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ENTREVISTA | Irene Montero

"No vamos a pactar con los corruptos. Ni con los del 'tres per cent' ni con los del tres por ciento"

La portavoz de Unidos Podemos-En Comú-En Marea reprocha el acercamiento del PSOE al PP por Catalunya: "Ni siquiera quiere interlocutar con nosotros"

"Este siglo será el de la revolución de las mujeres. Hay una serie de derechos que nosotras queremos ejercer y no vamos a parar hasta conseguirlo"

"El acuerdo de Madrid viene a ratificar que nos hemos tomado en serio el mandato de los inscritos en Vistalegre 2"

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La portavoz de Unidos Podemos-En Comú-En Marea es la tercera mujer que ocupa un cargo similar en el Congreso desde la restauración de la democracia. Irene Montero (Madrid, 1988) recibe en su despacho a eldiario.es el 20N para hablar de otra efeméride, celebrada un día antes: el 84 aniversario del derecho a votar de las mujeres.

Montero habla en esta larga entrevista sobre el papel de la mujer en la política y cómo el movimiento feminista está recuperando una fuerza perdida hace muchos años. La portavoz del grupo confederal  coincide con Ada Colau en que este será el siglo de las mujeres ("de la revolución de la mujer").

Irene Montero repasa además la situación en el Congreso, bloqueado por los vetos del Gobierno y por la reagrupación de lo que Podemos ha dado en llamar "bloque monárquico". Un bloque que en Catalunya confrontará con el de los independentistas sin que ninguno logre, cree, una mayoría para gobernar. Sobre la posición de Catalunya En Comú Podem, Montero zanja: "No vamos a pactar con los corruptos. Ni con los corruptos del tres per cent ni con los corruptos del tres por ciento".

El 19 de noviembre se cumplieron 84 años de la primera vez que la mujer pudo votar en España. Y ha pasado desapercibido, en contraste con otra efeméride, la del 20 de noviembre. ¿Por qué ocurre esto sistemáticamente con las fechas que tienen que ver con la mujer?

Contrasta con tiempos en los que esos símbolos y efemérides cobran mucho sentido y tienen especial simbolismo con el momento de transformaciones que se está viviendo en España. El año que viene se celebran 40 años de la Constitución y el Congreso ya está preparando las celebraciones. Dentro de nada es el 6 de diciembre y ya están las invitaciones llegando a los cargos institucionales.

En mi opinión tiene que ver con que seguimos en una sociedad profundamente machista, que todavía no le da importancia a celebrar ese tipo de hitos en el reconocimiento de derechos y de las luchas de las mujeres porque tampoco tiene especiales logros que mostrar a día de hoy. Obviamente que las mujeres, con nuestras luchas, hemos conseguido muchas cosas a lo largo de la Historia. Pero a día de hoy, la brecha salarial sigue existiendo y es muy fuerte. O la feminización de la pobreza cuando el 99% de la riqueza, según Intermón Oxfam, está en manos de hombres. Los ocho hombres más ricos del mundos son hombres y acumulan la mitad de la riqueza de la población mundial. Los trabajos más precarios, a tiempo parcial , en su mayoría son asumidos por mujeres. O las tareas de cuidados no remuneradas.

La sociedad española todavía tiene muchos retos y muchas dificultades para entender el protagonismo de las mujeres y a las mujeres como protagonistas de sus propias vidas. Y esos elementos simbólicos de reconocimiento de lo que hemos avanzado cuesta mucho efectuarlos y pueden pasar desapercibido.

Usted es portavoz de su grupo parlamentario. En 40 años de democracia solo hay dos antecedentes: Soraya Rodríguez, del PSOE, y Soraya Sáenz de Santamaría, del PP. ¿Les cuesta todavía trabajar en el Congreso por su condición de mujeres? ¿Deben esforzarse más para conseguir la misma atención de los medios? ¿Tienen más problemas para interlocutar con otras instituciones?

