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Carta abierta al Príncipe Heredero de Arabia Saudí

Algo profundo falla cuando esa monarquía absoluta, que legisla a golpe de reales decretos, justifica que Raif Badawi, Premio Sájarov 2015, sigue en la cárcel (por expresar su opinión en un blog) porque ustedes respetan la separación de poderes y la independencia judicial

Su “Vision2030” es muy espectacular, pero no podemos apoyarla si antes no reconoce la igualdad efectiva para las mujeres y las niñas, garantizando su pleno acceso a la educación y al empleo para posibilitar su autonomía personal y económica, sin restricciones

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El rey saudí designa a su hijo Mohamed Ibn Salman primer heredero al trono

Mohamed Bin Salman y Donald Trump. EFE

He tenido el privilegio de ser parte de la primera misión oficial de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo a Arabia Saudí, en la que hemos mantenido un diálogo abierto y constructivo con las principales instancias del Gobierno y diversas instituciones. Lamentablemente, Alteza, usted no pudo o no quiso recibirnos. Lo cual he de decir que me extrañó sobremanera, habida cuenta del ambicioso y complejo empeño de transformación nacional que está liderando, para cuya viabilidad no son pocos ni pequeños los apoyos políticos que necesita.

Llegamos a Riad justo después de que usted desvelara al mundo, con una puesta en escena milimétrica y deslumbrante, de factura 100% norteamericana, su proyecto emblemático, la ciudad del futuro NEOM. Y aprovechara, como quien no quiere la cosa, para lanzar en ráfaga de titulares su plan para tomar las riendas de su futuro y ser el referente integral de la región.

Ciertamente, Arabia Saudí se encuentra inmersa en un rapidísimo proceso de cambio de modelo económico, social, energético y tecnológico. La sociedad, muy conservadora, está teniendo dificultades en asimilarlo. Pero usted, Alteza, ha visto claramente que un país donde el 70% de sus 32 millones de habitantes tiene menos de 30 años, con déficit de inversión y empleo del sector privado, desafiado por el progresivo declive del papel central del petróleo, e identificado con el extremismo islamista y el trato a la mujer como ciudadanas de segunda... ha de acometer esa transformación profunda sin demora.

He podido constatar que todo el país se encuentra movilizado en su programa “Visión2030”, con el fervor y la entrega unánimes que posibilita una monarquía absoluta. Con argumentos elaborados con el mejor lenguaje moderno, global, inclusivo, progresista del liderazgo del siglo XXI que usted encarna. Pero entenderá que algo profundo falla cuando esa misma monarquía absoluta, que legisla exclusivamente a golpe de reales decretos, justifica que Raif Badawi, Premio Sájarov 2015, sigue en la cárcel (por expresar su opinión en un blog) porque ustedes respetan la separación de poderes y la independencia judicial.

Creo sinceramente que el mundo entero (o casi) estaría dispuesto a apoyar su plan y su relato. Pero no puede esperar que lo hagamos con sus reglas, unas reglas que no son aceptadas ni compartidas por la comunidad internacional. Su “Vision2030” es muy espectacular: pero no puede prevalecer sobre la Agenda2030 de Naciones Unidas, que es común y universal, como lo son las obligaciones que con ella nos hemos dado. Entre ellas, lograr la igualdad efectiva para la mitad de la población mundial, las mujeres y las niñas, garantizando su pleno acceso a la educación y a las oportunidades de empleo para posibilitar la autonomía personal y económica, sin restricciones. La tutela masculina es incompatible con ello, y ha de ser, por tanto, expresa y efectivamente abolida de todos los ámbitos de la vida de los saudíes.

Sin garantizar la libertad de expresión y de conciencia, no hay ciudad futurista de 500 billones de dólares que valga. Sin asegurar que los trabajadores migrantes disfrutan de los mismos derechos que los nacionales, no hay revolución modernizadora posible. Sin utilizar abiertamente y sin complejos la mayor tribuna musulmana mundial, la Meca, para lanzar el mensaje debido, no hay reivindicación del islam moderado que se sostenga. Donde la práctica religiosa rige cada milímetro de la vida, define las infraestructuras, los horarios, las comunicaciones, la industria, los servicios, la educación, la sanidad, la justicia, no hay cabida para el respeto a las libertades y los derechos individuales. Desde luego que queremos contribuir a estabilizar la región, potenciar los ámbitos de colaboración contra el extremismo, impulsar la moderación y la convivencia. Pero no espere que quienes necesita para sacar adelante su plan hagamos la vista gorda para las brechas de impunidad o injusticia. La Sharia, la ley islámica que solo adopta de las convenciones internacionales lo que se adecúa a sus premisas, no puede pretender ser el marco jurídico de una transformación regional que cuente con el soporte del mundo. Arreglen eso, Alteza. Elimine las inconsistencias ahora que puede y quiere, porque nos necesitan. Quid pro quo. Sin trampas.

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