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ENTREVISTA

Paco Casero: “La no violencia es mucho más dura que la violencia”

El periodista Raúl Limón desgrana en su libro Pasado rojo, futuro verde la vida del jornalero y ecologista, cuya lucha fue fundamental en la Transición andaluza

Fundador del Sindicato Obrero del Campo y ex presidente del sello andaluz de agricultura ecológica, Casero preside la Fundación Savia, que busca dignificar la vida en el mundo rural

"El mundo será verde o no será, es una cuestión de madurez"

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Paco Casero y Raúl Limón. Foto: Alejandro Ávila

Paco Casero y Raúl Limón. Foto: Alejandro Ávila

Llega con puntualidad alemana: cinco minutos antes de la cita. El detalle da una idea de lo que, según el periodista Raúl Limón, ha sido siempre la vida de Paco Casero: compromiso, diálogo y visión a largo plazo. Limón acaba de publicar el libro  Pasado rojo, futuro verde (Niebla), en el que desgrana, a modo de crónica, la vida del fundador del Sindicato Obrero del Campo (SOC).

Casero convirtió la no violencia en su forma de luchar contra la dictadura franquista. Las huelgas de hambre fueron, por aquel entonces, una herramienta fundamental para devolverle la dignidad al eslabón más débil de aquella Andalucía empobrecida: el jornalero. Ex líder del movimiento ecologista andaluz y ex presidente de la Asociación Valor Ecológico (sello de la agricultura ecológica andaluza), Casero preside hoy día la Fundación Savia, desde donde pretende dignificar la vida en el mundo rural. A sus 68 años se ve más rebelde que con 21. Periodista y presidente se reúnen en la sede de  eldiario.es/andalucía para esta entrevista.

¿Desde cuándo se conocen?

Raúl Limón: Desde 1987, que yo estaba de prácticas en Diario 16 y estaba cubriendo los inicios del Plan Forestal. Paco se ha llevado siempre muy bien con la prensa, ha sido muy accesible y ha sido una excelente fuente de información. 

¿Cómo ha sido el proceso de creación del libro?

Limón: Yo tenía la idea en la cabeza desde hacía mucho tiempo, porque la época que vivió Paco y la forma en que la vivió, una Transición y una pretransición muy duras, merecían en estos momentos una reflexión. La memoria es muy dispersa y el libro no terminaba de coger fluidez, hasta que me dijo que guardaba artículos en un trastero. Quitamos la bandera de Andalucía con la que iba a todas las manifestaciones y detrás aparecieron 5.000 folios de documentación.

Llama la atención el esfuerzo de síntesis.

Limón: Mi intención era que el libro se leyera y fuera muy periodístico, está planteado como una enorme crónica de la Transición (en Andalucía) y de la vida de Paco Casero. Yo sabía que si hacía un libro demasiado extenso, iba a perder un gran público.

Pasado rojo, futuro verde es el título del libro: ¿Cómo ha sido esa transición del rojo al verde?

Paco Casero: Desde muy niño siempre he sido una persona muy abierta, servicial y nada violenta. La no violencia es mucho más dura que la violencia, porque obliga a tener un comportamiento más constante. Con diez años era presidente de una asociación juvenil y con 18 años no me dieron el pasaporte porque ya me había detenido la policía y la primera vez que salí en un periódico fue porque un concejal quería hacerse una casa en mitad de la plaza de Marchena y escribimos una carta al director en el Correo de Andalucía. Todo eso se consideraba rojo en aquella época, lo verde no existía. Dentro del sindicalismo, introducimos la no violencia y el tema de la naturaleza. Con el Plan Forestal nos adelantamos sin darnos cuenta al problema del cambio climático. Ayudé a montar el movimiento ecologista y a convertir Andalucía en el primer centro de producción ecológica de Europa. Hubo, por tanto, una época roja de lucha contra la dictadura y luego una verde, con una visión mucho más amplia. Se trata de ser como una sandía: verde por fuera y rojo por dentro.

¿Qué ha descubierto de Paco que no supiera antes de escribir el libro?