Creo que sí. Es rotundo. A las mujeres, en general y con cierta independencia de su formación política, aunque no con completa independencia, tenemos más dificultades. Muchas veces son materiales, y eso se ve en las estadísticas de cuántas mujeres han sido portavoces, presiden una comisión o forman parte de las mesas de las comisiones. O cuántas mujeres son diputadas, que todavía no alcanzamos la plena igualdad con partidos que no creen que sea necesario incorporar un 50% mínimo de mujeres en sus listas. Pero también hay cosas simbólicas como el respeto o cómo te cuestionan, algo que ahora está en el debate público. Las mujeres por el hecho de serlo somos más cuestionadas en nuestras decisiones o declaraciones públicas. A una persona a la que han robado nunca cuestionarían si se lo puso fácil al ladrón. Sin embargo de una mujer que ha sufrido violencias machistas sí se pone en cuestión cómo iba vestida o si se resistió lo suficiente.

Todavía tenemos mucho que pelear. Creo que este siglo será en de la revolución de las mujeres. Ya no estamos dispuestas a seguir aguantando que no se nos nombre, que no formamos parte de la historia oficial o de la toma de decisiones. Coincide con un momento de crisis en España y de crisis del modelo de convivencia hegemónico en el mundo entero que de alguna manera resume reivindicaciones que el movimiento feminista lleva mucho tiempo trabajando y que tiene que ver con cómo articulamos los cuidados en la sociedad, cómo garantizamos que las personas tenemos derecho de vivir bien con independencia de nuestro nivel de renta, del color de nuestra piel o del lugar en el que hemos nacido.

Las reivindicaciones y la agenda feminista no tiene solo que ver con que todavía hay un sistema machista, patriarcal, que deja a las mujeres relegadas a un segundo plano. Tienen que ver con que el conjunto de los sectores populares en muchas partes del mundo tienen una serie de necesidades, de aspiraciones y de reivindicaciones que no van a abandonar fácilmente y que la agenda feminista tradicionalmente ha situado como ejes de lucha porque nos han afectado más a nosotras: la pobreza, la desigualdad o las dificultades para el empleo.

Hablaba de cómo la Historia oculta personajes o figuras relevantes femeninas. Por ejemplo, Clara Campoamor o Victoria Kent, que formaban parte de las Cortes republicanas que debatió si debía legislarse o no el derecho al voto de la mujer. ¿La transversalidad del machismo es una de sus fuerzas?

Yo no lo llamaría transversalidad, pero el sistema de dominación patriarcal es tremendamente eficaz. El reconocimiento del derecho de las mujeres a votar, que en ocasiones vino antes del derecho a ser elegidas, es algo propio del siglo XX. Y cuando hablamos de las mujeres negras en EE UU, de finales de los años 70 del siglo XX. Es decir, en 1965 una mujer negra en EE UU no votaba. Cuando tomas dimensión de los pocos años que han pasado es impresionante. Son siglos y siglos de dominación patriarcal que se traducen en que la propia Historia que estudiamos en el colegio que es lo que sirve para que los niños y las niñas en el futuro sean ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho, es una historia contada de hombres para hombres y que no reconoce la trayectoria de lucha y vida de las mujeres. Y que las instituciones públicas en la mayoría de los países han sido tradicionalmente construidas por hombres para ser ocupadas por hombres. Eso no se cambia en unas poquitas décadas.

El machismo es probablemente el sistema de dominación que más se ha sabido adaptar a los cambios en el modelo económico e institucional. La cuestión es cómo lo revertimos, cómo superamos un sistema de dominación que ha demostrado ser eficaz a lo largo de muchos sistemas económicos y con cierta independencia, cierta, de otros ejes como la clase o el nivel económico.

¿Cómo se consigue todo eso? Hoy en el Congreso hay un 40% de diputadas repartidas por todos los grupos. Pero de forma reiterada los asuntos relacionados con mujeres no se sitúan en el centro y, cuándo se consigue, es de forma pasajera.

