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ARAGÓN

ENTREVISTA: Gervasio Sánchez

"A España han llegado 18 refugiados; parece un insulto a la conciencia"

Gervasio Sánchez es fotoperiodista, especializado en mostrar el horror de los conflictos armados de los últimos 30 años

"Europa ha perdido su prestigio como continente capaz de poner fin al sufrimiento humano"

"Me da vergüenza que partidos de izquierdas que critican la "casta" no hablen de la crisis de refugiados"

“El buenismo existe. Otra cosa es si es efectivo. Tiene que ser la estructura del estado quien organice la llegada de refugiados”

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Gervasio Sánchez.

Gervasio Sánchez. JUAN MANZANARA / ZARAGOZA

Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) estaba fuera de España cuando le llamamos por teléfono para quedar. Solo tiene previsto pasar por casa un par de días antes de emprender otro viaje, tendrá que acudir a una reunión y la semana que viene inaugura en el Centro de Historias de Zaragoza la exposición de fotografías ' Mujeres. Afganistán'. Con todo, ninguna duda: sacará un rato para atendernos. También tiene muy claros sus argumentos; los expone rápido, sin rodeos. Terminamos mucho antes de nuestra hora límite. Y le ha dado tiempo incluso de tomarse el café con hielo.

Llevamos ya meses hablando de la crisis de refugiados, ¿usted pensaba que a estas alturas íbamos a seguir así?

No imaginaba que fuésemos a seguir tan mal; aunque, a la vez, casi lo veía venir porque llevo décadas cubriendo tragedias humanitarias y el comportamiento de Europa siempre ha sido muy parecido. Ahora, el punto de vista está en el desastre humanitario que están provocando los conflictos de Siria, Irak y Afganistán y otros menores, pero hace veinte años pasaba en los Balcanes. En el corazón de Europa, había guerras brutales y los diplomáticos y los políticos europeos, tanto los de derechas como los supuestos de izquierdas, miraban a otro lado. Yo creo que Europa ha perdido su prestigio como continente capaz de poner fin o de reducir el sufrimiento humano. Hemos perdido la memoria de lo que significa una guerra, ser refugiado, ser obligado a irte de tu casa porque están bombardeándola. Llevamos 70 años sin vivir en nuestra piel qué es una guerra. Me sigue sorprendiendo que la actitud ante un desastre humanitario de la magnitud de lo que está ocurriendo sea la pasividad absoluta. No solo de los políticos y de los diplomáticos, también de la prensa, que es una gran responsable. Hay medios que han tratado mejor el tema, pero la mayor parte de los que tienen más proyección social, las televisiones, las radios... solo lo tratan de cuando en cuando, si hay una imagen de impacto que sobresale por encima de las demás. Esto tiene mucho que ver con el gran fracaso de Europa, que ha perdido sus principales virtudes. Espero que algún día nos demos cuenta del monstruo que estamos creando

Ha mencionado la guerra de los Balcanes, ¿la actitud de la comunidad internacional le parece comparable incluso a los primeros meses de holocausto nazi?

A mí no me gusta establecer paralelismos con historias del pasado tan dramáticas como el holocausto, pero está claro que al principio del verano, cualquier persona mínimamente informada ya sabía que estábamos ante una gran tragedia; en julio en Belgrado había miles y miles de sirios en las estaciones de trenes. Si se hubieran tomado decisiones políticas serias en junio o julio, no habríamos llegado a este límite. Los países europeos miraban hacia otro lado, han sido incapaces de crear campos de tránsito decentes, donde la gente pudiese pasar unos días mientras descansan de este dramático viaje. Ha sido imposible acabar con las mafias, ni con las turcas ni con el resto. Ha sido imposible ordenar que se abriese la frontera entre Turquía y Bulgaria para que la gente entre en Europa por tierra, en lugar de ahogarse en el Egeo. Ni siquiera se han cumplido las promesas que se hicieron. Después de la famosa foto del niño Aylan, Europa se comprometió a acoger a 160.000 refugiados, 15.500 en España. Hasta el día de hoy, a España han llegado 18; parece un insulto a la conciencia. Y nadie dice nada, tan apenas aparecen críticas serias. En el mes de noviembre estuve viajando por las diferentes fronteras balcánicas; salvo con Heraldo de Aragón, me tuve que pelear con los medios con los que colaboro para que le dieran cobertura a este trabajo. Pelearme. ¿Qué es esto? Me decían que como ya habíamos estado en septiembre, ir otra vez en noviembre era reiterativo. Reiterativo es ser permisivos con este desfalco político permanente, con políticos de cuarta categoría que están todo el día ocupando medios de comunicación, tertulianos también de cuarta categoría que se repiten de una forma abrumadora... Eso sí que es verdaderamente reiterativo. El drama de más de un millón de personas en campos de refugiados en Líbano y en Jordania no puede parecernos reiterativo. Cada persona tiene su propia historia.

