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Recaudar alimentos, ¿solidaridad necesaria o fracaso de la política?

Este viernes y sábado los cuatro Bancos de Alimentos catalanes se coordinan para, al menos, superar las 3.000 toneladas de productos recogidos el año pasado en la campaña denominada El Gran Recapte

Las entidades que actúan en el ámbito social valoran positivamente el Gran Recapte aunque apuntan también el carácter sustitutivo de la acción política que supone

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Un grupo de voluntarios organiza un carro de alimentos de la Gran Recogida, en unos grandes almacenes de Barcelona. (Carmen Secanella)

Un grupo de voluntarios organiza un carro de alimentos del Gran Recapte, en unos grandes almacenes de Barcelona. (Carmen Secanella)

El Gran Recapte es una campaña de recogida de alimentos básicos para las personas y familias más necesitadas de Catalunya. Este viernes y sábado, los cuatro Bancos de Alimentos catalanes se coordinan para, al menos, superar las 3.000 toneladas de productos recogidos el año pasado, cuando los ciudadanos aportaron 3.634 toneladas en más de 1.900 puntos de recogida y se movilizaron 20.000 voluntarios. Un esfuerzo inmenso que plantea, sin embargo, el debate de si la lucha contra la pobreza y la falta de alimentos tiene que pasar necesariamente por acciones ciudadanas como ésta y no disimula la responsabilidad que las administraciones públicas tienen en la resolución de este problema.

En general, las entidades que actúan en el ámbito social valoran positivamente el Gran Recapte aunque apuntan, también, el carácter sustitutivo de la acción política que supone. Àngels Guiteras, presidenta de la Mesa del Tercer Sector Social, considera que "los problemas de alimentación que sufren muchas familias lo hacen necesario".

Teresa Crespo, presidenta de ECAS (Entidades Catalanas de Acción Social), coincide con ella: "La necesidad es muy grande y pensar que hay personas y familias enteras que no tienen nada para comer en una sociedad rica como la nuestra es indignante y totalmente injusto".

Enric Morist, coordinador de Cruz Roja de Cataluña, considera, asimismo, que "ante el aumento de las personas en situación vulnerable y afectadas por la crisis económica, todas las iniciativas de recogida y distribución de alimentos, así como muchos otros proyectos de lucha contra la pobreza y la exclusión impulsados por diversas entidades, son muy necesarios". Cruz Roja distribuyó alimentos entre más de 218.000 personas, en 2013, y sus voluntarios colaboran con el Gran Recapte.

La secretaria general de Caritas Diocesana de Terrassa, Pilar Taché, señala que acciones como el Gran Recapte, además de ser necesarias para mejorar su stock de alimentos, sirven para compensar la reducción de las donaciones de excedentes facilitados por la Unión Europea. Reclama, sin embargo, que se revise su actual modelo organizativo, “evitando un modelo demasiado centralizado que promueve la recogida en grandes superficies y supermercados. También tenemos que tener en cuenta el comercio de proximidad”.

Sira Vilardell, responsable de Acción Comunitaria de la Fundación SURT, que impulsa campañas de lucha contra la pobreza, sobre todo en el ámbito de las mujeres, dice que "el Gran Recapte no es sólo una acción asistencial -que lo es, claramente y más en estos momentos- sino también de sensibilización y de promoción de la corresponsabilidad y la solidaridad para poder, entre todos y todas, dar respuestas eficaces".

Fernando Busquets, director de la Fundación Arrels también considera que los Bancos de Alimentos son una buena herramienta para cubrir las necesidades alimenticias de los colectivos más débiles, pero añade: "Otra cosa es si son la solución idónea. Hay soluciones mucho más adecuadas y normalizadoras como la tarjeta de crédito solidaria, que no estigmatiza".

El sociólogo Albert Sales, autor del libro El delito de ser pobre, afirma que "no se trata de dar de comer sino de proporcionar seguridad alimentaria y de facilitar el acceso a una alimentación adecuada de forma continuada". Y añade: "No digo que no sea necesario movilizarse para ayudar, pero la campaña mediática del Gran Recapte no se corresponde con su impacto real sobre la vida de la gente y contribuye a identificar pobreza con hambre, una identificación que ayuda a esconder la realidad poliédrica de la pobreza".

Sales piensa que esta identificación "conlleva ocultar la complejidad de los procesos de exclusión social. No hay que pasar hambre para vivir los problemas causados por el paro, la sensación de impotencia, la angustia por el futuro, las tensiones intrafamiliares... Y la inseguridad alimentaria no es la consecuencia de la falta de alimentos sino de la falta de ingresos. Lo que hay que garantizar es una renta mínima, no dar de comer".

Suplencia de la Administración

Que iniciativas como el Gran Recapte suplen responsabilidades que corresponderían a las administraciones públicas es una idea bastante compartida, con matices, entre los responsables de entidades y expertos del tercer sector. Àngels Guiteras cree que "más que suplir, lo que hace es dar respuesta a la falta de políticas sociales y de lucha contra la pobreza adecuadas a las necesidades de la gente" y Teresa Crespo que "el éxito de los bancos de alimentos es el mayor fracaso de las políticas sociales y del Estado del bienestar".