Yo siempre he sido una firme defensora de las cuotas, de la necesidad de que en las instituciones públicas y en las formaciones políticas nos obliguemos a intentar suplir la desigualdad que arrastramos desde hace siglos obligando a que haya un mínimo de mujeres en los órganos de decisiones. Si no, pesa mucho la costumbre y la inercia. Y entonces resulta que los hombres están mejor preparados, hablan mejor, son más inteligentes, han leído más, son más capaces de afrontar la adversidad, de imponerse cuando hay que hacerlo, de pelear contra el adversario y así un sinfín de cualidades positivas que casualmente nunca tiene una mujer. 

Pero esto no basta. Hay momentos en la historia de los movimientos feministas y de nuestro país en los que mujeres diferentes han sido capaces de tener una agenda común. El derecho al sufragio fue capaz de concitar una gran unanimidad entre los movimientos de defensa de los derechos de las mujeres, incluso aunque tuviesen en otras cosas agendas diferentes o tuviesen formas de lucha diferentes. Pero a día de hoy, cuando veo la composición del Congreso, pienso que no basta con que seamos más mujeres en este Parlamento. Hace falta hablar de cuáles son las políticas que nosotras y nosotros tenemos que hacer para que la igualdad se haga efectiva.

Cuando el Gobierno del PP veta una ley de igualdad retributiva o una ley de permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles o una ley de mejora de la prestación por hijo a cargo, se ve cómo se veta el debate de propuestas políticas que podrían facilitar la igualdad y, por tanto, perpetúan la desigualdad cuando no se aplican.

También haría falta una agenda política compartida para defender derechos que a veces son directamente ejercidos por nosotras y a veces por el conjunto de la sociedad que permitan hablar de plena igualdad. Y ahí chocas con que algunas mujeres tienen la idea de que la agenda propia de las mujeres se subsume a otras prioridades de gobierno. Y nos encontramos con que el hecho de que haya más mujeres no significa que vayan a defender políticas que ayuden a la igualdad.

Se refería antes al hecho de que las mujeres cuando denuncian una violencia machista se encuentran a veces con el rechazo o se les exigen explicaciones o justificaciones que en otros casos no ocurre. El viernes pasado hubo una gran manifestación en Madrid en apoyo de la mujer que ha denunciado una violación en los Sanfermines. El pasado 8 de marzo también se produjo una marcha muy numerosa. ¿Cómo se aprovecha todo ese empuje desde abajo, con mujeres muy jóvenes muy politizadas y concienciadas de la necesidad de reivindicar sus derechos?

La pregunta más bien es al revés, cuánto tiempo van a conseguir los que ahora detentan el poder sostener la capacidad de ignorar el movimiento feminista. Las mujeres feministas que salen en masa el 8 de marzo, con gente muy joven, pero también en redes sociales de una forma muy viva y con nuevas formas de movilización, hacen pensar en cómo los movimientos populares avanzan en la forma de articularse y expresarse. El movimiento está vivo y, dentro de su diversidad, vamos todas a una, como en el caso de Juana Rivas, con toda la controversia y debates encendidos, nos juntaba a todas en la reflexión de cómo debíamos posicionarnos incluso aunque nos supusiese contradicciones o dificultades.

La pregunta no será tanto cómo vamos a ser capaces de aumentar esa movilización y cómo se va a trasladar a las instituciones, sino cuánto tiempo y mediante qué mecanismos los que ahora siguen tomando las principales decisiones van a ser capaces de sostener la ignorancia a esas reivindicaciones. ¿Cuánto tiempo más se va a permitir el Gobierno de Mariano Rajoy vetar una ley para igualar los permisos de paternidad y maternidad alegando problemas presupuestarios? Cuando digo que este es el siglo de la revolución de las mujeres no lo digo solo porque me apetezca sino porque es obvio que miles, millones de mujeres, de formas muy diversas y con formas de expresión y articulación muy heterogéneas, estamos diciendo que ya no esperamos más, que hay una serie de derechos que nosotras queremos ejercer, que queremos que se reconozcan y que no vamos a parar hasta conseguirlo .