En los últimos días, el cierre de fronteras ha sido uno de los argumentos de Reino Unido para distanciarse del resto de la Unión Europea. ¿La comunidad internacional está pasando de la pasividad ante los refugiados a un rechazo explícito?

He sentido vergüenza ajena cuando he visto las imágenes de la policía alemana increpando a los refugiados, en lugar de poner orden entre los fascistas que estaban aplaudiendo que se quemara un centro de acogida. Ahí sí que verdaderamente hemos retrocedido en la historia, hasta los años 30 en Alemania. Alemania ha hecho un gran esfuerzo y ha dado una lección a todos los países europeos juntos, incluido España, la Francia socialista y la Inglaterra conservadora. Pero realmente, que la policía increpe a los refugiados... Me parece vergonzoso, un escándalo. Sobre el terreno, yo estuve viendo cómo la policía eslovena actuaba exactamente igual que la policía nazi: sacando a la gente de los trenes golpeando los vagones y las puertas, como si estuvieran llevando gente a Auschwitz o Treblinka, los campos de concentración polacos de la Segunda Guerra Mundial. Los policías eslovenos insultaban a los refugiados, los maltrataban, algunos se limpiaban las porras con desinfectante después de golpearlos... Todo eso lo he visto con mis propios ojos y por eso, no me extraña lo que está pasando en Alemania: el gobierno debería actuar y echar a esos agentes del cuerpo. Creo que está ocurriendo algo muy grave: los ciudadanos medios no son capaces de ponerse del lado del que sufre. Hemos olvidado nuestra historia, como decía al principio, y somos incapaces de hacer el esfuerzo de ponernos en el lugar de los que huyen, de preguntarnos directamente qué haríamos a nosotros. ¿Qué haría yo si tuviera a mi esposa y a tres hijos bajo las bombas en Siria? Me iría, huiría. Todos huiríamos. Todos queremos sobrevivir, nadie quiere morir en una guerra. Nadie quiere huir de su país si puede vivir bien. Los ciudadanos son poco críticos, miran para otro lado. Y los gobiernos actúan de forma pasiva, indecente, hipócrita, obscena.


A finales de agosto, vimos vídeos de ciudadanos alemanes recibiendo con aplausos a refugiados sirios y esos días lo que hemos visto ha sido esa celebración por un incendio en un centro de acogida… ¿Cómo se explica?

Esas imágenes no pueden explicarlo todo. En Alemania viven 80 millones de habitantes, ¿cuántos aplaudían? ¿Y cuántos aplauden ahora la quema del centro de refugiados? La inmensa mayoría de la gente no hace nada, mira hacia otro lado o no sabe qué hacer. Incluso cuando alguien decide acoger refugiados, ¿durante cuánto tiempo quiere hacerlo? ¿Un mesecito como cuando vienen aquí los saharauis? ¿Para decir "¡Qué bien, qué buenos somos!"? ¿Dedicamos un mes a ser generosos? Esta gente no va a poder volver a su país en años, si es que vuelven alguna vez. Y, ¿a qué te comprometes cuando acoges a alguien? ¿A darles de comer, a buscar que puedan tener una vida estable, que los niños puedan ir al colegio, comprarles ropa? Los gastos se pueden disparar. No se trata de acoger una noche a una persona que estaba en una estación y te la llevas a casa porque no había más trenes hasta el día siguiente. Estamos hablando de algo más serio. Eso tienen que hacerlo los estados. Para eso están; tienen capacidad para movilizar al ejército, a voluntarios, asociaciones humanitarias... Son refugiados que tienen derechos internacionales; tienen derecho a ser protegidos porque están huyendo de una guerra.

