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Distintas formas de mirar un teleférico

¿Cómo ve el teleférico de Castro Valnera un presidente del Gobierno, un alcalde de pueblo y un vecino de la zona? Tres formas distintas de mirar una montaña.

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Hace un par de semanas me enamoré otra vez de Julio Llamazares leyendo su último libro. No es una expresión, no.  Enamoramiento del bueno, del de Patri x Llamazares. Desde hace años tenemos una extraña relación: le amo, me aburre, está loco, le amo, qué tío pesado, le amo. Creo que me voy a plantar aquí, una se cansa de tanto trajín.

El caso es que su libro trata de cómo se enfrentan diferentes miembros de una familia a una muerte frente a un pantano. Un pantano que en su construcción se llevó por delante el pueblo en el que siempre habían vivido y que tuvieron que abandonar en nombre del progreso, dejando allí raíces, memoria y arraigo. Un tema recurrente en Llamazares pero que lo borda. O a mí me lo parece, no sé.

Que es que una cosa parecida podría darse mirando al Castro Valnera.

Ignacio Diego

Madre mía lo que se tarda en llegar hasta aquí, está apartadísimo. Cada vez que vengo lo pienso. No me extraña que esto esté despoblándose, salvo los cuatro jipis a los que ahora les da por venir a las cabañas. Que esa es otra, que luego habrá que traerles un médico, unos profesores y unas palas quitanieves nuevas, que se quiere vivir como en las ciudades y todo no se puede. A ver si luego veo a alguno en el bar, les doy con fuerza la mano y les hago míos. Es increíble el poder de mis manos y mi mirada en la gente. Se la aprieto, sonrío, les trato de igual a igual y el milagro se ha obrado, vive Dios. Así llevo cuatro años, cómo pasa el tiempo. Soy como Revilla pero en fino y educado, eso he querido dejarlo claro desde el principio.

Es increíble este paisaje, te empequeñece. Me impresiona tanto que la idea del teléferico surcando sus valles y montañas me parece el mejor regalo que podía hacerles, un legado que ni el tiempo podrá borrar ya. Diez días y listo, estoy que no me lo creo, si por poco se me cae también este teleférico.

152 puestos de trabajo directos les hemos dicho que iba a proporcionar el teleférico. Y no miento. Unos 149 que se necesitarán para desescombrar, allanar, alquitranar, poner las torres eléctricas, canalizar el agua... Ingenieros, gente de la construcción, personal administrativo, de todo vamos a necesitar. Y comerán aquí, generando riqueza desde el principio. Y luego dos o tres trabajadores que se quedarán de fijo: el de los tickets, otro arriba y el de mantenimiento. Y con las ayudas al empleo, que si Valles Pasiegos, que si el Ayuntamiento, pues lo que se vaya necesitando todo el año.

A ver si a la tarde hago unas llamadas y me aseguro de que esta gente de Casacal se pone a ello con urgencia. Por dinero no va a ser, ya saben ellos que les vamos a ayudar en lo que necesiten, los 25 o los 40 años que se queden, que ya ni lo sé. Va a merecer la pena, cachis la mar. Al final me salen los dos teleféricos y hasta las cifras del paro, verás tú.

Uy, mira, me están llamando. Hombre, los de La Picota en su cara norte. A la tarde en cuanto llegue al despacho les llamo también y me pongo con ello. ¡Menudas vistas que van a tener y la de puestos de trabajo que se van a crear ahí también!

Juan Carlos, el alcalde

Cagüendiez, siempre igual con los ecologistas. Ahora, que casi mejor la guerra que han dado, que con el cambio de trazado  aprovechamos y arreglamos lo de la estación de Yera que estaba asquerosa, daba pena verla. Que sí, hombre, que ya sabemos que algo se va a destrozar. Pero es que el progreso no nos puede salir gratis, en algo hay que ceder. Y qué mejor que esto que no supone ninguna pérdida para los vecinos. ¡Será mejor lo que pasó en Santander con lo de Amparo! Aquí la cosa es de otra manera, más tranquila.

Si es que además ninguno es de aquí. Si aquí todos estamos a favor del teleférico, ni uno está en contra, ni uno, hasta la oposición. Y van a venir de fuera a decirnos lo que tenemos o no tenemos que hacer. Bien que les hemos apoyado con su No al fracking, un poquito de toma y daca no estaría mal.

Lo que no puede ser es que esté el pueblo avejentado y sin producir, así no se puede seguir, algo hay que hacer. Es que quieren las montañas para ellos solos. Suben con un bocadillo traído de casa, pasan el día y se marchan, este turismo no es rentable. Las montañas ya no dan nada y son nuestras, queremos sacarles provecho, tampoco me parece tan raro. Que me digan ellos, si son tan listos, cómo aprovechamos esto, que me lo digan porque yo no sé qué hacer. Yo no sé qué hacer, lo sabe todo el mundo.

Mira lo de Liébana y bien que se suben en ese teleférico para andar por allí, eso ya no les importa tanto. O El Soplao, qué carreteras les hicieron, madre mía. 21 millones de euros dicen que va a dejar aquí, como una lotería, tú.

Diez días y esto se cierra. Y en año y medio ya tenemos el teleférico montadito y funcionando.

A ver si luego hablo con Nacho tomando el café y me cuenta cómo van los detalles. Tengo ganas ya de ver las excavadoras y las palas funcionando.

Un vecino

Mis hijos ya no, pero tal vez mis nietos puedan trabajar aquí si construyen el teléferico. Total, si se arregla un poco la casa, tal vez vengan y se queden. Dicen  que va a dar mucho trabajo, yo qué sé. Será. Si ellos lo dicen, será. Yo no he estudiado como ellos.

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