Vamos a avanzar hacia otros temas. Menciona los vetos del Gobierno a leyes que se han planteado. Hay una sensación de bloqueo en el Congreso que dura desde 2016. Se dijo que se podría legislar desde el Parlamento, derogar leyes que había hecho el PP. Y no se ha avanzado ni en un sentido ni en el otro. Pese a que el Gobierno no tiene una mayoría clara. ¿No se puede hacer nada?

La práctica parlamentaria de esta legislatura está demostrando que es altamente difícil y que, cuando se consigue, no tiene que ver con los aspectos esenciales que preocupan a los ciudadanos y las ciudadanas. Son cuestiones más bien tangenciales.

Lo de los vetos está siendo un escándalo y el Congreso así lo ha expresado. Hay un litigio entre el Ejecutivo y el Legislativo que  está en manos del Tribunal Constitucional y esta casa ha enviado sus alegaciones para decir que hay un uso abusivo del veto que puede estar poniendo en riesgo nuestra capacidad legislativa, lo que dinamita la separación de poderes. Cualquier ley que se registra en el Parlamento, con cierta independencia del grupo político aunque la mayoría corresponden a las comunidades autónomas y en segundo lugar al grupo confederal de Unidos Podemos-En Comú-En Marea, y que afecte al presupuesto presente o futuro, que es lo grave, están siendo sistemáticamente vetadas.

La capacidad legislativa de esta Cámara se está viendo claramente dificultada. ¿Es el Gobierno el único responsable? Yo diría que es el principal porque el abuso del veto no se había visto en ninguna otra legislatura. Pero no es el único responsable. Hay una alianza política que se ha reconfigurado a raíz de la crisis territorial catalana, el bloque monárquico, que impide que en este país se pueda quitar al Gobierno de Mariano Rajoy a través de una moción de censura. Esos números siempre han estado ahí, siempre estuvieron y hasta que no se vuelva a votar seguirán estando. Cuando Pedro Sánchez quería ganar las primarias del PSOE decía claramente que su error había sido no pactar con Podemos y pactar con Ciudadanos. Pero tras ganar las primarias ha reeditado en los asuntos centrales de Estado un acuerdo con el PP y Ciudadanos. Eso da una amplia mayoría parlamentaria al Gobierno en la que se dan algunos golpes discursivos pero acaban votando lo mismo como con la aplicación del artículo 155 de la Constitución.

Hay una lectura que ya sabíamos, pero que ahora estamos experimentándola, y es que los procesos de cambio y de transformación social no van tan rápido como le gustaría a las personas más involucradas. Los procesos de cambio pueden ir evolucionando y sufriendo avances o mutaciones. Y a nivel institucional cuesta irlo trasladando en forma de mayorías parlamentarias que aseguren que ese proceso de cambio avance.

La mesa de coordinación que  anunciaron en verano con el PSOE está inédita. Se reunió para constituirse y nunca más. ¿Dan por perdido al PSOE para lo que queda de legislatura?

No entendemos al PSOE. No entendemos su actitud. No entendemos por qué dice antes del verano que somos sus socios preferentes; por qué se plantea que necesitamos establecer una dinámica de colaboración para frenar las políticas de austeridad del PP; por qué ha dejado la puerta abierta a una moción de censura; y que en dos o tres meses haya pasado a ser una política contraria. Cuando el país afronta uno de sus principales retos el PSOE ni siquiera quiere interlocutar con nosotros. Directamente acuerda cosas con el PP de forma muy opaca.

