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Derechos inhumanos

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"Derechos humanos para todos", reza la pancarta que portan dos refugiados en el campamento de Calais / Eduardo Granados

"Derechos humanos para todos", reza la pancarta que portan dos refugiados en el campamento de Calais / Eduardo Granados

Hay efemérides que producen un estremecimiento frío. Un día como hoy, de 1948, se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esa que nos hacían aprender en el colegio, casi en las últimas páginas del libro. Hoy entran ganas de restregar estos supuestos derechos en la cara de todos los mandatarios, nacionales e internacionales. Y es que son derechos muy bonitos en el papel, pero no son vinculantes para los estados. Lo que lleva a que cada cual lo interprete a su antojo, aún más entre nuestros neoliberalistas de pro que, además, van de justicieros por el mundo.

Y mientras, quienes los padecen en sus múltiples variantes pensarán en ellos como en una banda de cínicos bandidos. Porque todo parece un plan perverso donde cada día se esfuerzan por crear derechos inhumanos.

Aunque resulte algo largo, voy a reproducir aquí sólo una parte de estos derechos. Merece la pena. Por aquello de refrescar la memoria de lo que debería ser y comparar con lo que tenemos.

Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 4. Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5. Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 9. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

¿Todos nacen libres? ¿Y la trata de personas? ¿Y los niños soldados? ¿Y los derechos de la mujer? ¿Qué hay de esos objetos y ropas que adquirimos y que sabemos que proceden de la esclavitud laboral en otros países? ¿Qué hay de esos niños que trabajan entre fango y tierra, obligados por las milicias y mafias, para encontrar el coltán con el que fabricarán nuestro teléfonos móviles? ¿Y esos presos de Guantánamo o la pena de muerte en EE.UU., convertida durante nuestra historia reciente en adalid de la libertad? ¿Esas condenas a muerte, tratos crueles e inhumanos de uno de nuestros aliados: Arabia Saudí?

Si tienes un poquito de humanidad es probable que a estas alturas sientas cierta indignación interior. Espera, que las dos siguientes vienen fuertes:

Artículo 14.

  1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

Artículo 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

En la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, ¿dónde quedan esas alambradas, esas fronteras de vergüenza, esas pateras, esos niños muertos, esos ancianos, esas personas hacinadas en vagones de tren? Y, recordando el caso más reciente, ¿dónde queda la libertad de expresión para Ashraf Fayad, condenado a muerte por Arabia Saudí por insultar a Dios? Y, más cerca de nosotros, en pleno siglo XIX, ¿cómo se pueden aprobar legislaciones como la Ley Mordaza? ¿Cómo se pudo condenar por injurias a los autores de una caricatura de los Príncipes de Asturias en una revista como El Jueves, que es satírica? Podríamos seguir y seguir, pero aquí viene otro articulazo.

Artículo 23.

  1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
  2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
  3. Toda persona que trabaja tiene derecho a remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
  4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24. Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Para alguno de nuestros dirigentes españoles, sólo al leer esto, comentarían que los creadores de esta declaración son filocomunistas bolivarianos de la ETA. Reclamar derechos básicos y que, en su defecto, deban subsanarse con medidas de protección social. ¿Dónde queda el trabajo en un país con cuatro millones de parados? ¿Los jóvenes españoles que lideran en Europa tasas de desempleo? ¿Las reducciones por desempleo? ¿Los sueldos inferiores en las mujeres? ¿Los contratos por horas que no alcanzan ni la dignidad ni el salario mínimo? ¿Las críticas continuas a los sindicatos y a la reivindicación de los derechos? ¿Cuando las horas extras en el trabajo ni te las pagan ni cuentan? ¿Cuando no conoces las vacaciones porque eres un autónomo que ni te las puedes permitir?

Artículo 25.

  1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
  2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26.

  1. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

Ese artículo 25 y 26… ¿Qué ocurre cuando no hay nivel de vida digno? ¿Y cuándo se recorta en salud y bienestar? O cuando apenas llega para comer, cuando acudes a una ONG en busca de ropa o cuando no tienes ni para acudir al odontólogo. ¿Por qué permites desahucios de primera y única vivienda? ¿Cómo vives sin la ayuda por dependencia? ¿Y cuando construyes un país donde crece la pobreza infantil y no pones remedio? Cuando hay niños en infinidad de países que no pueden ni estudiar, ni acceder a agua, ni a comida ni a vacunas. O cuando en una sociedad, cada vez más diversa, intentas aniquilar una asignatura como Educación para la Ciudadanía y se crea el caldo de cultivo perfecto para la intolerancia y el odio.

Cuando terminas de leerlo todo, no sabes si es una tragedia o era uno de los monólogos del club de la comedia. Te puede dar por la risa floja o por llorar por la miserable condición humana. No sabes si en lugar de una declaración formal estás viendo una de esas viñetas de El Roto que te parten como un zarpazo, o uno de esos caprichos y grabados de Goya donde la sátira y lo grotesco ocupan la primera plana, donde nos dan una lupa para acercarnos a la cantidad de estiércol que producimos con nuestros actos e inmundicias.

Estos derechos nos describen. Mejor dicho… esta ausencia de derechos. No importa que seamos países firmantes, cuando además somos amigos y cómplices con los que más atrocidades ocasionan. Pero todo sea por mantener nuestros intereses, mientras existan otros que hagan el trabajo sucio y sus países sirvan de vertedero.

Si casi 70 años después de esa declaración poco ha cambiado… ¿qué ocurre? Pues que hay muy poquito espacio para la justicia, el derecho y lo humano; y mucho para la injusticia, el caos y lo inhumano. Y que donde hay capital, sólo manda el dinero. Menos mal que no son derechos vinculantes porque, de lo contrario, a más de uno se le caería el pelo.

Pd: Sí, esto es para ti. Nosotros también damos sentido a los derechos humanos. Cada vez que callamos y permitimos frases como "son inmigrantes de mierda", "cállate, que aquí manda el macho de la casa", "deja ya de vivir del paro", "no soy racista, pero…", "si te han quitado el piso, algo habrás hecho", "estás viviendo por encima de tus posibilidades" o "si tienes hambre, busca en la basura". A ti, que vas a votar el 20-D, intenta que con tu voto no contribuyas más a los derechos inhumanos. Intenta que con tu voto, al menos, no se te caiga la cara de vergüenza.

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