Limón: Hemos tenido siempre una relación fluida, pero no conocía bien su pasado. Descubrí los orígenes comunes de determinados movimientos sociales. Es muy importante el papel de la Iglesia en ese incipiente grupo democrático de rebelión. Diamantino, por ejemplo, era sacerdote. En una institución aceptada por la dictadura, encuentran una brecha para meter mensajes. Eso me sorprendió.

Ha conocido a figuras claves del movimiento obrero como Diamantino, Gordillo o Cañamero. ¿Más allá de las diferencias, con qué se quedaría de cada uno de ellos?

Casero: Diamantino fue una persona que sirvió a los más desfavorecidos y es un referente de generosidad. Juan Manuel (Sánchez Gordillo) está muy grave y no tiene ayuda. En su balanza ha habido cosas muy positivas, pero no ha sabido retirarse en un momento determinado. Cañamero no ha sabido evolucionar. Ha trabajado muchísimo, pero ha estado siempre en el mismo campo y creo que eso es un error.

Con 21 años, cuenta el libro, ya tenía usted "forjado el carácter de rebeldía": ¿Y a los 68?

Casero: Lo he sido desde joven. En Menorca, me compré una tienda de campaña con un amigo para pasar la noche en la playa. Mi madre se negó a que fuera y dejé de hablarle. Después de 10 días, mi madre explotó y me dejó irme. Posiblemente ahora mismo lo sea mucho más. La insensatez, la mediocridad, la falta de respuesta a los problemas es lo que más rebeldía me provoca hoy en día. Me da igual de donde venga.

¿Ve esperanza en la nueva política?

Casero: Ha aportado una ilusión nueva, pero pecan de falta de madurez y de una visión más amplia. No se puede simplificar tanto las cosas. Cometen un error que jamás cometimos nosotros y es no ver que en el otro siempre hay algo que te puede servir. En el Parlamento no se escuchan los unos a los otros.

¿Qué diferencias encuentra con la Transición?

Casero: La gran diferencia es que la política se ha convertido en una profesión y cada vez hay menos ideología.

¿Cuánto ha evolucionado el campo andaluz en este medio siglo?

Casero: Desde el punto de vista productivo, muchísimo... lo de hoy no tiene nada que ver con aquella época. En productividad y tecnología somos un referente en Europa.

¿Y el Plan Forestal?

Casero: El Plan Forestal se aprobó en 1989 por unanimidad y es un ejemplo de una visión a largo plazo, de 60 años. Hay que ver las cosas así, como el cambio climático.

Limón: Hay muchas cosas de Paco que han sobrevivido. Empezó con la dignidad en el trabajo. El Plan Forestal fue pionero en España y el litoral andaluz sería muy distinto sin las protestas de Paco. Las plazas del pueblo se ocuparon con Paco antes del movimiento de indignados.

¿Cuál es la clave para haber sido un pionero?

Limón: La clave está en que él siempre piensa en las consecuencias. Hoy en día en política se piensa en el corto plazo, pero Paco siempre tiene en mente un objetivo final que va más allá. Los movimientos vinculados al pacifismo en el País Vasco nacieron, por ejemplo, con Paco.

Casero: ¿Quién se atrevía en aquella época a hacer una huelga de hambre?

Limón: Él ya piensa entonces en la vía del diálogo y la vislumbra como una manera de acabar con la violencia.

Casero: Que viniese gente de izquierda a su propia casa, de tú a tú, no estaba en sus planteamientos.

Limón: La violencia solo existe si encuentra violencia. Si el oponente llega y te dice que viene a hablar contigo, te desarma.

¿Se sigue definiendo como nacionalista?

Casero: Yo soy nacionalista, porque creo en Andalucía y lucho por ella. ¿Eso significa que esté en contra de Castilla La-Mancha o Portugal? No. Hay un nacionalismo mucho peor que es el de la anulación de las culturas y de la idiosincrasia de los pueblos. A lo que no estoy dispuesto es a poner guardias civiles en la frontera. Yo soy nacionalista, pero muy respetuoso con los demás.