Nos han dicho que han acordado hacer una reforma de la Constitución pero no qué quieren reformar. Y cuando hemos visto la comisión de estudio de la crisis territorial, el PP de viva voz dice que no va a esa comisión para cambiar la Constitución. No sabemos si en el acuerdo de los partidos que forman un bloque monárquico que se junta a toque de corneta del jefe del Estado, además de aplicar el articulo 155 de una forma fraguista, se incluye un acuerdo de legislatura que genere una dinámica de aparente oposición que debajo esconda darle estabilidad al Gobierno.

Y por supuesto esa mesa está paralizada porque ellos no han querido reunirse. Cuando volvimos del verano les propusimos varias veces reunir esa mesa pero el PSOE ya estaba negociando con el PP y no quisieron reunirse con nosotros .

Habla de "toque de corneta del jefe del Estado" en referencia al mensaje de Felipe VI el 3 de octubre. ¿Detectan ustedes ahí un punto de inflexión en la relación del Unidos Podemos con el PSOE o incluso de Pablo Iglesias con Pedro Sánchez?

Las cosas nunca ocurren un solo día. Desde semanas antes se veía un mayor distanciamiento y si pedíamos reunir la mesa de coordinación no había una respuesta afirmativa. En mi opinión, ya estaban negociando con el PP.

La intervención del jefe del Estado supone una ruptura con mucha parte de los ciudadanos de este país. La valoración del discurso del rey por primera vez en mucho tiempo es nefasta y hay territorios enteros, como País Vasco y Catalunya, donde ese discurso no representa a la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, cosa que es una torpeza por parte del jefe del Estado que se supone que tiene un rol de concordia y de tratar de ocupar una posición simbólica que garantice el entendimiento.

En ese momento, rompe los puentes a la hora de dar una solución a Catalunya. Pero también le dice a las fuerzas que han sostenido el Régimen del 78 que tengan cuidado, que hay un gran movimiento popular que ha pedido reconstruir los consensos sociales que los que mandan han roto y que quizá es el momento de reagrupar a las fuerzas que están por un cierre de la crisis regresivo o de estabilización de lo que había antes y no de afrontar los cambios que algunos creemos que hay que hacer.

La crisis catalana está sirviendo a las élites para reagruparse y reorganizar los acuerdos entre las fuerzas que tradicionalmente han servido de puente para convertir en leyes sus intereses. Se dibuja en España un bloque monárquico que a toque de corneta de un jefe del Estado no elegido democráticamente ha decidido dar sustento a aquellas fuerzas que están intentando frenar el proceso de cambio. Y se dibuja frente a ello una España democrática que con otra actitud cree que hay que reestructurar los consensos sociales, cree que hay que blindar los derechos sociales en la Constitución, cree que no se puede imponer a una parte de los ciudadanos cuál es su encaje territorial y que hay que tener una salida democrática no solo a la crisis en Catalunya sino a todas las cosas que, aunque no ocupen titulares, siguen afectando a la vida de la gente, como que haya niños estudiando en barracones, recortes en Sanidad o personas que no reciben las ayudas a la dependencia que necesitan.

¿Esa crisis catalana les ha cogido a contrapié? En los últimos meses han variado su discurso y han intentado amoldarlo a las circunstancias. ¿Creen que les pasará más factura de lo que se vio recientemente en el barómetro del CIS?

Dudo si se puede hacer un análisis solo basado en las estimaciones electorales de cómo está viendo la ciudadanía que las diferentes fuerzas políticas nos posicionamos en la cuestión catalana. La crisis territorial es uno de los principales núcleos de la crisis de convivencia, de la crisis de consensos que vivimos desde hace años. La crisis catalana nos remite a la cuestión de la soberanía, a quién tiene derecho a decidir sobre las cosas. Y ahí hay formaciones como el PP y el PSOE a los que los bancos, que no han perdonado un euro a las familias, les condonan grandes deudas no sabemos a cambio de qué, aunque creo que las entidades financieras no acumulan los beneficios que acumulan siendo benevolentes.

