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ENTREVISTA Rafael Díaz-Salazar, profesor de Ciencias Políticas y Sociología

“La educación debe convertir el ecologismo en un movimiento de masas”

El sociólogo Rafael Díaz-Salazar considera que "una tarea educativa fundamental debería ser el diseño de un proyecto de vida ecologista dentro del propio hogar"

"El mantra de que 'a mi niño que no le falta de nada' es un principio anti educativo total"

"El Papa Francisco ha conseguido que el tema de la ecología ligado a las desigualdades sociales entre en las agendas políticas internacionales"

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El sociólogo Rafael Díaz Salazar ha ofrecido una conferencia en Bilbao / FOTO: Diócesis de Bilbao.

El sociólogo Rafael Díaz Salazar ha ofrecido una conferencia en Bilbao / FOTO: Diócesis de Bilbao.

El profesor de la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Díaz-Salazar, autor del libro "Educación y cambio ecosocial", considera que la educación formal y la no formal deben tener una gran impronta ecologista. El autor, que ha participado en la última sesión de las jornadas organizadas por el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral en Bilbao, propone que desde la educación ecosocial se formen personas 'verdes' y activistas que conviertan el ecologismo, ahora un movimiento minoritario, en una corriente de masas.

Usted no habla de cambio social sino de cambio ecosocial. ¿Qué implica su propuesta?

Tenemos que ir hacia una regulación ecológica del modo de producción económica y también del consumo, ser conscientes de que nuestro modo de vida se basa en sistemas de explotación laboral y destrucción ambiental en muchos países del sur del mundo. Eso lleva a un enfrentamiento entre el bienestar de los países ricos y el empobrecimiento de países del sur, especialmente porque nosotros no tenemos ni las fuentes de energía ni los medios de bienes primarios para poder mantener nuestros sistemas de consumo. El cambio ecosocial es un cambio que obliga a tener una producción regulada por la ecología y a reducir sustancialmente nuestros niveles de consumo. Eso genera la necesidad de un cambio cultural, ir hacia una cultura de la autocontención, del límite, de la frugalidad. Si queremos tener una ecojusticia no podemos reproducir el actual modo de vida que tenemos basado en la destrucción del medioambiente y en el expolio de muchos territorios.

Habla usted de ceguera, analfabetismo e incluso falta de sensibilidad hacia las corrientes ecologistas. ¿No percibe avances?

Sí hay una visión compartida de que estamos ante un problema importante, el cambio climático. Pero me da la sensación de que parece algo que pasa en otro mundo, no en el nuestro, como si todo pudiera seguir tal cual. Pero esto es una catástrofe real en ciernes, lo que ocurre es que los impactos más fuertes del cambio climático, de la destrucción medioambiental, paradójicamente e injustamente, no se están dando dentro de nuestros territorios sino en países que están muy alejados. De ahí que varios informes de Naciones Unidas afirmen que en los próximos años una de las catástrofes sociales más fuertes va a ser la de los ‘refugiados climáticos’, la de las personas que viven en los países más pobres en los que nuestro modo de producción y consumo tiene un impacto muy fuerte, paradójicamente, países que no generan el cambio climático.

Usted afirma que ha de imponerse la frugalidad y la autocontención una de las sociedades más consumista de la historia. ¿Cómo se consigue esta transformación progresiva que propugna?

La sociedad verde no vendrá por si sola. Hay que fabricar personas verdes, formas ecologistas de la personalidad. La educación, tanto la formal impartida en los centros de enseñanza, como la no formal, en el seno familiar, tiene que ser ante todo ecosocial, tiene que tener una gran impronta ecologista. Hay que superar esa falta de transmisión de los muchos conocimientos y evidencias científicas sobre el grado de destrucción medioambiental. Hay que educar una serie de sentimientos de respeto, de piedad, de cuidado, hacia una tierra que está siendo herida en una lucha desesperada por tener energía a cualquier precio. Hemos de generar otros estilos de vida en los que seamos plenamente conscientes de la huella ecológica que tienen nuestros comportamientos. Además entiendo la educación ecosocial como la iniciación al activismo ecologista. El movimiento ecologista existe pero es minoritario y hay que convertirlo en un movimiento de masas a través de la educación. Los niños y adolescentes deben ir incorporándose a las secciones juveniles que tiene el movimiento ecologista.

"El movimiento ecologista tiene en el Papa Francisco un aliado de primer nivel cuyos mensajes llegan a los más de 1.500 millones de seguidores de la Iglesia repartidos por todo el mundo"

Hace especial hincapié en la educación no formal. ¿Por qué?

Donde hay que empezar a generar cultura ecologista en primer lugar es en las familias, que siempre tienen muchos proyectos pero carecen de proyecto educativo. Deben empezar sobre el uso del agua, la electricidad, el tipo de alimentos que se consumen o la relación con la naturaleza que mantienen. Una de las tareas educativas debería consistir en acompañar a las familias en el diseño de un proyecto de vida ecologista dentro del propio hogar. Para educar en la cultura de la autocontención hay que empezar desde la infancia. Hemos vivido unos años escuchando el mantra de 'a mi niño que no le falta de nada' y es un principio anti educativo total porque la primera experiencia que hay que tener es vivir más con menos.

Se ha reprochado desde varios frentes al ecologismo que difunda mensajes catastrofistas. Usted ha hablado en su conferencia de apostar por un grito movilizador y no aterrador. ¿Ahí está la clave?

Es una de ellas. Antes se generaba un sentimiento negativo por esos mensajes apocalípticos pero el movimiento ecologista ha dado un giro muy interesante y acertado a su forma de comunicar. Nos cuentan que se puede ser más feliz y tener una vida más plena e intensa consumiendo menos y de otra manera, de forma responsable y se vuelcan en dar a conocer las propuestas alternativas al modelo consumista imperante. Y en este sentido cada vez tienen más visibilidad y seguidores  ciertos movimientos muy interesantes relacionados con el consumo responsable y el comercio justo. Por ejemplo, un tema que conecta mucho con los jóvenes, son los modos de producción textil. Las grandes cadenas a las que acuden los jóvenes masivamente generan mucha destrucción medioambiental y mucha explotación de mano de obra. Las propuestas de revalorización de ropa de segunda mano o la moda ecológica se van abriendo camino y van calando en ciertos sectores juveniles.

El pensamiento ecologista ateo y agnóstico y el de inspiración cristiana tienen  muchos puntos en común. El actual Papa Francisco lo ha evidenciado. ¿El movimiento ecologista tiene un aliado en el actual Papa?

Sin duda es un aliado de primer nivel. Jorge Bergoglio es el Papa de una Iglesia que cuenta con más de 1.500 millones de seguidores repartidos por todo el mundo. Su capacidad de difusión de mensajes favorables al ecologismo es muy grande. Este Papa es un muy buen aliado del movimiento ecologista que es previo a él. Es muy significativo el pensamiento del Papa sobre ecología que expresa en su encíclica. No se sitúa en la línea del capitalismo verde sino más bien en una línea de ecología radical y es muy importante porque es un pensamiento muy crítico con el sistema capitalista, con las empresas transnacionales y es una ecología que mira los problemas desde los países del sur. Ha conseguido que el tema de la ecología ligado a las desigualdades sociales entre en las agendas políticas internacionales. Otra cosa es si las iglesias van a estar a la altura de los desafíos y los restos que plantea el papa Francisco.

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