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INTERNACIONAL

La actitud egoísta de Dinamarca no contribuye a remediar la crisis de refugiados

Siempre me sentí orgullosa del trato que daba mi país a los inmigrantes, sin embargo el plan para confiscar los bienes de los refugiados es una muestra de que el gobierno ha ido demasiado lejos

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Un grupo de refugiados con sus pertenencias, junto a un tren. EFE

En agosto publiqué una columna en The Guardian con el título  Los refugiados deberían venir a Dinamarca, y estas son las cinco razones para hacerlo. Todos los medios de comunicación daneses reaccionaron y en menos de 24 horas fui entrevistada por todos los informativos nacionales. En el programa de información política Deadline, el presentador me formuló la siguiente pregunta: ¿No sabes que una mayoría de votantes preferiría unas políticas de asilo más estrictas?

Recibí correos electrónicos y mensajes de Facebook que me acusaban de "traición" por haber enumerado los beneficios que ofrece mi país y por haber mencionado que muchos refugiados me habían dicho que habían conocido a daneses abiertos de mente, solidarios y acogedores. Normalmente, el hecho de invitar a otros pueblos a visitar tu país y alabar sus virtudes es un acto de patriotismo. Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente y ahora Dinamarca quiere ganar el primer premio al país menos atractivo para los solicitantes de asilo.

Los países escandinavos se enfrentan a un difícil dilema. Siempre hemos estado orgullosos de nuestro respeto de los derechos humanos, la igualdad y del bienestar social. Sin embargo, si llegan demasiados extranjeros, ponemos en peligro el equilibrio de nuestro sistema de bienestar social, que se mantiene gracias a los impuestos, y nuestra cultura tribal se siente amenazada. Así que por un lado debemos respetar los convenios internacionales y dar asilo a los solicitantes sirios y eritreos, y por el otro queremos ahuyentarlos. De hecho, es lo que estamos haciendo.

Primero fueron los anuncios publicados por el gobierno danés en los periódicos libaneses, en los que informaba sobre nuestras estrictas normas de asilo. Más tarde, nuestro Ombudsman (defensor del pueblo) indicó que esos anuncios eran ilegales e inducían a error. Sin embargo, tuvieron el efecto deseado y en septiembre pudimos ver cómo miles de refugiados que se dirigían a Suecia atravesaban el país en tren, y que sostenían carteles con el lema: "Dinamarca, no".

La ley fue aprobada esta semana, con un amplio apoyo de los partidos de derechas y, sorprendentemente, con el apoyo del partido de la oposición, los socialdemócratas, a pesar de que muchos ciudadanos habían expresado su rechazo

De algún modo, conseguimos mejorar nuestra imagen solidaria con una foto conmovedora que mostraba a un policía danés jugando en una carretera con una niñita siria. Sin embargo, poco después, algunos artículos de una nueva ley de asilo consiguieron captar la atención de los medios de comunicación internacionales. Los siempre agradables oficiales de policía daneses deben registrar a los refugiados que crucen la frontera y confiscar sus bienes. Las comparaciones con los Nazis que confiscaban los bienes de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial no tardaron en llegar. El gobierno danés tardó mucho en reaccionar y aclarar que los anillos de boda no serían confiscados.

En realidad, nunca se consideró la posibilidad de incautar joyas para cubrir el coste de la llegada masiva de solicitantes de asilo. El gobierno es consciente de que la mayoría de refugiados llegan con lo puesto. E incluso si cruzaran la frontera con algo en el bolsillo probablemente no sería suficiente para financiar nuestro costoso sistema de asilo. Los solicitantes de asilo deben permanecer en campamentos alejados de las zonas urbanas y no pueden trabajar; un sistema burocrático e institucionalizado que genera frustración y pasividad. Aunque tengan los medios para hacerlo no pueden alquilar una habitación.

Nuestros políticos consideran que para la mayoría de los votantes daneses el histórico sistema de bienestar es más importante que ser solidario con el resto del mundo

La cobertura informativa sobre la posible confiscación de joyas impidió que se prestara atención a los artículos más graves de la ley. La más draconiana es la que establece un tiempo de espera de tres años para solicitar la reunificación familiar. Incluso el Instituto de Derechos Humanos, un organismo estatal, señala que es una violación del artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. 

La ley incluye otros elementos a tener en cuenta: endurecimiento de las condiciones necesarias para obtener la residencia permanente (que impedirá que la gran mayoría de los refugiados la puedan tener); una reducción del tiempo de permanencia de los refugiados en el país, que pasa de cinco a dos años; se suprime la posibilidad de que las familias con niños accedan a una vivienda fuera de los campamentos de refugiados, y se establecen nuevas condiciones para la retirada del permiso de residencia.

La ley fue aprobada esta semana, con un amplio apoyo de los partidos de derechas y, sorprendentemente, con el apoyo del partido de la oposición, los socialdemócratas, a pesar de que muchos ciudadanos habían expresado su rechazo. Nuestros políticos consideran que para la mayoría de los votantes daneses el histórico sistema de bienestar es más importante que ser solidario con el resto del mundo. Si queremos que nuestra sociedad siga protegiendo a los débiles, no podemos acoger a tantos refugiados. La pregunta que debemos formularnos es la siguiente: ¿Quién se supone que debe hacerlo si no lo hace un país rico como el nuestro?

Dinamarca ha sido pionera en temas de inmigración y es muy probable que otros países europeos sigan nuestro ejemplo. Sin embargo, en esta ocasión hemos ido demasiado lejos y nuestras relaciones diplomáticas peligran. Nuestro egoísmo no contribuye a aliviar la grave crisis de los refugiados.

Michala Bendixen es directora de Refugees Welcome Denmark y editora de refugees.dk

Traducción de Emma Reverter

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