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A los lectores

Y tú, ¿para qué lees?

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Por desgracia, nunca fui amigo de Rafael Chirbes, aunque coincidí con él en un viaje a México y me deslumbró. Perdimos una conexión y tuvimos que hacer noche en un hotel del aeropuerto. A la mañana siguiente, me despertó para decirme que en su habitación había una mancha de sangre. Montó una novela perfecta con aquella gota que no sé si sería de sangre o de esmalte de uñas. Al ir a desayunar, me dijo que fuéramos a la sala VIP. Le dije que yo tenía billete de turista y, de inmediato, me invitó a tomar en una cafetería unos huevos rancheros con tequila. Era un hombre generoso con su tiempo, con su prestigio, con su inteligencia. Conmigo perdió horas tomando tequila, contándome cosas, enseñándome, dándome consejos y hablando de todo, casi siempre en la compañía, inmejorable, de Valerie Miles.

Recuerdo bien una noche en Xalapa en la que Rafael, con entusiasmo, nos decía que la novela era el campo de batalla por el imaginario colectivo. ¿A quién le vamos a dejar que construya nuestra idea de la posguerra? ¿A Cela, el que se ofrecía como delator a Franco? ¿Quién va a decirnos a todos cómo fue la Transición? ¿Hollywood? ¿Javier Marías? Ahí comprendí qué es lo que hacemos los novelistas, me sentí casi un soldado al que, por casualidad, le hubiera tocado compartir unas horas en una cantina con un general de Estado Mayor. Como novelista, ya sé que no llevo el maillot amarillo, sino que voy en el pelotón con los gregarios, pero esa noche Rafa Chirbes me hizo sentir parte de algo importante, decisivo: la lucha por el imaginario colectivo, ahí queda eso. Me veía a mí mismo como un soldado raso arengado por Nelson o por Rojo, como si estuviera a punto de entrar en combate en Trafalgar o en el Ebro, y no me importara perder, sino sólo cumplir con mi deber.

Recuerdo bien una noche en Xalapa en la que Rafael, con entusiasmo, nos decía que la novela era el campo de batalla por el imaginario colectivo

La primera novela que leí de Rafael Chirbes fue ' La buena letra', que me deslumbró. En mi recuerdo es una novela que trata de la historia y la memoria, o más bien: la falta (intencionada, dolosa, culpable) de memoria. O en otras palabras: de cómo nos traicionamos a nosotros mismos al negar nuestros orígenes, al olvidarlos, al desfigurarlos. Es lo contrario de las novelas que hoy en día triunfan, porque hacen que el lector se sienta bien, orgulloso, reconciliado consigo mismo. Al terminar la lectura, uno siente vergüenza. Al cerrar el libro, uno se siente pillado en falta, en contra de sí mismo.

Para mí, la lección de Chirbes, a través de sus novelas, en las pocas veces que charlamos, ha sido muy importante. Que no nos lo cuenten: nosotros tenemos que inventar nuestros propios mitos.

Incluso en contra de nosotros mismos. Mi pregunta es a los lectores, alzando mi copa por la memoria de Rafael Chirbes: y tú, ¿para qué lees? ¿Para que te den la razón o para que te la quiten?

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