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“El debate sobre quiénes son soberanistas de primera y de segunda nos hará daño”

Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural

Arturo Puente

La del domingo será la primera Diada que Jordi Cuixart (Santa Perpètua de Mogoda, 1975) vivirá como presidente de Òmnium Cultural, una de las entidades convocantes. Cuixart ha tenido una frenética actividad en los medios las últimas semanas, con la que se ha ganado cierta fama de hombre transversal y que intenta cambiar el lenguaje habitual empleado por el independentismo. Por ejemplo, el de Òmnium no habla de “ensanchar” la base del independentismo, sino de “compartirla”, y con términos que repite como “reconocimiento mutuo” o “cohesión social”. “El Onze de Setembre es una convocatoria que supera las entidades convocantes. La manifestación es una interpelación al conjunto de demócratas”, asegura.

Viene ahora mismo de reunirse con el president Puigdemont. ¿Le ha trasladado algún cambio en la hoja de ruta?

No, no. Le he visto muy entero y en la línea los acuerdos comprometidos con la ciudadanía. Es un líder que está decidido a llevar a cabo este proceso de reconexión con la legalidad catalana.

En el Govern se ha instalado una sensación de falta de confianza los actores independentistas respecto de su trabajo. ¿Usted cree que el Govern está haciendo todo lo necesario para declarar la independencia el 2017?

Nosotros creemos que este proceso tiene un grado de complejidad que va aumentado a medida que vamos avanzando y se van haciendo las actuaciones que se acordaron. Somos muy conscientes de este grado de complejidad, pero tenemos muestras evidentes de que se está avanzando. Si no, no entenderíamos la actuación del Tribunal Constitucional, suspendiendo más de 26 leyes, la mayoría de carácter social, imputando consejeros, al president Mas y también a la presidenta del Parlament, incluso con amenazas de penas... Por lo tanto entendemos que no sólo se está avanzando sino que quizás se está llegando a las etapas más definitorias de este proceso de emancipación nacional que estamos viviendo en Catalunya.

Se ha ganado cierta fama de transversal. Y la transversalidad a menudo significa moderación, prudencia. Tiene miedo de que “la prudencia nos haga traidores” -en palabras de Jordi Carbonell-?

Yo soy presidente de Òmnium, una entidad que lleva por nombre “de todos”. Quizás más que yo es la entidad, que tiene una imagen fruto de 55 años de trabajo. Aquí nos gusta hacer las cosas para que salgan bien, de forma discreta, no siempre tenemos que estar en primera linea. Nuestra entidad tiene 60.000 socios, por lo tanto es la primera entidad sociocultural del país, de largo, y no encontramos referentes de una entidad así a otros países. Nuestra función principal es fortalecer los grandes consensos de país. El trabajo principal de Òmnium es utilizar la lengua y cultura catalanas como elemento de vertebración social, sin que nadie tenga que renunciar a nada, ni a sus señas de identidad ni a la lengua que habla en casa, ni a nada. Ampliar este imaginario colectivo de país sólo se puede hacer desde la transversalidad.

Esta transversalidad puede tener contradicciones. Por ejemplo, ¿tiene sentido invitar a gente que se ha declarado no independentista a una manifestación claramente independentista?

No es que estén invitados, es que ellos son esta manifestación. No podemos hablar de los 11-S, por ejemplo el de Sant Boi, sin hablar de lo que representó el PSUC y, por tanto, nosotros lo que intentamos es salir de este lugar de “yo te invito y tú vienes”. El 11-S es una convocatoria que supera las entidades convocantes. La manifestación es una interpelación al conjunto de demócratas que ven que la democracia hoy en Catalunya y en España está muy cuestionada, no sólo por las actuaciones del Tribunal Constitucional sino por la falta de transparencia y de separación de poderes. Por ello entendemos que la llamada es a todos los demócratas que ven que la propuesta que avala que en Catalunya podamos vivir en un estado democrático, hoy por hoy, sólo la lleva la República catalana.

Sin embargo, se entiende que las entidades convocantes, y Òmnium es una, contarán los asistentes a la Manifestación como independentistas.

Nosotros contaremos la gente que vaya a la manifestación como ciudadanos que quieren un República catalana. Y la República por la que nosotros trabajamos es soberana y después decide con quién y cómo se quiere relacionar. Habrá muchos que querrán que se confedere o federe con una república en España o con lo que sea. Pero el concepto de República catalana engloba todo el soberanismo, de forma que lo fortalece en la diversidad.

Usted por ejemplo, a diferencia de algunas voces del independentismo, insiste que los comunes son soberanistas.

No lo digo yo, lo dicen ellos. Es que si yo digo que Convergència es una fuerza soberanista nadie hace un titular. Pero sí digo que los comunes también lo son, entonces ya sí. Me parece injusto.

Esto tal vez se deba, precisamente, a que hay voces en el independentismo que cuestionan el compromiso soberanista de En Común.