¿Era la autonomía la manera de conseguir una vida más digna para los andaluces más desprotegidos?

Casero: Se ha creado una conciencia de ser andaluces. Eres respetado si tú eres tú. Te pongo un ejemplo, existe un sello que certifica la agricultura ecológica: el de Andalucía era diferente al resto de España. Nos presionaron muchísimo, pero nosotros estábamos convencidos de que íbamos a ser los números uno y quisimos diferenciarnos para que nadie viviera a nuestra costa. Demostramos que éramos los número uno. Con el ecologismo andaluz pasó lo mismo. El problema es que no hemos sido capaces de crear un empresariado andaluz.

¿Qué vio en la Libia de Gadafi?

Casero: Me gustaba hablar con la gente de las aldeas. Me decían que Gadafi les había devuelto la dignidad. Era un dictador, pero… ¿cómo Obama se planteó eliminar un sistema sin tener una alternativa? Es una insensatez lo que hemos hecho. La crisis de los refugiados es la demostración práctica de la irresponsabilidad de Occidente.

¿Se arrepiente de haber tenido amistad con Gadafi?

Casero: Yo no me arrepiento de nada. Lo de Gadafi fue una casualidad. Me ofrecieron en Alemania visitar Libia, conocí así a Gadafi y yo le hablé del Mediterráneo y de la necesidad de que estuviera más interconectado.

En Austria acaba de ganar las elecciones un líder ecologista: ¿Cuánto cree que queda para que esto sea posible en España o Andalucía?

Casero: El mundo será verde o no será, es una cuestión de madurez. Hay tres grandes retos en la sociedad actual: el agua, la energía y la alimentación. Hace falta una visión ecologista para trabajar por el futuro.

¿Por qué somos el mayor productor de agricultura ecológico, pero no sus principales consumidores?

Casero: Si las administraciones pusieran comida ecológica en los colegios, el Parlamento y los hospitales, el boom sería tremendo. Nuestro gran problema interno es tener una red. Tú vas a Nueva York y hay tiendas ecológicas en todos los barrios y aquí para consumirla, tienes que ser un militante. La alimentación no es una prioridad.

¿Es posible alimentar al mundo con la agricultura ecológica?

Casero: Es un problema de distribución, no de producción. Si seguimos explotando la tierra de la manera que lo hacemos, ¿cuánto tiempo nos va a dar alimentos? Cada vez le aplicamos más química a la tierra, pero esas tierras no mejoran.

¿Nos lleva esto al vegetarianismo o veganismo?

Casero: La sociedad tiende a ser más vegetariana por razones de salud y porque no puedes mantener un consumo medio de 100 kilos de carne al año por persona. Eso no se puede mantener, no tenemos tanta superficie. Para alimentar esa cabaña ganadera, hacen falta millones de hectáreas de pasto y es mejor dedicarlas a producir vegetal para alimentarnos. Hace falta comer carne solo un par de veces por semana. 

¿Cuánto potencial económico de la agricultura ecológica le queda por aprovechar a Andalucía?

Casero: Todo. Nuestro gran problema es que solo hablamos de producir, pero no de valor añadido. Somos la huerta de Europa, pero solo aportamos 0,45 céntimos de valor añadido. España está en 0,98 euros, Cataluña en 3,24 euros y Dinamarca en más de 10 euros. 

¿Qué aporta usted a la Fundación Savia y viceversa?

Casero: La necesidad de que personas de ámbitos muy diferentes nos unamos a cambio de nada por una sociedad en valores. A mí me aporta la ilusión y la motivación de que mi vida tiene sentido. Soy un privilegiado y me gustaría serlo durante muchos años. 

¿Cuáles son sus retos para el futuro?

Casero: Seguir aportando, no quiero ser un jarrón chino.

Limón: Yo lo veo en los próximos años en el coche, porque se hace más de 100.000 kilómetros al año. Gente como Paco es más necesaria que nunca, no sólo por su pasado, sino por su presente. Hace falta gente que crea en el diálogo, que vea las cosas a largo plazo y que enseñe a los demás.

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