A su vez, Sira Vilardell atribuye a la larga duración de la crisis y los recortes de recursos sociales el aumento del peso de la sociedad civil al afrontar problemas como la alimentación de los más necesitados. Según ella, "los últimos cambios sociales han hecho emerger cada vez más la conciencia de recuperar el trabajo comunitario y la implicación de la ciudadanía y todos los agentes sociales en la resolución de los problemas sociales que nos afectan y en la transformación de la sociedad, y eso ya configura un cambio de percepción que sitúa a la Administración como un agente más, con un papel clave, pero no exclusivo, a la hora de llevar a cabo acciones como el Gran Recapte".

Enric Morist, recuerda que Cruz Roja "ha trasladado a las propias administraciones, en muchas ocasiones, que el sistema público asegure que todos puedan vivir con dignidad y, sobre todo, que se emprendan las políticas necesarias para generar puestos de trabajo y que las personas puedan tener independencia económica y personal" mientras que Feran Busquets defiende que "las administraciones deben garantizar que estos problemas se resuelvan. Ya sea directamente o apoyando a las entidades. Cuando alguien hace una aportación a una entidad, de hecho, está corrigiendo lo que debería garantizar la administración". Para Pilar Taché, “las recolectas de alimentos no son la solución a la pobreza y la exclusión social, como se piensa a veces. Para acabar con las grandes desigualtades hace falta otro modelo de sociedad, más inclusiva y justa”.

Caridad y solidaridad son los dos valores que aparecen en torno a esta iniciativa. ¿Cuál de los dos debe predominar? La presidenta de la Mesa del Tercer Sector reclama que se supere la beneficencia: "La solidaridad siempre es importante y positiva y en estos momentos más que nunca. La Administración no puede soslayar este problema pero no puede hacerlo todo. Es necesario el compromiso de todos, Administración, entidades, ciudadanía, para cubrir estas necesidades. Va más allá de la beneficencia". Sira Vilardell cree que "la caridad no puede ser la única respuesta, sino que debe ir acompañada de un trabajo de prevención, de educación y sensibilización que sean fundamento de cambio y transformación social, que generen nuevas respuesta a las necesidades sociales, basadas en la solidaridad, el trabajo común y la implicación y participación de todos los agentes sociales y ciudadanía".

Teresa Crespo, por su parte, recuerda que "la caridad es puntual y actúa de forma proactiva: Hay hambre y hay que responder a esta necesidad" pero apuesta por un modelo de Estado del Bienestar "donde no haga falta la caridad y la solidaridad colectiva y pública dé otra respuesta que los bancos de alimentos ". "Al hablar de solidaridad no se puede olvidar que la ciudadanía debe ser solidaria al pagar impuestos y no defraudar. Si esta opción fuera más asumida y practicada por toda la población, muchos bancos de alimentos podrían desaparecer", añade.

El coordinador de Cruz Roja en Cataluña reconoce que "el Gran Recapte es una iniciativa muy importante, que en dos días recoge una gran cantidad de alimentos para distribuir entre los que más lo necesitan" pero recuerda que "el conjunto de entidades sociales también desarrollan proyectos de ayuda alimentaria y otros proyectos de lucha contra la pobreza durante el resto del año, en los que la sociedad civil, como voluntaria, socia o donante, también colabora permanentemente". A su vez, Ferran Busquets cree que "la caridad es inmediata y es imprescindible pensar en el largo plazo, pero caridad y solidaridad son líneas de trabajo relacionadas, deben existir las dos y la segunda debe ganar cada vez más fuerza. Hay que cubrir la necesidad de hoy y garantizar que esta necesidad desaparezca. Hoy por hoy, desgraciadamente, la máquina que genera necesidad inmediata es más potente que la capacidad de evitarla... Y eso urge corregirlo". Caritas había ido reduciendo sus actividades más asistenciales en los últimos años, según su secretaria general en la diócesis de Terrassa, pero la gravedad de la crisis la ha forzado a potenciar las acciones de emergencia social. “Con este modelo económico siempre estaremos en situación de crisis, ya sea en nuestro país o en otros países del mundo”, concluye.

Derecho a alimentarse no es lo mismo que repartir comida

El sociólogo Albert Sales se basa en experiencias realizadas en los Estados Unidos para afirmar que "no es lo mismo luchar por el derecho a una alimentación adecuada que repartir comida. Y aunque pueda parecer que las dos actividades no son excluyentes, un análisis riguroso de la realidad del mundo asociativo de democracias vecinas más maduras que la nuestra indica lo contrario". Para él, "sería deseable canalizar la solidaridad de otro modo. Rompiendo las barreras entre donantes y asistidos, rompiendo la desconfianza que nos lleva a dar de comer a los pobres bajo la convicción de que "nosotros" sabemos mejor que "ellos" lo que "ellos" necesitan".

Otro debate atañe al papel de las empresas alimentarias y las superficies comerciales que aportan alimentos a la campaña, ya que no todo es altruismo en estas aportaciones, teniendo en cuenta los beneficios de imagen para sus marcas y las ventajas tributarias y de colocación de excedentes que consiguen.

Debates aparte, el Gran Recapte está aquí y supone una ayuda evidente, tal y como explica el director de la Fundación Arrels: "Desconozco los detalles de toda la distribución pero si los productos tienen salida será que cubren una necesidad. Lo que conozco es que sí que es útil para comedores o entidades que se ahorran dinero que, por ejemplo, se pueden utilizar para trabajar en el largo plazo". O como afirma Àngels Guiteras: "El Gran Recapte obedece a necesidades muy importantes. Llega a muchas familias. Son de gran ayuda y esperamos que en el futuro se reconvierta en otras actividades para que salgamos de la situación de urgencia actual".

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