Yo sinceramente creo que está bien extendida la sensación de que el soberanismo es plural y diverso. Y además, esto puede dar la sensación de que es una complejidad añadida, pero la realidad es que es una fortaleza que no había pasado nunca. Nunca en Catalunya había habido un consenso tan grande sobre la soberanía. Por tanto, yo discrepo un poco que haya parte del independentismo que no vea la gente de En Común Podem como soberanista. Nosotros con lo que queremos romper es con este debate pernicioso de quienes son los soberanistas de primera y de segunda. Este debate nos hará daño.

Si, como usted dice, hay un consenso sobre la soberanía, ¿quizás el debate está en cómo se consigue?

Sí, eso es cierto. No hay un manual de instrucciones sobre liberar países. Y, desgraciadamente, los procesos de liberación han estado a menudo vinculados con la violencia. Aquí tenemos una gran suerte, que el pueblo de Catalunya dice que quiere llevar adelante un proceso de emancipación nacional y social, pero que quiere ser democrático, pacífico, trasversal y que quiere interpelar a toda la ciudadanía. Todos estos parámetros le dan una complejidad que hacen que a medida que avanzas y te encuentras con problemas tengas que ir reformulando los escenarios. Para nosotros esto es lógico y evidente, y era previsible de alguna manera.

Ahora el debate es sobre el llamado RUI, sobre si el presidente debe convocar un referéndum de independencia. A diferencia de la ANC, Òmnium no se ha pronunciado.

No es que no nos hayamos pronunciado por negligencia ni por pereza, que no somos perezosos, sino porque nos parece que no nos corresponde. No nos corresponde tener una hoja de ruta propia como entidad, nuestra razón de existir es que, cuando se generen grandes consensos, intentar sacarlos adelante. Y esto nos lo imposibilitaría tener una hoja de ruta propia.

Òmnium apoyó el carácter plebiscitario de las elecciones del 27 de septiembre. ¿Cree que tenía suficiente consenso?

Aquellas elecciones, de formato autonómico pero con carácter plebiscitario, creemos que lo fueron. Lo fueron por la participación del pueblo de Catalunya, y también porque de hecho todos los partidos lo reconocen, de los partidos soberanistas a los partidarios de mantener el statu quo. Aquellas elecciones eran la respuesta a un referéndum que el Estado español no nos dejó hacer, y pienso que más que hacer un reproche debería felicitar a la sociedad catalana por buscar mecanismos para poder simular aquello que en cualquier rincón del mundo es evidente: que los contenciosos políticos se solucionan dando voz a la ciudadanía.

Lo mismo ocurrió con la manifestación del año pasado, donde mucha gente dijo que no participaría por ser el primer acto electoral de Junts pel Sí, como la propia Colau que usted citaba antes. ¿Hacen autocrítica de ello?

La manifestación del 11-S del año pasado, obviamente, para Òmnium no era el inicio de la campaña electoral. Òmnium no participó en ninguna candidatura política. No podríamos formar parte. La que había sido presidenta de Òmnium, Muriel Casals, dejó de ser presidenta y participó de una candidatura de carácter cívico.

Parecen lazos fuertes.

Sí, pero es que, entre nuestros socios y nuestras juntas territoriales, que nadie se equivoque, hay muchísima gente que milita en partidos pero también muchísima que no. Y tenemos muchísima gente de los entornos de ERC o de Convergència, pero también muchísima gente de En Comú Podem. Y gente muy diversa que puede cambiar la tendencia de voto. Nosotros tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de representar la voluntad política de nuestros socios.

Durante la primera parte del proceso, las entidades civiles independentistas habían sido una especie de lobby e incluso de control a los partidos, bajo una óptica independentista. Desde hace un tiempo en cambio parecen haberse convertido en correa de transmisión de los partidos y el Govern.

En los inicios del proceso, sobre todo con la manifestación del 10-J, las entidades lo que hacían era intentar transmitir a los representantes políticos que la situación que vivía Catalunya era insostenible y que se tenía que conseguir la forma de que el pueblo se expresa de una forma libre y democrática. ¿Dónde estamos ahora? En un momento diferente. En un momento donde hay una mayoría soberanista en el Parlament, apuntalada por un Govern netamente independentista, con una mayoría absoluta.

A partir de aquí, cada uno debe estar en su lugar. Las entidades lo que tienen que hacer es preservar el carácter transversal y de base del movimiento. Nosotros somos sociedad civil, debemos canalizar las inquietudes de la sociedad civil, garantizar que el proceso es transversal, interclasista e intergeneracional. Y, los políticos, deben hacer de políticos, legislar y llevar a la gente donde con su voto les han pedido que los lleven.

Se habla de un supuesto cansancio de los independentistas. ¿Le preocupa que las cifras de participación de este domingo no igualen las de otros años?

Nosotros siempre decimos que no podemos competir contra nosotros mismos. Cuando tú ya has demostrado un montón de veces, vía votación, vía consulta, vía manifestación, vía otra manifestación... sería un absurdo quedarnos con las cifras y no con lo que realmente pasará a las calles de las ciudades de convocatoria, que será un clamor unánime a favor del derecho a decidir.

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