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Otro leño a nuestro fuego

Barbijaputa

Cuando ya ningún medio, ni el más reaccionario que imaginen, titula un asesinato o agresión machista como “crimen pasional”, Jorge Skivinsky, el director de una asociación de padres separados -que no madres- (la Asoc. de Padres de Familia Separados de Baleares), usaba esta expresión en una carta para referirse al hecho de que un hombre rociara con gasolina a su pareja en presencia de su hijo de dos años. El sujeto negaba a su vez que se tratara de violencia de género. Exactamente esto argumentaba: “No fue una agresión machista”, “Su obsesión por la persona amada lo ha obnubilado hasta tal punto que no ha podido aceptar la decisión de su pareja y, hundido afectivamente, la agredió”.

Por su parte, Nina Parrón, directora de Igualdad del Consell Insular de Mallorca, hizo lo propio, y acusó a Skivinsky de hacer apología de violencia de género. Hasta aquí, nada que se salga de lo corriente en un país profundamente machista como el nuestro. Porque aunque haya señores como éste que digan que “El feminismo radical y misándrico ha inundado a la sociedad de su ideología sectaria que ve machismo hasta en la sopa”, lo cierto es que al feminismo aún le queda mucho trabajo por hacer. Sobre todo si tenemos en cuenta que ha sido ella, la directora de Igualdad del Consell, la que ha sido denunciada y a la que se le han impuesto 30.000 euros de fianza hasta que llegue el juicio oral.

La mujer que sufrió quemaduras en el 80% de su cuerpo sólo hizo una cosa: tomar la decisión de su pareja. La mujer a la que le piden 30.000 euros sólo intentó hacer su trabajo: señalar el machismo en una carta que negaba esa realidad. (Como dice Nina Parrón: “Si un cargo político no puede hacer declaraciones sobre su área de trabajo, apaga y vámonos”). Los machistas pretenden, obviamente, que el feminismo salga caro, porque saben muy bien qué pasará con hombres con ellos en una sociedad justa e igualitaria, o lo que es lo mismo, en una sociedad feminista: no tendrían dónde esconderse.

Lo que sí debería conllevar multa es que una asociación invisibilice y niegue la violencia de género, ésa cuya definición está claramente recogida en la Ley Integral de Violencia de Género de 2004. Pero no, en pleno 2018 la noticia es que a un cargo político que hace su trabajo (como si esto abundara) la justicia le pide, de momento, 30.000 euros. El aviso a navegantes del que hablaba Parrón está claro, quieren que nos preguntemos: si admiten a trámite una denuncia contra una persona cuyo trabajo es denunciar el machismo, ¿qué no podrían pedirnos a cualquier mujer que lo denuncie, por ejemplo en redes?

Parece que no se han enterado aún de que el feminismo no se achanta, que lleva siglos revolviéndose contra cualquier práctica, hecho o dicho que discrimine, agreda o violente a las mujeres. Que no nos van a callar ni a amedrentar con noticias como esta. Que cuando tocan a una, nos tocan a todas. Que no estamos solas, que somos manada. Y muchas más las que estamos decididas a reunir entre todas el dinero necesario para pagar multas o fianzas a las mujeres que decidáis perseguir ara darnos un escarmiento.

En este caso, los 30.000 euros pueden ser pagados por el Consell, es decir, por la ciudadanía al completo de las Islas Baleares*. Si Parrón llega a ser condenada y tuviera que indemnizar al tipo en cuestión, nos organizaremos. Hemos demostrado de sobra que sabemos y podemos hacerlo.

No vamos a parar, al revés, esto es sólo otro leño a nuestro fuego, señores. Y si no se apartan, se van a acabar quemando.

*Nina Parrón corrige esta información, el Consell no se haría cargo de la fianza impuesta, sólo pagará al abogado en caso de salir inocente.

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