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FOTOGALERÍA | La despensa de Doñana

Donde la marisma del río Guadalquivir sigue siendo casi virgen y se esconde el paisaje que retrata la película La Isla Mínima, miles de hectáreas de tierra silvestre transformada en explotación acuícola aportan una lámina de agua permanente, un hogar perfecto para concurridas bandadas de aves que buscan lubinas, corvinas, doradas, albures, angulas, camarones... Es Veta la Palma, hospital y despensa del Parque Nacional de Doñana.

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Veta la Palma.

"Un escandalosamente delicioso pescado criado en España usando un método de cultivo revolucionario", según el prestigioso chef americano Dan Barber. Allí donde la marisma del río Guadalquivir sigue siendo casi virgen, trazada de canales, esteros y cubierta, a ratos, de almajos. No hay más sur en la provincia de Sevilla. Es la punta, el 'finis terrae' que el director Alberto Rodríguez retrata en su película La Isla Mínima. Tierra silvestre transformada en lámina de agua permanente y nido de concurridas bandadas de aves que buscan doradas, lubinas, corvinas, albures, camarones... "Miguel Delibes decía que 'Veta la Palma' es el hospital y la despensa de Doñana", resumen desde la explotación acuícola.

Veta la Palma.

Otro escritor, José Manuel Caballero Bonald, dijo que el paisaje marismeño ofrece "un horizonte que no es sino la repetición obstinada del sentido lineal del horizonte". A lo lejos, mirando a Oriente, pueden apreciarse las sierras gaditanas de Gibalbín y Grazalema. Y otearse Trebujena, incluso.

Veta la Palma.

Los datos que ofrece la 'Veta' son tan colosales como la perspectiva natural que ofrece el marjal: 10.000 hectáreas de extensión y casi 20 kilómetros desde la entrada al final de la finca, muy cerca ya de la desembocadura fluvial frente a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Linda al oeste con el Brazo de la Torre y al este con el propio Guadalquivir. Dentro discurren unos 300 kilómetros de canales y unas 3.000 hectáreas permanentemente inundadas para sistemas de cultivo de especies acuáticas.

Veta la Palma.

En término municipal de La Puebla del Río (Sevilla), da trabajo a unas 100 personas. 60 en acuicultura, más ganadería y agricultura, casi todas de la más cercana Isla Mayor. Está en lo que fuera, hace siglos, aquel lago Ligustinus que llegaba hasta lo que hoy es Sevilla y fue colmatado por la flecha litoral oceánica y los aportes sedimentarios que arrastra el Guadalquivir. El lugar encierra cierta catadura atávica. "La mayor parte de las escenas en la marisma de la película La Isla Mínima se rodaron aquí", en 'Veta la Palma', señalan Miguel Medialdea, responsable de Calidad y Medioambiente, y Manuel Libreros -a la izquierda de la imagen-, biólogo y jefe de producción.

Veta la Palma.

¿Cuánto produce una explotación ubicada junto al Parque Nacional de Doñana? "Alrededor de 1.000 toneladas al año basadas en calidad y argumentos, no en cantidad", indica Medialdea. Es acuicultura "de baja densidad, con menos de cuatro kilos de peces por metro cúbico", precisa, pero con "un perfil bioquímico que da al pescado color y sabor parecido al salvaje, casi indiferenciable". Los cultivos base son lubina, dorada y corvina. Compran alevines "y luego, mediante captación del río", entra albur, camarón y angula. Las "balsas" o piscifactorías son enormes, titánicas. Casi pequeños lagos donde una parte del alimento es "pienso y otra gran parte dieta natural". Esto aporta al producto final, añade Libreros, "un alto valor nutricional y ambiental".

Veta la Palma.

"Las aves siempre tienen agua de gran calidad". Más de dos tercios de las especies que pasan por Doñana "suelen estar por esta finca", una cifra que puede subir "al 80% en verano, cuando es la única zona del entorno que ofrece agua de manera permanente". El censo de la Estación Biológica de Doñana marca unas 250 especies de aves y, de éstas, unas 100 acuáticas. En temporada alta puede llegar a las 600.000 aves que se comen "entre el 20 y el 25% de la producción" acuícola. "Casi cada semana tenemos peticiones de gente que quiere venir", sostienen. Ornitólogos o "mucha gente que trabaja en el campo ambiental" y llega para ver pájaros.

Veta la Palma.

Si de algo muestran orgullo en la explotación pesquera es del aporte al entorno natural. "Más que de sostenibilidad me gusta hablar de aportación de servicios ecosistémicos cuantificables", describe Medialdea. Es decir, como promotores del "aumento de las especies" que reconquistan la zona y como "sumideros de CO2 (dióxido de carbono), el único lugar del entorno de Doñana, testado científicamente". Esto los convierte, dicen, en "una figura de gestión y conservación en el pre parque de Doñana", compatible con el entorno "y un modelo que mejora el medio ambiente". "Ésa es la clave", traza Libreros, "las aves habían desaparecido de la finca y es uno de los principales activos, que volvieron".

Veta la Palma.

La producción tiene salida en España, Portugal, Francia… "en Inglaterra estamos entrando ahora". El mayor mercado, no obstante, está en EEUU, al que venden "un par de veces a la semana". La razón: "que para ellos es muy importante la historia, qué hay detrás. Saben que van a pagar menos por la lubina de lo que vale por ese aporte ambiental que tiene". Hay "cultivos experimentales", caso del esturión o el ostión, del que se hacen seguimiento "por si salen aquí con vistas a la reproducción". La finca tiene también ganado bovino calificado como ecológico. "Uno de los aspectos más positivos es que come almajo", precisan. El almajar es la comunidad de plantas típica de la marisma y produce una bajada de colesterol en la carne.

Veta la Palma.

Una explotación "muy natural" precisa "un corazón muy fuerte". La estación de bombeo y los sistemas de impulsión y distribución ayudan a distribuir el agua, a elevarla. "Todo está automatizado y el sistema sabe a cada momento qué cantidad de agua tiene que mover, al día entre 80.000 y 100.000 m3". El complemento está "en abierto": dos veces al día entra líquido "con la marea y con la marea baja se devuelve al río con una calidad igual o mejor que la que entra". Sin carga contaminante, ratifican. "Este es el corazón de la explotación".

Veta la Palma.

Y el minúsculo y trascendental sustento, "el vector de alimentación de la finca", es el camarón. Se alimenta de fitoplancton o micro algas "y otros elementos y a su vez los peces carnívoros se alimentan de él". Tiene gran cantidad de propiedades, de proteínas, por eso influye en la calidad final del pescado. Y aunque lo consumen unas 70 especies de aves, no significa un problema para la empresa. "La producción es de tal calibre que sacamos esa parte, una parte que se come el pescado y otra que se comen las aves". Cada año, pescadores autónomos de Isla Mayor pescan, aun así, unos 100.000 kilos de camarón.

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