la vida. En ese concepto se engloban las violencias de extrema derecha, de extrema izquierda, los nacionalistas, la guerra sucia, la represión en la calle, la tortura y la represión emanada del Estado. Todo ello con un Ejército amenazante. Una mierda, pero aquí estamos. ETA puso sobre la mesa cerca de 1000 víctimas para conseguir la independencia de Euskadi y aquí estamos. Calma pues. Calma a esos treintañeros enardecidos que creen que los disturbios –que condeno y deploro– que se están sucediendo en Cataluña son el exponente máximo de lo insoportable. La democracia española puede con ellos, es más fuerte que ellos. Hasta con Cayetana y Arrimadas y su insolente ignorancia y prepotencia puede la democracia española.

Perdonad que os diga..., también, que esa máxima del Estado torturador y antidemocrático del que quieres huir e independizarte no sólo es ingenua, sino poco veraz. Es verdad que yo llevo denunciando y señalando desde el principio las torsiones del Estado de Derecho, las disfunciones, las trampas y las ficciones insoportables que pretenden tomar atajos para solucionar un problema de profundas raíces como el territorial. Un problema que nos atraviesa como pueblo y que, me temo, ha vuelto a estallar en el momento en el que tenemos y tienen los dirigentes menos preparados y menos profundos. Es la inane etiqueta de los tiempos. Si yo denuncio los excesos es porque creo en el fondo. Si yo insisto ahora en la estupidez de ese intentar desde un juzgado y una fiscalía volver a convertirse en protagonistas de algo que no les corresponde, queriendo reconducir estos terribles y graves disturbios de orden público en terrorismo, es porque creo en un sistema llamado a medir, mesurar, ponderar y aplicar la ley en su justa medida y no en la del ardor patriótico.

Perdonad que os diga..., queridos gobernantes, que llega un momento en el que es preciso aceptar cuál es tu papel y, te guste o no te guste, estar a la altura de las expectativas de la historia y de la dignidad, que no siempre pasan por darle al pueblo lo que crees que desea, sino en analizar con frialdad la situación, no exponer a tu gente a más peligro del debido y en saber explicarle con la pedagogía del estadista porque lo más conveniente no es siempre lo que tu mismo predicaste como mejor. Si uno no es capaz de estar a la altura de las circunstancias, hay que tener la gallardía y el coraje de irse. Eso rige también para las que no saben jamás adoptar una postura comprensible porque estar de perfil sólo es útil en un friso de la Gran Pirámide. Ni Torra ni Colau están ejerciendo su cargo con responsabilidad y menos con valentía. No sólo hay que condenar. Hay que parar las protestas pacíficas para aislar a los violentos de los que se abjura y que sean neutralizados.

Perdonad que os diga, pero... además de los 500 incontrolados, entre los que se encuentran jóvenes independentistas frustrados, pero también descontentos con el sistema y profesionales de su destrucción, hemos visto a medio millón de personas manifestarse pacíficamente en contra de una sentencia que les parece injusta. Crónica de un mal anunciado desde que Maza irrumpió con su querella, arropado por Rajoy, para convertir un asunto político en una cuestión penal. Cuando quieres cortar usando un martillo en lugar de unas tijeras, el fracaso está asegurado. Arreglar la grave situación de desobediencia constitucional de 2017 con un simple y básico proceso penal estaba predestinado a la ruina. Que el humo de las barricadas no nos impida ver el bosque de un pueblo que se siente maltratado y malquerido, al menos en su mitad.

Perdonad que os diga... pero a una sartén cuyo aceite se incendia no hay que echarle nunca agua si no quieres que las llamas te destruyan la cocina. No tiene perdón la irresponsabilidad de Rivera, de Casado, de su adláteres, de los que creen que más represión traerá la calma o de los que no lo creen pero les importa un carajo porque consideran que cuanto peor mejor. Eso incluye a los extremistas 'indepes' que ansían un 155 o una represión mayor para cargar de nuevo las baterías de un pueblo que, en el fondo, se siente agotado y estafado.

¡Ah!, perdonad que os diga... si estás en unos disturbios y la policía te dice que abandones la zona o bien ves que se aproxima una carga... lo mejor es que te quites de en medio y corras. Serán los años de experiencia. No queda otra que, ante lo que son gravísimos disturbios que alteran el orden público –que no terrorismo ni sedición ni ninguna otra cosa que se les pueda ocurrir a los de la Audiencia Nacional para meter baza–, restaurar el orden mediante el uso legal de la violencia reservado al Estado. Es obvio que en ese proceso, que supone miles de actuaciones, se producirán abusos o excesos. Llegará el momento de purgarlos, pero eso no puede impedir respaldar unas actuaciones que son las que adoptaría cualquier democracia ante una situación de este tipo para proteger al resto de los ciudadanos. A mi me parece que, hasta el momento, el Gobierno en funciones lo está haciendo bien y de forma ponderada.

Tengo claro que, en las actuales circunstancias, cada uno de los párrafos anteriores puede provocar una avalancha de adoquines dialécticos de grupos muy diferentes. Les confieso que me da igual. Como diría Aristóteles, deberíamos proponernos caer en la virtud y en la mesura, caer en la reflexión y en la cordura y eso es para unos caerse del guindo, para otros caerse de la cobardía y, para muchos más, caerse del fanatismo.

La solución exige un esfuerzo constante. De todos.

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