Nosotros hemos sido la fuerza política con una posición más coherente a lo largo de todo este tiempo. Dijimos al principio: referéndum pactado; lo dijimos en el medio y lo seguimos diciendo. Yo recuerdo cuando defendíamos el referéndum pactado en las anteriores catalanas [en 2015] y lo que nos decían los partidos independentistas es que esa pantalla ya estaba pasada, que había que declararla de forma unilateral en 18 meses. Los mismos partidos que la han declarado sin legitimidad democrática y que hoy nos dicen que quizá no estaban tan preparados. Y recuerdo al PSOE, a su portavoz parlamentaria Margarita Robles, diciendo que nunca iban a creer que el 155 fuera la forma de resolver nada. Y dos meses después lo apoyaron con el PP.

Nosotros durante todo ese intervalo hemos mantenido la posición que, según las encuestas cuando no se pregunta por intención de voto sino cómo piensan que habría que resolver la crisis, es lo que se dice abrumadoramente en Catalunya y de forma mayoritaria en el resto de España: que el referéndum es la mejor solución.

¿Y por qué no les proyecta a ustedes en intención de voto?

Por eso digo que solo con las estimaciones electorales o incluso con los resultados electorales es muy difícil evaluar el cambio de la sociedad. Nuestro posicionamiento político no es electoralista. Trata de atajar en el origen los ejes centrales de la crisis. No solo catalana, sino la crisis territorial española. Primero, con la decisión de los ciudadanos y las ciudadanas; y segundo, con el reconocimiento de la pluralidad y la diversidad de nuestro país, que es hablar del País Vasco, de Galicia o de cómo Andalucía se ganó su reconocimiento como nacionalidad histórica con movilizaciones en la calle y, con toda la crudeza hay que decirlo, poniendo muertos encima de la mesa.

Nuestra posición no se puede leer en clave electoral. En 2011 estalló el 15M como expresión de una corriente social muy profunda, de millones de personas que pedían blindar derechos sociales, acabar con la corrupción y un país que funcione de forma más igualitaria y más justa. Después, el PP gana las elecciones generales con mayoría absoluta. Eso quiere decir que hay posicionamientos políticos y movimientos hegemónicos en la sociedad que tardan tiempo en traducirse en posiciones electorales. Ahí, nosotros hemos hecho una apuesta por plantear cuál es nuestro modelo de país, cuál creemos que es la solución que permitiría atajar la crisis catalana incluso aunque no tenga un rédito electoral inmediato.

Las elecciones del 21D deparará una configuración del Parlament sin mayorías absolutas de los independentistas ni de los autodenominados constitucionalistas. La posición de En Comú Podem puede ser fundamental para la elección del futuro Govern. ¿Cuáles serán sus condiciones? ¿Qué líneas rojas no van a traspasar?

Parece evidente que ninguna fuerza tendrá mayoría suficiente y habrá que hacer pactos. Nosotros hemos sido muy claros y no vamos a pactar con los corruptos. Ni con los corruptos del tres per cent ni con los corruptos del tres por ciento. En eso se parecen bastante los corruptos de Catalunya y los de España, en el número de la comisión que cobraban a cambio de adjudicar obra pública a empresarios, casi todos hombres, amigos. Nuestro límite nunca ha dejado de ser y sigue siendo ese.

A partir de ahí tendremos que ver las condiciones que establecen el resto. Ahora parece que hay dos grandes bloques en Catalunya. Uno que sigue defendiendo, cada vez con menos pasión, una independencia para la que es evidente que no había legitimidad democrática. Y otros que, aunque discursivamente confronten, han estado de acuerdo en que la forma de atajar el conflicto era aplicar el 155 de la forma más regresiva posible y, en concreto, de una forma que habían rechazado explícitamente las Cortes Constituyentes al rechazar una enmienda de Manuel Fraga para cesar a todo el gobierno de una comunidad.

