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El hombre que susurraba a los votantes

Parece que la crisis y los dolorosos remedios que se han aplicado para mitigarla nos han llevado a los cántabros a buscar un remedio más casero. Si el veterinario no lo ve claro, avisemos al curandero.

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Las elecciones autonómicas han dejado en Cantabria un laberinto muy similar al de otras regiones españolas, o más bien un escenario paralelo, ya que que cada cual dibuja el cuadro con sus propias peculiaridades.

El terrible trauma que la crisis ha dejado en Cantabria me recuerda al accidente de Pilgrim, aquel hermoso pura sangre atropellado por un camión en la novela de Nicholas Evans, El hombre que susurraba a los caballos, después llevada a la pantalla con gran éxito por Robert Redford. El problema es que tanto el caballo como su joven jinete quedan gravemente traumatizados, no solo por las heridas físicas, sino por las secuelas psicológicas del accidente.

En Cantabria las heridas de la crisis han sido igual de graves, como si un gigantesco trailer de dieciocho ruedas nos hubiera embestido y volteado. Las consecuencias del impacto fueron terroríficas en el empleo de la región –donde más nos duele-, dibujando un panorama desolador que arrasó la industria y el comercio. Un paseo por el centro de Santander muestra aún las cicatrices de negocios cerrados para siempre, locales vacíos, cese de actividad, disminución drástica de clientes y sobre todo una sensación de tragedia irreparable.

Los veterinarios consiguieron salvar a Pilgrim y los médicos también mantuvieron con vida a su propietaria, la niña Grace MacLean, pero ambos estaban tan traumatizados y tan unidos psicológicamente que parecían haber perdido las ganas de vivir. Por ello su madre, una editora de Nueva York, busca a un "sanador de caballos" en las praderas de Montana para intentar recuperar a su hija.

Los cántabros también conseguimos sobrevivir a la crisis, pero en unas condiciones tan precarias, que lo hemos pagado con buena parte de nuestros derechos y nuestra autoestima. Es verdad que quienes afrontaron la tarea de recuperar la región se enfrentaron a no pocos problemas, pero igual que los veterinarios que salvaron a Pilgrim, nos hundieron el bisturí de tal forma que salimos adelante arrastrando problemas y secuelas.

Y en esto llegaron las elecciones autonómicas, con lo que llegó también la hora de decidir si continuábamos el tratamiento o buscábamos otra solución. Pues bien, el resultado ha sido tan peculiar como peculiares somos los cántabros: nos hemos decidido por llamar a un curandero.

Bueno, cierto es que, en principio, el Partido Popular ha sido el que ha obtenido más diputados regionales, pero con un margen tan escaso que se vería obligado a buscar pactos que no le convencen. Ya en la noche electoral, Ignacio Diego ha querido ahorrarse el dolor de muelas de sentarse a negociar con Revilla, descartando la posibilidad de continuar en la Presidencia.

Es como si el veterinario no tuviera claro sus opciones y dejase el camino libre al curandero, al susurrador de votantes. El dominio de los medios y el populismo de Revilla no bastan para explicar su fortaleza en las urnas, pero está claro que su ágil cintura política sí le permitirá establecer los pactos oportunos y volver a ocupar la Presidencia de Cantabria para alegría de taxistas madrileños y envasadores de anchoas. Es lo bueno de no llevar ideología en las alforjas: dame sobaos y llámame lo que quieras…

La ágil cintura política de Revilla le permitirá establecer los oportunos pactos y volver a la Presidencia de Cantabria para alegría de los taxistas madrileños.

En un segundo plano están los curiosos casos de Santander y Torrelavega. En la capital pierden los populares una mayoría absoluta histórica, mientras que en el Besaya, los socialistas vuelven a permitir con sus disensiones internas una victoria simbólica de sus rivales.

Tom Booker, el sanador de caballos encarnado por Robert Redford, afirma en un momento de la película: "No ayudo a personas que tienen problemas con caballos, sino a caballos que tienen problemas con personas. Pilgrim no es solo un caballo, es un espíritu libre con ganas de salir adelante".

Ese es el verdadero mensaje que estamos enviando los cántabros: "¡Por Dios, queremos salir adelante, ayudadnos a salir adelante".

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