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Los diarios secretos del TTIP

Si la burocracia comunitaria siempre fue de por sí enrevesada, el escandaloso secretismo del TTIP convierte el tratado Europa-EEUU en cosa esotérica.

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Cada vez que en esta época de leak-periodismo y leak-activismo aparece una nueva filtración, lo mismo los papeles de Panamá que los documentos del TTIP, me acuerdo de los diarios íntimos de Tolstoi, y los niveles de seguridad que manejaba el escritor ruso para evitar un Tolstoileaks por parte de su esposa.

En casa de Tolstoi, hasta el gato llevaba un diario íntimo, en un tiempo en que estaba de moda la escritura diarística, y por supuesto todos cotilleaban en los diarios de los demás: esposos, padres, hijos, hasta secretarios, leyéndose unos a otros clandestinamente. Con este ambiente, Tolstoi ideó un método para mantener su parcela de secreto: simultaneaba dos y hasta tres diarios a la vez: uno que dejaba a la vista, para que cualquier curioso pudiera leerlo; otro que escondía pero no demasiado, para que su mujer al encontrarlo creyese que había descubierto el diario secreto y no siguiese buscando; y un tercer diario, el de verdad secreto-secreto, que solo él conocía.

Algo así parecen los documentos de ese TTIP que Europa negocia con Estados Unidos, y cuyo nivel de ocultación apenas nos escandaliza, porque ya pocas cosas pueden escandalizarnos en esta irreconocible Europa. Los ciudadanos sospechamos que Bruselas nos la está pegando con Washington, que regatean a escondidas con nuestros derechos sociales, la seguridad alimentaria o la protección ambiental, y que incluso se montan un trío con las grandes empresas. Y nosotros, como buenos cornudos, rebuscamos en la mesilla de noche a ver si encontramos el diario íntimo y así nos enteramos hasta dónde llega el engaño.

Como pasaba con los tres diarios de Tolstoi, Bruselas tiene un primer nivel público, a la vista de cualquiera, con documentos que va soltando con cuentagotas y publicando en su web. Pero son pocos papeles, muy técnicos, y por lo visto desfasados, no reflejan el verdadero momento de la negociación.

Así que luego hay un segundo nivel, exageradamente confidencial, a la manera del diario que el marido esconde pero no demasiado, para que los eurodiputados curiosos se conformen y crean que han podido leer las páginas más íntimas: en una “ sala secreta”, a la que solo pueden acceder unos pocos, con permiso y casi desnudos, acompañados por un vigilante y sin poder contar luego nada de lo leído.

Por si todo lo anterior no fuera bastante opaco, aun sospechamos que hay un tercer diario escondido en algún doble fondo, los verdaderos documentos del TTIP, los que reflejarían los primeros acuerdos que ya se estarían produciendo. Documentos que solo han leído quienes se sientan en esas mesas clandestinas, y de los que tal vez nunca sepamos nada, o solo cuando sean hechos consumados y se aprueben.

Si la burocracia comunitaria siempre fue de por sí enrevesada para el común de los mortales, el añadido de secretismo convierte todo lo que rodea al TTIP en cosa esotérica. Imposible saber si lo filtrado por Greenpeace llega al último nivel de secreto, o aún quedaría un último diario, a la manera del que Tolstoi llevaba escondido en el forro del abrigo.

Así contado, suena divertido. Infidelidades, clandestinidad, diarios ocultos. Pero si uno lo piensa, tiene muy poca gracia que un tratado que amenaza con darle la vuelta a lo que queda de la Europa social y de derechos, se esté negociando de tapadillo. Parece mucho más que una tormenta en una taza de té.

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