Ambos bloques se han demostrado incapaces de ofrecer una solución en términos democráticos y de respeto a las decisiones que la gente tome. Primero tenemos que trabajar para que la resolución de la crisis catalana nos sirva para mejorar la vida de la gente. Segundo, para que permita reconocer a Catalunya como nación pero también para que se abra en España el debate de cómo convivimos los diferentes territorios del Estado. Y tercero, que nos permita tener claro que quien toma las decisiones son los ciudadanos y no unos pocos privilegiados que por la posición que ocupan en las instituciones pueden permitirse dar respuestas que no son compartidas por la población.

Este fin de semana han cerrado la presentación de candidaturas para las primarias de Madrid ciudad, muy importantes para las elecciones de 2019. ¿Es  Julio Rodríguez la persona más indicada para dirigir orgánicamente el partido en Madrid?

Esa es una decisión de los inscritos y las inscritas. Julio ha presentado una candidatura donde es importante su posición de liderazgo pero donde hay un equipo diverso formado por personas que ya están en Ahora Madrid y en el Gobierno de Manuela Carmena y personas que llevan años trabajando en los círculos sin descanso.

Mi experiencia con Julio Rodríguez es que es una persona con unos valores valiosísimos para el proyecto, con una capacidad enorme de trabajar en equipo y de ser capaz de que todo el mundo se sienta a gusto trabajando por un proyecto común. Creo además que puede ayudar de forma decisiva a revalidar la victoria de Manuela Carmena en el Ayuntamiento y para arrebatar la Comunidad al PP.

Iba a preguntar por la Comunidad, pero antes. ¿Cree usted que se va a presentar Manuela Carmena a la reelección en 2019? Lo ha dicho muy convencida.

Convencida de deseo. Me encantaría que así fuera, como a la mayoría de madrileños y madrileñas. Creo que es uno de los grandes consensos que existen ahora mismo entre las fuerzas del cambio no solo en Madrid, también en el resto de España. Manuela ha demostrado no solo que es capaz de ganar unas elecciones, sino que es capaz de gestionar en un contexto muy adverso y complejo, con una deuda enorme y una gestión corrupta que había dejado el Ayuntamiento del PP. En muy poco tiempo, en menos de media legislatura, ha sido capaz de reducir deuda, de aumentar la inversión social. Obviamente no es solo Manuela Carmena sino todo su equipo: José Manuel Calvo, Sánchez Mato, Nacho Murgui, etcétera .

En la noche del sábado cuando se anunció in extremis el acuerdo para la candidatura de Rodríguez, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Ramón Espinar y otros dirigentes, como usted ahora, hicieron referencia a la Comunidad de Madrid. Una candidatura que, aunque no lo han anunciado oficialmente, encabezará Errejón por el acuerdo que alcanzó con Iglesias tras Vistalegre 2. ¿Cierran Vistalegre 2 con este acuerdo en Madrid?

Vistalegre 2 lo cerraron los inscritos con un mandato que fue claro y contundente que se resumía en ese grito que presidió toda la asamblea que pedía "unidad". El acuerdo de Madrid viene a responder, ratificar y afirmar que nos hemos tomado en serio ese mandato de los inscritos. Es una buena noticia porque eso posibilita que la mayoría de nuestros esfuerzos no estén concentrados en unos debates internos que en Podemos no siempre hemos sabido gestionar de la mejor forma posible, sino en el objetivo político de revalidar el Ayuntamiento y de ganar la Comunidad. Los candidatos y candidatas los deciden los inscritos, aunque a veces sean muy evidentes cuáles son las propuestas que tenemos uno u otro portavoz.

¿Será entonces Íñigo Errejón el candidato de Podemos en 2019 si así lo ratifican los inscritos?

Si así lo deciden los inscritos y si Íñigo se presenta. Todavía no está abierto ese proceso. Yo he dicho muchas veces que Íñigo es un valor fundamental en Podemos, puede hacer lo que se proponga y sería un excelente candidato para ganar a Cristina Cifuentes.

Entrevista completa :

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