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¿Qué están haciendo las ONGD para velar por su sostenibilidad?

En un contexto de crisis, que afecta también a las entidades no lucrativas, ¿qué medidas están tomando las organizaciones?

En el sector de la cooperación al desarrollo se habla mucho de APPDs, Alianzas Público Privadas para el Desarrollo.

¿Qué son las APPDs? ¿Quién las promueve? ¿Qué ventajas tienen para los actores implicados, incluidas las ONGD?

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APPD Acobamba II. Foto: Salva Campillo/Ayuda en Acción

Ayuda en Acción participa en la APPD que la AECID ha impulsado en Acobamba, Perú. Foto: Salva Campillo/Ayuda en Acción

Antes de 2007, la mayoría de las entidades sociales que se dedicaban a cooperación al desarrollo se sostenía con financiación pública (del Gobierno Central o de la cooperación descentralizada que canalizaba los fondos procedentes de gobiernos autonómicos, diputaciones provinciales y entidades municipales) o/y con aportes de la ciudadanía, también llamada, a nivel interno, base social.

La repercusión de la crisis tardó en hacerse eco en este sector. Las organizaciones fueron golpeadas por la drástica reducción de los presupuestos para cooperación al desarrollo y por la disminución de los aportes de la ciudadanía a medida que entraban nuevos miembros de las familias en situación de desempleo o atravesaban reducciones salaraiales y dejaban de apoyar a las organizaciones solidarias.

Pasado el efecto de la respuesta al terremoto de Haití, 2011 ya fue un año fatídico para muchas entidades no lucrativas. Algunas organizaciones tuvieron que desaparecer, otras se fusionaron entre sí (por ejemplo Solidaridad Internacional, Habitáfrica e Ipade crearon Alianza por la Solidaridad), otras tuvieron que reducir su número de programas o los países en los que intervenían y muchas tuvieron que buscan nuevas fórmulas para velar por su sostenibilidad.

Entre estas fórmulas destacaría dos, que además están relacionadas entre sí. Por un lado, la estrategia que han desarrollado varias organizaciones para captar fondos de particulares, del sector privado y del sector público en países emergentes como Brasil o con un alto crecimiento económico, como México, Perú y Colombia, que ya pueden apoyar los procesos de desarrollo en sus propios países y regiones. De esta manera, la captación de fondos local conseguirá financiar muchos de los programas nacionales total o parcialmente, contribuyendo así a la sostenibilidad de las organizaciones. Ello supone una adaptación a un gran cambio en el contexto mundial, aquel que nos indica que el Norte ya no es tan Norte ni el Sur tan Sur, aquel que finaliza con el modelo donante-receptor de cooperación y aquel que refleja que las desigualdades se han globalizado. Este último factor es el responsable de que muchas entidades tradicionales de cooperación hayan empezado a intervenir directamente también en países como España.

Y, por otro lado, las organizaciones han desarrollado estrategias para relacionarse mejor con el sector privado, tanto las públicas y los organismos multinacionales, como las entidades no lucrativas. En el caso de estas últimas, las estrategias pasan por apostar por modelos de alianzas estratégicas con empresas que generen relaciones sostenibles en el tiempo y que se vayan consolidando en profundidad, logrando colaborar no solo con el ámbito de acción social de la empresa, sino también siendo parte de la vertebración de su sistema de Responsabilidad Social Empresarial, llegando a su comunidad de empleados y a otros grupos de interés como clientes, proveedores y distribuidores. Todo suma. La empresa es un magnífico canal para llegar a la ciudadanía y no todo pasa por el desembolso de fondos. Para ello es necesario que haya entendimiento mutuo, desarrollar relaciones que generen confianza, alinear la estrategia social con la estrategia de negocio de la empresa, y aportar un valor que sea compartido. Esto supone la quiebra del modelo en el que la empresa únicamente ejercía el rol filantrópico. Supone también la oportunidad de generar más y mejor impacto social. Y esta apuesta no significa que las ONGD no tengan criterios de exclusión a la hora de tomar la decisión de con qué empresas quieren colaborar. En el sector de la cooperación al desarrollo, la mayoría de las organizaciones cumple con el Código Ético de la CONGDE, Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo. Y, además, han desarrollado sus marcos de actuación y colaboración con empresas.

APPD Acobamba. Foto: Salva Campillo/Ayuda en Acción

En la APPD que la AECID ha impulsado en Acobamba, Perú, trabajamos en la mejora de la producción. Foto: Salva Campillo/Ayuda en Acción

Las alianzas público-privadas, que incluyen y cuentan con la participación de la sociedad civil, del sector público y del sector privado son esenciales a la hora de poder apalancar recursos y generar mayor impacto social. Las APPDs han existido siempre de manera informal pero ahora son consideradas como una modalidad más de cooperación que impulsa la AECID, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y algunos organismos multinacionales como la FAO, ante la reducción de sus presupuestos y la posibilidad de llevar a cabo inversiones sociales que, de otra manera, serían impensables.

Para las ONGDs, las APPDs tienen la ventaja de que permiten llevar a cabo sus programas sociales o de cooperación con el fin de mejorar las condiciones de vida de miles de personas, bien combatiendo la pobreza o la desigualdad, gracias a la suma de esfuerzos de unos actores y otros. Para las empresas, las APPDs permiten poder tener licencia social a la hora de operar en territorios en el marco de su proceso de internacionalización, son también una oportunidad para ampliar sus mercados y pueden servir para vertebrar su RSC. Para el sector público supone la posibilidad de poder coordinar intervenciones de gran magnitud, apalancar recursos públicos (es decir lograr más gracias a la colaboración de todos los actores que componen la alianza, inlcuida su propia aportación) y poner su sello de legitimidad.

Un ejemplo de APPD es la que ha impulsado la AECID en Acobamba, una provincia de la región más pobre del Péru: Hauncalevica. En esta alianza han participado 4 ONGD, 3 empresas y la propia Agencia Española en torno a seis ejes temáticos: recursos hídricos (AECID a través del FONCHIP, fondo peruano de cooperación y ECODES); educación (Santillana, Telefónica y Fe y Alegría –contraparte de Entreculturas); comunicación (Telefónica Móviles); mejora de la producción (Redes, contraparte de Ayuda en Acción y Financiera Confianza, contraparte de la Fundación BBVA para las Microfinanzas); género (Alianza por la Solidaridad y AECID) y gobernabilidad (AECID).

A raíz de la crisis económica, muchas empresas reajustaron sus presupuestos de patrocinio, acción social o RSC. Pero también es cierto, que cada vez hay más empresas que se han ido sumando al carro de querer ser más responsables con su entorno ambiental y social. Por tanto, los fondos disponibles se mantienen estables en los últimos años (si bien se ven influciados por las causas humanitarias y emergencias como la del pasado año en Filipinas; está demostrado que la sociedad de este país se moviliza más ante estas situaciones). Y lo que sí ha sucedido es que cada vez hay más entidades no lucrativas, que ya no tienen garantizada su financiación, que están compitiendo por los mismos fondos. Por tanto, no queda más remedio que apostar por tres pilares esenciales: la transparecia para que exista confianza, la calidad con la que se trabaja y la innovación para generar más valor con menos.

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