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Albert Rivera intentará abrir vías de entendimiento con el PP pensando ya en el día después del 26J

Pese a las tensiones, el líder de Ciudadanos aboga por buscar canales de diálogo con dirigentes del PP "no contaminados" y por mantener buenas relaciones con el PSOE ante el temor a que triunfe "el populismo de la hoz y el martillo"

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Albert Rivera atiende a los medios en una imagen de archivo

Albert Rivera tiene más la vista puesta en el día después del 26J que en la campaña electoral propiamente dicha, que oficialmente no empieza hasta el próximo 10 de junio. El temor a que el pacto alcanzado entre Podemos e IU supere al PSOE, y la posibilidad de que Pedro Sánchez, como ha advertido, se niegue a apoyar un gobierno de los tres partidos constitucionalistas liderado por el PP -si vuelve a ser la fuerza más votada-, le va a llevar a intentar desbloquear las pésimas relaciones que mantiene con la formación de Mariano Rajoy. "No podemos volver a fracasar porque entonces vendrá el populismo y los de la hoz y el martillo", advierte el líder de Ciudadanos.

La tensión que ya se arrastraba entre su partido y el PP y que se ha ido incrementando en plena precampaña no va a propiciar que esos canales de diálogo fructifiquen fácilmente. Menos aún cuando se están conociendo las dimensiones del escándalo de la Púnica una vez levantado el secreto del sumario. El acuerdo de investidura que mantienen en Madrid con Cifuentes amenaza incluso con tambalearse

Pero la preocupación por que se repita una nueva situación de bloqueo institucional tras el 26J y ese temor a que gobiernen los "radicales" es grande y la ha dejado caer Rivera en diversas ocasiones. La última, ante un grupo de empresarios privados, promotores del desayuno informativo que protagonizó este martes en Madrid. Antes de empezar el acto, el líder de Ciudadanos les confesó en petit comité que "los puentes con el PP están totalmente rotos". Según recogieron las cámaras de televisión, también lamentó ante el empresariado que el contacto con el PSOE esté ahora paralizado. "Deberíamos estar hablando. Los tres partidos. Pero no hay nada, ningún tipo de diálogo", reconoció el presidente de Ciudadanos.  

Ya en abierto, lanzó un claro mensaje al PP, partido con el que gobierna o da sustento para gobernar en tres comunidades autónomas y más de media docena de capitales de provincia: "El enemigo no soy yo ni Ciudadanos, es la corrupción, el paro, el populismo y el separatismo". "Quien piense que el enemigo es Ciudadanos que se lo haga mirar", advirtió Rivera, al que no le ha gustado nada que Rajoy considere a Ciudadanos como un partido de "izquierdas". 

Pero estamos en campaña y la disputa por el voto de centro va a ser ahora cruenta. Las encuestas vuelven a dar como ganador al PP, por lo que en Ciudadanos han decidido mantener los ataques más duros contra Rajoy al que Rivera sigue descalificando como interlocutor. "Ojalá Rajoy no hubiera tenido piedad con la corrupción, ojalá no hubiera tenido piedad con la precariedad laboral o con los de la amnistía fiscal. El problema, insisto, es que nosotros no queremos tener piedad contra todo eso", replicó Rivera como respuesta a  una información del diario El Mundo que apuntaba que el dirigente del PP había diseñado una campaña "sin piedad" contra su figura.

Esa estrategia de dar tanta 'caña' al líder naranja no es compartida por algunos de los dirigentes más jóvenes de Génova, a los que precisamente quiere 'seducir' Rivera para abrir esos puentes de diálogo. Prueba de ello es que horas después, el vicesecretario de Acción Sectorial, Javier Maroto, rebajaba considerablemente el tono y prometía una campaña "en positivo", que huya del "y tú más". Tanto Maroto como otros vicesecretarios -especialmente Pablo Casado- creen que, sin dejar de lado a Ciudadanos y al PSOE, el discurso de Rajoy debería centrarse, por un lado, en destacar las los "aciertos" del Gobierno, y, por otro, en alertar de la llegada de las "aventuras radicales y populistas". Un argumentario, en este sentido, muy similar al que están esgrimiendo tanto Ciudadanos como los socialistas, que no se cansan de destacar que con el pacto entre Podemos e IU vuelve "el viejo comunismo".  

También las relaciones que mantenía Rivera con Pedro Sánchez se han enfriado. Incluso le ha dirigido algún que otro dardo estos días, criticando que haya presentado un "Gobierno en la sombra" o un "no Gobierno", o exigiéndole que aclare antes de las elecciones si pactará con Podemos e IU para que su electorado lo sepa de antemano. Andanadas de campaña pero sin llegar a atacarle en temas de calado puesto que, como han reconocido a eldiario.es fuente del partido naranja, no se entendería que de buenas a primeras el PSOE pasara de ser socio a su enemigo.

No obstante, Rivera confía en que todas estas tensiones lógicas de la campaña se diluyan una vez se conozcan los resultados el 26J. Mientras tanto, ya ha advertido de que él va a seguir jugando un papel "catalizador" para que pueda formarse un Gobierno entre los tres partidos que él considera "constitucionalistas". "Para eso necesitamos escaños", ha alertado haciendo un llamamiento al "voto útil". 

"Hay que tender puentes para dialogar con los principales partidos porque el 27-J  nos vamos a tener que entender de una manera u otra", ha sentenciado el líder de Ciudadanos para el que el gran problema sigue teniendo nombre y apellido: Mariano Rajoy.

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