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No en nuestro nombre, no a la guerra

"Cuando el presidente Hollande habla de entrar en guerra contra el yihadismo, parece olvidar que Francia lleva tiempo bombardeando Siria o Irak al igual que otras potencias como Gran Bretaña, Rusia o EEUU, con escasos resultados en términos de reducción de las amenazas", señalan los autores

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Al menos doce muertos por bombardeos contra el bastión del EI en Siria

Un bombardeo contra el bastión de ISIS en Siria EFE

“Francia está en guerra contra el terrorismo yihadista”. Estas fueron las primeras declaraciones de Francois Hollande después de los brutales atentados del pasado 13N en Paris. Unas palabras que recuerdan demasiado a aquel primer discurso de George W.Bush después de los atentados del 11S del 2001, en el que el presidente norteamericano afirmaba que los terroristas “aprenderán lo que otros aprendieron en el pasado: aquellos que hacen la guerra contra los Estados Unidos han escogido su propia destrucción.” Con esta amenaza se dio inicio a la guerra global contra el terrorismo que comenzó con la invasión de Afganistán y continuó con la de Irak. Catorce años de bombardeos que han tenido como resultado un mundo más inseguro y más injusto. Tal y como constata el  último barómetro de conflictos realizado por el Instituto para la Investigación de Conflictos de Heidelberg (HIIK), en 2014 se registraron unos 424 conflictos en el mundo, la cifra más elevada desde 1945.

Unas semanas antes de los atentados en Paris, el exmandatario británico Tony Blair, uno de los del trío de las Azores, pidió perdón por la guerra de Irak y el “caos” regional que generó, señalando a esta como uno de los factores que ha contribuido a la aparición y crecimiento del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). No necesitábamos a Blair para concluir que la guerra ha sido una estrategia ineficaz y contraproducente para combatir el terrorismo. Cuando el presidente Hollande habla de entrar en guerra contra el yihadismo, parece olvidar que Francia lleva tiempo bombardeando Siria o Irak al igual que otras potencias como Gran Bretaña, Rusia o EEUU, con escasos resultados en términos de reducción de las amenazas. De hecho,  los “daños colaterales” causados por las intervenciones militares de estos países siempre son los mismos: una población civil que pone los muertos y que se ve obligada a huir de sus casas. El informe anual de ACNUR Tendencias Globales muestra el fuerte aumento en el número de personas que se han visto forzadas a huir de sus hogares a finales de 2014, un total de 59,5 millones de personas, en comparación con los 37,5 millones de hace una década.

Los “daños colaterales” causados por las intervenciones militares de estos países siempre son los mismos: una población civil que pone los muertos y que se ve obligada a huir de sus casas

En estos años de guerra global contra el terrorismo y en defensa de la libertad, justamente una de las principales victimas ha sido la libertad. Solo dos semanas después del 11S se aprobó la Patriot Act, una legislación para combatir el terrorismo que ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos, por la restricción de libertades y garantías constitucionales en EEUU. De hecho, ahora estamos viendo como ha raíz de los brutales atentados de Paris, tanto en Francia como en Bélgica se ha declarado el estado de emergencia, se militariza el espacio publico, se prohíbe el derecho a manifestación, etc…recortando derechos de forma preventiva en una escalada del populismo punitivo que refuerza la agenda de la extrema derecha europea.

Ante el discurso de las bombas y los recortes de derechos, es fundamental combinar una triple negación: No al terrorismo, no al terror, no al odio. Un odio que puede expresarse a través de recortes de libertades y derechos, pero también y especialmente en formas concretas como la islamofobia o la exclusión. Así mismo esta triple negación tiene implícita una triple proposición: más democracia, más derechos, más paz. Esta combinación debe de impulsar una reformulación de un nuevo movimiento ciudadano contra la guerra que apoyándose en las ciudades en “pie de paz” construya una respuesta política que pueda enfrentar el terror terrorista y las guerras imperiales que hasta ahora no solo han mostrado su ineficacia para acabar con el yihadismo sino que en muchos casos lo han alimentado. Con esta intención ha nacido el manifiesto “no en nuestro nombre” para que la ciudadanía vuelva a tomar la palabra ante la sinrazón de la guerra y la violencia. Por eso este sábado 28 de noviembre a las 12h saldremos a las plazas para decirles a todos aquellos que nos quieren aislados, atemorizados y solos, que nos encontraran juntos.

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