¿Qué le parecen los nuevos movimientos que intentan organizar esos deseos individuales de acoger a los refugiados?

En todas las crisis pasa algo parecido. Recuerdo que cuando estuve en Ruanda en los años 90, todo el mundo quería acoger a un niño ruandés. Ahora llega una imagen muy impactante de Siria y todo el mundo quiere acoger a un potencial Aylan. El buenismo existe. Otra cosa es si es efectivo o no. Por eso, insisto en que, aunque la gente quiera ayudar, tiene que ser una estructura del estado quien organice todo: saber qué familias están disponibles, que oenegés locales, qué voluntarios... Estamos en un 'impasse' absoluto. Este rollo patatero de las elecciones que no gana ni uno ni otro... Además, ningún partido político ha hablado de este tema. Me da vergüenza que partidos de la izquierda, que dicen que son partidos distintos a lo que ellos llaman "casta", actúan exactamente igual: nadie habla de este tema. Ni se lo plantean. Y es muy importante.

¿La manifestación de este fin de semana puede suponer un estímulo para los gobiernos?

Está muy bien salir a la calle, salgamos todos, pero... ¿Servirá de algo? ¿Va a cambiar las cosas? Lo dudo. Además, estamos en una sociedad en la que se sale a gritar contra la guerra de Irak en 2003 y no se sale a gritar contra las guerras de Siria, Ruanda, Bosnia o Somalia. ¿Por qué los ciudadanos son tan "generosos" con algunas guerras y no con otras? ¿Por qué deciden que un conflicto se va a poner de moda y otro se olvida? ¿Nos tiran de un hilito y nos llevan a todos a gritar contra la guerra de Irak? Es bastante complicado entender por qué ocurren estas cosas. Aunque tengo información, me gusta analizar lo que ocurre y llamar a las cosas por su nombre, no tengo explicación.

Lamentablemente, la guerra de Siria no es el único conflicto al que damos la espalda… Usted está preparando la exposición en Zaragoza de fotografías 'Mujeres. Afganistán'. ¿Qué denuncian esas fotos?

Es una exposición que he hecho con Mónica Bernabé, una periodista que ha estado siete años trabajando en Afganistán, la única corresponsal permanente allí para la prensa española, para el diario El Mundo. Durante los últimos seis años, de 2009 a 2014, hemos estado trabajando juntos en un proyecto sobre la situación de las mujeres adultas y niñas en el interior del hogar, sobre el papel que juega la mujer en la sociedad. En Afganistán está prohibido casar a niñas menores de 16 años, pero el 60% de las mujeres se casan antes y en la inmensa mayoría de los casos, son matrimonios forzosos. No hay planificación familiar, la mujer se carga de hijos que acaban con malnutrición infantil severa, hay un índice de drogadicción tremendo: más de un millón de hombres son toxicómanos, unas 100.000 mujeres y unos 300.000 niños... Y todo esto es en los últimos años, con la presencia de la comunidad internacional. No estamos hablando del Afganistán oscuro de la época de los talibanes; es en un Afganistán abierto, con una supuesta democracia, bajo el paraguas económico de la comunidad internacional. La situación de la mujer es un escándalo, es un desastre tremendo. La exposición se presentó por primera vez en Barcelona en octubre de 2014, ha pasado por Burgos y Valencia y en septiembre irá a Madrid. Intentamos mostrar todas estas contradicciones: ¿Qué significa ser mujer o niña en Afganistán? ¿Qué ocurre en tu vida cuando tu padre te saca del instituto y te casa forzosamente? ¿Qué pasa cuando te das cuenta de que todo lo que has aprendido no ha servido para nada porque vas a tener que aceptar la tradición de que te casen forzosamente?

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